El Reemplazo Perfecto

El Reemplazo Perfecto

DaniM

5.0
calificaciones
Vistas
15
Capítulo

Julian Blackwood es un hombre que no cree en el azar, solo en los resultados. Cuando su prometida, la heredera socialité Bianca Thorne, lo abandona minutos antes de una "boda del siglo" diseñada para sellar la fusión empresarial más grande del país, Julian no se desespera; simplemente cambia de pieza en el tablero. En lugar de cancelar la ceremonia y enfrentar la ruina mediática, Julian señala a la mujer que todos los presentes han ignorado durante años: Iris Thorne, la hermana menor de la novia, una mujer brillante pero relegada a las sombras por su propia familia. Bajo la amenaza de destruir el legado Thorne esa misma tarde, Julian le ofrece un trato: casarse con él en ese instante. Lo que Julian no sospecha es que Iris no acepta por miedo ni por lealtad familiar. Iris ha vivido años soportando el desprecio de unos padres que la consideran "el repuesto" y la ambición de una hermana que siempre le robó el crédito. Para ella, el apellido Blackwood no es una jaula, sino el arma que necesitaba.

Capítulo 1 La Fuga

El aroma a lirios blancos en la suite nupcial del Hotel Grand Imperial era tan intenso que resultaba asfixiante. Para cualquier otra persona, aquel perfume representaría la pureza y el inicio de una vida compartida; para Iris Thorne, era el olor de la hipocresía.

Iris se mantenía en una esquina, casi fundida con las pesadas cortinas de terciopelo, observando el caos que se desarrollaba frente a ella. Había pasado toda su vida así: siendo una espectadora en la primera fila del show de los Thorne. Sus manos, entrelazadas frente a su traje sastre gris acero, no temblaban. A diferencia de las estilistas que corrían de un lado a otro o de su madre, que estaba al borde de un colapso nervioso, Iris era una balsa de aceite en medio de un naufragio.

-¡No puede ser! ¡Esto es una pesadilla! -el grito de Eleanor Thorne desgarró el aire.

La madre de Iris sostenía una hoja de papel de hilo con una caligrafía apresurada que Iris reconoció de inmediato. Era la letra de Bianca. Elegante, caprichosa y, en esta ocasión, devastadora.

-¿Qué dice la nota, Eleanor? -la voz de Arthur Thorne, el patriarca, sonó como un trueno contenido. El hombre caminaba de un lado a otro, ajustándose los gemelos de oro con una violencia que delataba su pánico. No era el pánico de un padre que pierde a su hija; era el pánico de un empresario que ve cómo su mayor inversor se le escapa entre los dedos.

-Se ha ido con él, Arthur. Se ha ido con ese... ese instructor de equitación -sollozó Eleanor, desplomándose en una silla de estilo Luis XV-. Dice que Julian Blackwood es "un bloque de hielo sin alma" y que no puede condenarse a una vida sin pasión.

Arthur Thorne se puso lívido.

-¡Maldita sea! ¡Pasión! -golpeó la mesa de tocador, haciendo que los frascos de perfume de cristal tintinearan-. ¡Esa estúpida nos ha condenado a todos! La fusión se firma mañana después de la recepción. Si Julian no tiene a una Thorne legalmente unida a él antes de que abran los mercados el lunes, ejecutará la deuda del holding. ¡Nos quedaremos en la calle!

Iris, desde su rincón, permitió que una pequeña y gélida sonrisa curvara la comisura de sus labios. Así que Bianca finalmente había tenido el valor de huir. Irónico. Durante años, Bianca le había quitado todo a Iris: sus juguetes, la atención de sus padres, incluso los méritos de sus informes financieros que Iris redactaba en secreto para que su hermana brillara en las reuniones de la junta. Y ahora, en el momento en que más se la necesitaba para salvar el cuello de la familia, Bianca simplemente se había evaporado, dejando tras de sí un vestido de novia de cincuenta mil dólares y un incendio forestal que amenazaba con consumirlos a todos.

-Iris -la voz de su padre la sacó de sus pensamientos.

Ella levantó la mirada. Arthur la observaba como si la viera por primera vez en años. No había afecto en esos ojos, solo el brillo depredador de un hombre que ha encontrado una salida de emergencia.

-¿Dónde has estado? No digas nada. Ven aquí -ordenó Arthur.

Iris caminó con paso tranquilo hacia el centro de la habitación. Sus zapatos de tacón bajo sonaban con una cadencia metálica sobre el suelo de mármol.

-Aquí he estado siempre, padre. ¿En qué puedo ayudarte?

-Mírala, Eleanor -dijo Arthur, ignorando el tono sarcástico de su hija menor-. Tiene la misma altura. El mismo color de ojos. Con el velo puesto y el maquillaje adecuado, nadie en la iglesia se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde para dar marcha atrás.

Eleanor dejó de llorar de golpe. Se secó las lágrimas con un pañuelo de encaje y analizó a Iris con una frialdad clínica que a cualquier otra hija le habría roto el corazón. A Iris solo le confirmó lo que ya sabía: para ellos, ella no era más que un activo de reserva.

-El cabello es un desastre -dictaminó Eleanor, levantándose y rodeando a Iris como si fuera un caballo de exhibición-. Y está demasiado delgada. Pero... el velo de encaje antiguo de la abuela es opaco. Si mantenemos la iluminación baja en la catedral y ella camina con la cabeza gacha... podría funcionar.

-No -dijo Iris. Su voz fue baja, pero cortó el aire como una cuchilla.

Sus padres se congelaron.

-¿Qué has dicho? -preguntó Arthur, entrecerrando los ojos.

-He dicho que no -repitió Iris, cruzándose de brazos-. No soy un repuesto, ni una doble de cuerpo. Bianca decidió que su "pasión" valía más que vuestro imperio. Yo no tengo por qué pagar sus platos rotos.

-¡Es tu deber familiar! -rugió Arthur, acercándose a ella hasta que Iris pudo oler su locura-. Si Julian Blackwood sale de esa iglesia sin una esposa Thorne, mañana serás una indigente. ¿Es eso lo que quieres? ¿Vivir en la miseria?

Iris soltó una risa seca y carente de humor.

-Padre, he vivido en la miseria emocional desde que nací en esta casa. El dinero es lo único que me habéis dado, y si se acaba, al menos estaré libre de vosotros.

La bofetada de Arthur fue rápida, pero Iris no se movió. Su mejilla ardió, pero sus ojos permanecieron fijos en los de su padre, cargados de un odio que llevaba años madurando en la oscuridad.

-Te pondrás ese vestido aunque tenga que arrastrarte por el pasillo -siseó Arthur.

En ese momento, la pesada puerta doble del camerino se abrió de par en par. El jefe de seguridad de los Blackwood entró, seguido de una figura que hizo que el aire en la habitación pareciera descender diez grados de golpe.

Julian Blackwood.

Llevaba un esmoquin negro impecable que acentuaba su figura alta y atlética. Su rostro era una máscara de perfección aristocrática: pómulos altos, una nariz recta y unos ojos grises que parecían capaces de leer los pecados de cualquiera. No parecía un novio ansioso; parecía un verdugo que llegaba para ejecutar una sentencia.

-Se acabó el tiempo, Arthur -dijo Julian. Su voz era un barítono profundo, suave pero cargado de una amenaza implícita-. Los invitados están impacientes. El sacerdote está en el altar. Y mis informantes me dicen que hay un coche cruzando la frontera estatal con Bianca Thorne en el asiento del pasajero.

Eleanor soltó un grito ahogado y se cubrió la boca. Arthur retrocedió, su prepotencia desapareciendo ante la presencia del hombre que realmente poseía sus vidas.

Julian no miró a los padres. Su mirada, afilada como un escalpelo, se posó directamente en Iris. La recorrió de arriba abajo, deteniéndose en la marca roja que la mano de Arthur había dejado en su mejilla.

Iris no bajó la mirada. Por primera vez en su vida, sintió que alguien la veía realmente, no como la sombra de Bianca, sino como una entidad separada.

Julian caminó hacia ella. El espacio personal de Iris fue invadido por un aroma a sándalo y metal frío. Se detuvo a escasos centímetros de ella.

-Así que tú eres la otra -dijo Julian. No era una pregunta.

-Me llamo Iris -respondió ella, manteniendo la voz firme a pesar de que su corazón martilleaba contra sus costillas.

-Iris -repitió él, probando el nombre como si fuera un concepto nuevo-. Tu padre acaba de sugerir que ocupes el lugar de tu hermana. ¿Qué opinas de eso?

Iris sintió la mirada desesperada de sus padres, suplicándole en silencio que mintiera, que aceptara, que los salvara. Miró a Julian y vio en él algo que reconoció de inmediato: ambición pura y una ausencia total de sentimientos sentimentales. Él no quería a Bianca; quería la fusión.

-Opino que es un trato terrible para mí -respondió Iris-. A menos que cambien las condiciones.

Julian arqueó una ceja, visiblemente intrigado. Un destello de algo parecido a la diversión cruzó sus ojos grises, pero desapareció tan rápido como llegó.

-Eres una negociadora. Me gusta. Arthur, Eleanor, salid. Ahora.

-Pero Julian, la ceremonia... -empezó Eleanor.

-¡Fuera! -el comando de Julian fue absoluto.

Los padres de Iris salieron de la habitación como perros apaleados, cerrando la puerta tras de ellos. Iris se quedó a solas con el hombre más poderoso de la ciudad, el hombre que se suponía debía ser su cuñado en diez minutos.

Julian se acercó al tocador, tomó una toallita húmeda y se la extendió a Iris.

-Límpiate esa mejilla. No me gusta que mi propiedad parezca dañada.

-No soy tu propiedad -replicó Iris, ignorando la toallita.

-Todavía no -Julian dejó la toallita y se apoyó contra el tocador, cruzando las piernas-. Hablemos de negocios, Iris. Bianca me ha humillado públicamente. Tu familia me debe una compensación que no pueden pagar con dinero. Necesito una esposa para calmar a los accionistas y cerrar la fusión de los Thorne. Tú necesitas... bueno, por la mirada que les diste, diría que necesitas una salida de este nido de víboras y un poco de justicia.

Iris dio un paso hacia él.

-No quiero un poco de justicia, Julian. Quiero destruirlos. Quiero ver cómo les quitas hasta el último centavo y luego quiero ser yo quien sostenga la escritura de sus propiedades.

Julian la observó en silencio durante un largo momento. El caos de hace unos minutos parecía haber quedado fuera de la habitación. En ese espacio, solo quedaban dos depredadores calculando el valor del otro.

-Si te pones ese vestido y caminas hacia mí, te daré las herramientas -dijo Julian, su voz volviéndose peligrosamente suave-. Te daré mi apellido, mis abogados y mi protección. A cambio, serás la esposa perfecta ante las cámaras. Cumplirás con cada evento, cada cena y cada fotografía. Y cuando hayamos terminado con ellos, firmaremos el divorcio y serás libre y rica.

Iris miró el vestido de novia que colgaba en el maniquí. El encaje blanco parecía ahora una armadura. Se giró hacia Julian y, por primera vez, le tendió la mano.

-No quiero el divorcio al final, Julian. Quiero un porcentaje del holding Thorne una vez que lo absorbas.

Julian soltó una carcajada corta y ronca. Tomó la mano de Iris. Su agarre fue firme, posesivo y ardiente.

-Trato hecho, Sra. Blackwood. Ahora, ponte el maldito vestido. Tenemos una boda que salvar.

Iris Thorne caminó hacia el maniquí. El caos había terminado. La guerra acababa de empezar.

Seguir leyendo

Otros libros de DaniM

Ver más
El heredero invisible
Jaque al rey: El regreso

Jaque al rey: El regreso

Romance

5.0

Damián Cruz lo tenía todo: un imperio tecnológico en ascenso, un mejor amigo al que consideraba un hermano y una esposa a la que adoraba. Pero su vida perfecta era una mentira. En una sola noche, una traición doble y brutal le arrebató su empresa, su libertad y su nombre, dejándolo humillado y desterrado mientras sus traidores brindaban con su champán. Cinco años después, Damián ha muerto. En su lugar ha nacido Dante Blackwood. Dante regresa a la ciudad convertido en un magnate implacable, irreconocible tras una fachada de hielo y poder, con un solo objetivo en mente: destruir a quienes le arruinaron la vida, pieza por pieza. Su plan es perfecto y su corazón está blindado... hasta que se cruza con ella. Elena Rivas es la asistente personal del hombre que robó la vida de Damián. Leal, trabajadora e invisible para su arrogante jefe, Elena posee las claves del reino que Dante quiere derribar. Para él, ella no es más que un peón, una herramienta para infiltrarse y ejecutar su venganza final. Pero mientras Dante enreda a Elena en una red de seducción calculada y espionaje corporativo, descubre que la inocencia de ella es la única luz capaz de penetrar su oscuridad. Lo que empezó como una manipulación fría se convierte en una pasión incontrolable que amenaza con descarrilar todo su plan. Ahora, Dante se enfrenta a la decisión más difícil de su vida: ¿ejecutar la venganza por la que vendió su alma, destruyendo a Elena en el proceso, o renunciar al odio para salvar a la única mujer que le ha enseñado a amar de nuevo? La partida ha comenzado, y en el juego de la venganza, enamorarse es el movimiento más peligroso.

La reina de hielo

La reina de hielo

Romance

5.0

Victoria es la CEO de una exitosa marca de moda y cosméticos que construyó desde cero, pero su mundo se derrumba cuando descubre que su esposo, un modelo guapo pero vacío, y su mejor amiga, su abogada y confidente, la traicionan. La víspera de una fusión crucial, Victoria se entera de que ellos no solo la engañaban, sino que la grababan en momentos de estrés para desacreditarla ante la Junta Directiva. Con la imagen de una "CEO histérica" que la prensa explota, Victoria es destituida y abandona el mundo que había construido. Dos años después, Victoria regresa como una nueva mujer. Ahora conocida como "Fénix", ha reinventado su marca con una estética atrevida y exclusiva. Su entrada triunfal en la Semana de la Moda deja claro que ha dejado atrás su antigua vida, y con un solo comentario dirigido a su ex amiga, "¿Te conozco? Ah, sí, eres la que se quedó con mis sobras", muestra que su poder ya no depende de su antiguo círculo. Pero la venganza de Victoria no se centra en destruir la empresa de su ex esposo y amiga, sino en aniquilar su imagen. Con una campaña publicitaria sutil y sofisticada, expone la falsedad y la falta de calidad que gobernaban la antigua marca. Mientras tanto, se une a Gabriel, un CEO rival con el que siempre había tenido una tensa relación. Juntos, forjan una alianza peligrosa para acabar con la última parte del imperio de su pasado. A lo largo de su relación, Gabriel se convierte en la única persona capaz de ver a través de la coraza de Victoria. El respeto mutuo se transforma en una atracción explosiva, y aunque al principio su relación es puramente estratégica, los sentimientos se complican. Gabriel se convierte en su protector cuando su ex esposo intenta regresar, pidiendo su perdón y manipulación. La venganza culmina cuando Victoria compra su antigua empresa por una fracción de su valor y, en un acto de justicia personal, despide a su ex esposo y amiga en una sala de juntas de cristal, con Gabriel a su lado, sosteniéndole la silla. Pero lo inesperado ocurre cuando Gabriel, quien siempre admiró la fuerza de Victoria, la impulsa a un cambio que ni ella esperaba. En un giro sorprendente, ella decide no seguir con la guerra. La venganza pierde su poder cuando Victoria, más fuerte que nunca, entiende que lo que realmente le importa no es la caída de los demás, sino su propia reconstrucción. Así, decide alejarse de todo lo que la ató al pasado, comenzando una nueva vida, solo para descubrir que la única batalla que debe ganar es la que libra consigo misma.

Quizás también le guste

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

En la Cama de su Hermano: Mi Dulce Venganza

SoulCharger
5.0

Lucero creía vivir el sueño de una heredera protegida por su marido, Julián Real, hasta que el silencio de la mansión se convirtió en el eco de una traición despiadada. Ella pensaba que su matrimonio era un refugio para salvar el legado de su padre, sin imaginar que dormía con el hombre que planeaba su ruina. De la noche a la mañana, el velo se rasgó: descubrió que Julián no solo esperaba un hijo con su amante, la estrella Serena Filo, sino que su unión fue una maniobra calculada para saquear la empresa familiar y dejarla en la calle. Su vida perfecta se desmoronó cuando se dio cuenta de que cada beso y cada promesa habían sido parte de una estafa corporativa. La caída fue brutal; Lucero pasó de ser la respetada esposa a una paria humillada, despojada de su hogar y acusada públicamente de extorsión. Mientras sufría el dolor de una quemadura física y el abandono de Julián ante las cámaras, la sociedad le dio la espalda, convirtiéndola en el blanco de una turba que pedía su cabeza. En medio de su desesperación, una pregunta comenzó a torturarla: ¿realmente sus padres murieron en un accidente o fue un asesinato orquestado por la familia Real? La aparición de un documento con una firma comprometedora sembró la duda sobre quién era el verdadero monstruo detrás de su tragedia. ¿Fue Damián, el gélido y poderoso hermano mayor de Julián, quien autorizó la caída de su familia, o es él la única pieza que no encaja en este rompecabezas de mentiras? La confusión se mezcló con una atracción peligrosa hacia el hombre que parece ser su único aliado y, al mismo tiempo, su mayor sospecha. Bajo la identidad secreta de "Iris", la compositora fantasma que mueve los hilos de la industria, Lucero decide dejar de huir para empezar a cazar. Una firma húmeda en un papel prohibido, un pacto oscuro con el enemigo de su enemigo y una melodía cargada de venganza marcarán el inicio de su contraataque. Esta vez, Lucero no será la víctima, sino el incendio que consumirá el imperio de los Real hasta que no queden ni las cenizas.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro