Cuando el Amor Se Rompe

Cuando el Amor Se Rompe

Nova Chase

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Capítulo

El olor a desinfectante apenas ocultaba el hedor a sangre mientras abría los ojos en el hospital. "¿Mateo?", susurré, mi voz rota, buscando a mi pequeño de cinco años. La enfermera evadió mi mirada, un vacío helado se extendió por mis venas. "Lo siento mucho, señora. El niño... no sobrevivió", dijo, con una lástima que no quería. El mundo se detuvo, pero las lágrimas no llegaron, solo un frío que me calaba hasta los huesos. Horas después, Ricardo, mi esposo, entró, impoluto y frío, sin rastro de dolor. "Lo del niño ya está arreglado", escuché que le decía a alguien por teléfono. "Fue lo mejor. Siempre fue un niño enfermizo, un gasto constante. Ahora podemos empezar de nuevo, sin cargas". Cada palabra fue un clavo hundiéndose en mi pecho, revelando una verdad monstruosa: nuestro hijo era solo un inconveniente, un mueble viejo del que se habían deshecho. La traición me robó el aire, pero el odio gélido que me inundó me dio una claridad aterradora. Mi matrimonio, mi vida, todo había sido una mentira. No solo me había engañado, había borrado mi existencia y la de mi hijo para reemplazarnos con una versión "mejorada". "Arturo, soy Sofía. Necesito tu ayuda. Es un divorcio. Y es una guerra".

Introducción

El olor a desinfectante apenas ocultaba el hedor a sangre mientras abría los ojos en el hospital.

"¿Mateo?", susurré, mi voz rota, buscando a mi pequeño de cinco años.

La enfermera evadió mi mirada, un vacío helado se extendió por mis venas.

"Lo siento mucho, señora. El niño... no sobrevivió", dijo, con una lástima que no quería.

El mundo se detuvo, pero las lágrimas no llegaron, solo un frío que me calaba hasta los huesos.

Horas después, Ricardo, mi esposo, entró, impoluto y frío, sin rastro de dolor.

"Lo del niño ya está arreglado", escuché que le decía a alguien por teléfono. "Fue lo mejor. Siempre fue un niño enfermizo, un gasto constante. Ahora podemos empezar de nuevo, sin cargas".

Cada palabra fue un clavo hundiéndose en mi pecho, revelando una verdad monstruosa: nuestro hijo era solo un inconveniente, un mueble viejo del que se habían deshecho.

La traición me robó el aire, pero el odio gélido que me inundó me dio una claridad aterradora.

Mi matrimonio, mi vida, todo había sido una mentira.

No solo me había engañado, había borrado mi existencia y la de mi hijo para reemplazarnos con una versión "mejorada".

"Arturo, soy Sofía. Necesito tu ayuda. Es un divorcio. Y es una guerra".

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Mis ojos se abrieron a la oscuridad, al frío gélido de una celda de piedra, un dolor sordo y constante que se había adherido a cada hueso, a cada parte de mi ser. Había perdido la cuenta de los días, o tal vez eran años, en este infierno donde solo existía el sufrimiento. Valeria, mi mejor amiga en otra vida, entró, su rostro ahora un mapa de desprecio, sus ropas un insulto de seda y joyas. "Mira cómo has quedado, Sofía," dijo ella, su voz dulce, pero cargada de veneno, "¿todavía sueñas con que Ricardo vendrá a salvarte? Qué tonta." Me arrodillé, encadenada, observando una imagen flotante y cruel: mis padres, ancianos y frágiles, azotados en un campo de trabajos forzados. "Les dije que tus padres eran traidores," explicó Valeria con calma, como si hablara del clima, "la gente se lo creyó, y ahora pagan por tus crímenes. ¿No es justo?" El mundo se derrumbó. Un grito desgarrador escapó de mi garganta, un sonido animal de puro dolor. Ricardo, mi prometido, el hombre por el que lo sacrifiqué todo, entró, y creyó su farsa. Me arrastraron, apenas viva, mientras Ricardo me condenaba a un castigo atroz, por la mujer que me había robado mi vida, mi amor, mi futuro. Reviví la verdad: le entregué mi diseño, mi alma, para elevarlo. Él se llevó la gloria, y con Valeria a cuestas, encubrieron un asesinato, el de Miguel, mi ex novio, a quien culparon de un accidente provocado por ellos. Todo lo perdí: mi nombre, mi libertad, mi cordura. Fui su juguete, su sacrificio. Entonces, la última humillación: mi carne y mi sangre convertidas en una sopa, servida al hombre que amé, para sellar su nueva vida, mientras la mía yacía hecha pedazos. Pero el tormento renació en odio puro. Mi alma, desgarrada, se levantó en ira, una furia primordial que clamaba venganza. Luché, no por piedad, sino por la aniquilación de mis verdugos. Arrastrada a la Plaza de las Almas, encadenada, recibí el Látigo de las Mil Agonías. Cada golpe reventaba mi espíritu. Pero, con cada agonía, una parte de mí se liberaba. El amor y el odio se evaporaron. Ahora solo quiero escapar. Bebí del Agua del Olvido. Me lancé al Pozo de la Reencarnación. Renací como Lía. Libre, pensé. Pero este nuevo mundo, esta nueva vida… ¿Era una bendición o solo otra cruel broma del destino? Porque Ricardo ha regresado. Y no, no es una coincidencia. Me busca. Dice que me protegerá, que ha cambiado. Pero un escalofrío me recorre el alma cada vez que lo veo. Mi pasado me persigue, un eco de horror que se niega a morir. Ahora, ¿cómo puedo escapar de un destino que parece empeñado en atarme a mi torturador?

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