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Lo quiero a mis pies

Lo quiero a mis pies

Mayra Gisel

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Capítulo

Camila le mandaba mensajes eróticos a Diego, su profesor de Literatura sin saber que él ya sabía que se trataba de ella. Dos años más tardes, luego de que se lo confesara, ambos se encuentran en el aula 7 de la institución educativa y esto revive en ellos pasiones que creían dormidas, pero a su vez, genera en él un deseo de venganza que solo lo llevara a enredarse con su alumna como nunca antes hubiera imaginado.

Capítulo 1
ONE

DOS AÑOS ANTES.

Mi segundo cuatrimestre del primer año de la carrera comenzó hace una semana y aún no me he podido acostumbrar a organizarme con los tiempos entre el trabajo y el profesorado y como era de costumbre estaba llegando tarde a la primera clase de Literatura en la Educación Primaria. Hasta donde me había anoticiado, tendríamos una nueva docente ya que la anterior había solicitado licencia por enfermedad, por lo que nadie, ni las recursantes, sabían cómo era la nueva docente.

Eran aproximadamente las seis de la tarde y faltaban veinte minutos para que dieran por iniciada la cursada y yo acá, en el 126 esperando que los manifestantes nos dejen pasar – Mierda. – mientras hablo con Daniela y lo único que puedo pedirle es que me guarde un lugar en el aula.

- ¿Dónde estás Camila? – me dice mi amiga molesta por no haber salido con tiempo y ahora me encuentro renegando en el colectivo porque hay movilizaciones y no avanza más el vehículo.

- Estoy todavía viajando, no sé qué pasó que cortaron la calle. – le digo aún más molesta.

- Pero sos tonta, eso que te dije que salgas con tiempo. Bueno, te espero. Apuráte que sino no vas a llegar tarde y no da que el primer día de clases tengas media falta. –

- Lo sé Dani, pero no es mi culpa si yo sali hace un cuarto para las cinco de la tarde. – le digo tratando de justificarme.

- ¡Camila, sabiendo que hay movilizaciones por tu zona mínimo una hora con antelación tenés que salir de tu casa, no veinte minutos antes. –

- Bueno, no me retes que ya me puse de mal humor y guárdame un asiento, aunque más no sea. –

- Dale, aun estas a tiempo de llegar bien por lo que ojalá llegues a tiempo. – me dice esperanzada.

- Dios te oiga amiga, dios te oiga. – concluyo para colgar el teléfono y seguir renegando.

. . .

Luego de estar cuarenta y cinco minutos arriba del colectivo al fin llegue y veinte minutos tarde, dentro de todo estoy a tiempo de conservar mis faltas. Ni bien ingresé a la escuela me cruzo con algunas compañeras de otra materia con las que pierdo algunos minutos más. Ya saben, dialogamos sobre cómo les fue en los finales de agosto y en las materias en las que se anotaron para cursar su segundo cuatrimestre para darme cuenta que, ya eran como las siete de la tarde. Definitivamente estaba en el horno porque un atraso de cuarenta minutos amerita a una falta completa, solo espero y le rezo a todos los santos por qué la profesora sea tolerante y me perdone, aunque sea esta primera llegada tarde.

Intentaba comunicarme con Daniela, pero era imposible. Evidentemente ha comenzado la clase y no permite el uso de celulares por lo que no me queda más que averiguar en Bedelía sobre la distribución de las aulas dado a que, como era de costumbre en cada inicio de cursada, jamás se organizaban en la disposición de los espacios. Ni bien llegué y vi a Juan lo primero que me dijo, sin permitirme explicarle mi llegada tarde, fue que ya iba a dejar constatado la falta ya que la puntualidad era uno de los compromisos y responsabilidad que tomábamos ni bien comenzábamos la carrera, luego pasó a darme la ficha de la materia.

Lo que me extraño de la ficha, fue que en el lugar donde debía decir el nombre y el mail de la docente estaba en blanco, más no las partes de la información del normal y el blog de la materia. Le comunique mi duda al Bedel y me afirmó que ubo inconvenientes con la docente que iban a mandar desde el Ministerio de Educación por lo que tuvieron que asignar a otro, el cual aun desconocían nombre ni paradero.

- ¿Entonces relativamente no llegue tarde? Por que la docente no está. – le dije con la esperanza de salvar mi falta.

- Srta. Ayala, no diga chistes tan malos y mejor apúrese que va a llegar el o la nueva docente y usted está aquí todavía perdiendo y haciéndome perder el tiempo. – me dice siempre tan simpático (nótese el sarcasmo).

- No es justo. – le digo ofendida.

- Lo que no es justo que siga aquí cuando debió haber llegado hace cuarenta minutos antes. Por favor, vaya al aula. – y justo cuando iba a decirle algo, alguien irrumpe en Bedelía y mis ojos se quedan hipnotizados observando tan bella creación de Dios.

- Disculpen, soy el profesor González y me asignaron como el nuevo docente de Literatura en la Educación Primaria. – dice sosteniendo un maletín en su mano izquierda y yo no puedo evitar derretirme ante lo fuerte que estaba.

- Buenas tarde, un gusto mi nombre es Juan Alberti y soy el Bedel a cargo del turno vespertino. Aguárdeme unos momentos que buscare la ficha docente para hacerle el legajo y bienvenido al ENS 3. – le dice mientras se para de su lugar para ir en busca de lo que le dice, pero antes de salir del sitio donde los tres nos encontrábamos me mira y me ordena tajante. – Te dije que vayas al aula Ayala. – pero qué me importaba, el ver a ese morocho que rajaba la tierra de lo bueno que estaba poco me importaba llegar a tiempo al aula, después de todo él era el profesor.

- Bienvenido. – le digo conteniendo las ganas de tirarme encima suyo y hacerle de todo.

- Muchas gracias. ¿Usted es alumna o docente? – me dice y no puedo evitar excitarme al escuchar como la formalidad suena en sus lavios.

- Soy alumna, de echo tendría que estar en su materia en estos momentos. Pero hasta donde sabía usted tendría que ser una mujer. Con todo el respeto lo digo, es que teníamos entendido que una mujer tomaría el cargo ¿qué pasó? – le digo curiosa obviando que hace minutos Juan me ordenó que fuera a clases,

- Si, a mi me llamaron a ultimo momento porque la docente que iba a tomar las horas tuvo un accidente y en el listado de emergencia yo era el siguiente, por lo que me asignaron a mí el cargo. – me explico amablemente.

- Bueno, bienvenido nuevamente y mucho gusto, mi nombre es Ayala Camila ¿el suyo? – le digo toda sonriente.

- Mucho gusto Srta. Ayala, mi nombre es Gonzales Diego. – y me estiró la mano en demostración de formalidad y respeto, la cual recibí con una amplia sonrisa en mi rostro para dejar Bedelía y subir contenta al aula.

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