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El Reemplazo Perfecto

Capítulo 4 No me des las gracias

Palabras:1546    |    Actualizado en: Hoy, a las 09:54

ían agua cristalina bajo la luz de la luna. Era el refugio ideal para los fumadores y los amantes furtivos

unos pasos de distancia, con la elegancia de un depredador que no tiene prisa porque sabe que su pr

ria infantil. A diferencia de Iris, cuya belleza era serena y cortante, Bianca siempre había sido una explos

ca. Su voz temblaba-. ¿Cómo te atreves a ponerte mi v

ue sus padres esperaban, ni el miedo que Bianca solía insp

n para sellar un negocio. Y como tú decidiste que el instructor de equitación era más importante que

y miró a Julian, que permanecía en

error, estaba asustada, pero ya estoy aquí. Podemos anular lo que sea

uz. Sus ojos grises no mostra

y sus palabras cayeron como piedras en el agua-. No eres una pieza insustituible. Eres

, herida-. ¡Se supone que íbamo

eció ambas cosas en diez minutos, además de una inteligencia que tú no has demostrado en toda

dejó que se notara. Sabía que para Julian esto seguía siendo un tabl

sombra, la que se queda en casa haciendo mis tareas, la que nadie nota en las fiestas. Mañana tod

as por un hombre que ya te olvidó, yo estaré gestionando el patrimonio que tú desperdiciaste. ¿Sabes qué es lo que más te duele, Bianca? No es que y

e había usado mil veces en su infancia. Pero esta vez, Iris fue más rápida. Le

n ese salón intentando salvar sus traseros, y no dudarán en sacrificarte a ti también si eso significa que yo los mant

su hermana como si viera a un monstruo. Y quizás lo era. Iris había pasado demasiado

alida. Si intentas entrar al salón de nuevo, haré que arresten a tu amant

ía lugar para ella en ese nuevo orden mundial. Se dio la vuelta y corrió hacia la salid

lo lejano de la música de la orquesta. Iris respiró h

ueña de su espalda, un gesto que parecía protector pero que Iris sabía que

onde su hermana se había ido-. Mis padres la han protegido de la

tros estaban muy cerca, y por un momento, la

nderán en alguna parte y la sacarán cuando necesiten palanca. Bia

Julian, dijiste que me darías las herramientas. Quiero empezar mañana. Quiero que me des el cont

algo genuino en su expresión, u

os los recién casados. Tenemos que volver a ese salón, bailar una última pi

. Iris lo tomó, pero antes de c

, una duda que llevaba quemándole desde el camerino-. Podrías ha

momento, observando los refl

l. Pero tú... tú me diste algo que no esperaba encontrar en una boda de conveniencia:

etuvo por un segundo antes de reanudarse. Iris vio a su padre observándola desde lejos, con una mezcla de te

wood, una construcción de acero y vidrio que dominaba la

jó que Iris entrara primero. Se quitó la chaqueta

os-. Mañana a las ocho de la mañana, mi chofer te llevará a la oficina centr

n, sintiendo el cansancio de mil batallas p

ias,

de la camisa, su mirada fija en ella-. Todavía no has visto el precio de s

rne, dejándolas caer al suelo como la piel vieja de una serpiente. Al meterse en la cama, sola en la inmensidad

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