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Cuando el Amor Se Rompe

Capítulo 1 

Palabras:725    |    Actualizado en: 08/07/2025

a nariz, un olor agrio y limpio que

ital giraba sobre mí, y un dolor sordo me martillaba

lor agudo me atravesó el co

ba v

taba sola

oz rasposa, como si no l

o Mateo de cinco a

conducía, el olor a galletas de su aliento. Luego, el chirrido

habitación, su rostro una

e despertó. Tuvo un a

ndo de incorporarme. "Mat

us manos se ocuparon de ajustar

en camino, él le

l estómago, un vacío helado que c

voz temblando. "Dí

ándome con unos ojos llenos

señora. El niño.

o

lencio de la habitación, p

lor en mi cuerpo, todo se desvaneció. Solo quedó un zumb

eo. Mi

calaba hasta los huesos, una fractura interna much

en la pared, sin ver nada. El

, la puerta se abrió y

sus ojos. Su traje caro estaba impecable,

u voz plana. "¿C

ondí. N

ar y empezó a teclear. El sonido de sus pulgares co

n rato, hizo

voz baja. "No, no parece

costillas rotas y un

frío, más calculador. "Fue lo mejor, ¿sabes? Siempre fue un niño enfe

ablaba de nuestro hijo, de Mateo, como si fuera un mue

o seguir inconsciente, mientras el

a línea, y su voz se llenó de una ternura que nunca usaba conmi

eco débil de una voz

eguró Ricardo. "Ella es fuerte, se recuperará. Pero ten

licac

z que todo esto pase, seremos

e

no

enía un hijo. Y mi esposo, el padre de mi hijo muerto, est

aire. Mi matrimonio, mi vida, todo había sido una menti

uro y afilado, re

rás de mis párpados

saldría c

lágrima que yo

r la vida

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Cuando el Amor Se Rompe
Cuando el Amor Se Rompe
“El olor a desinfectante apenas ocultaba el hedor a sangre mientras abría los ojos en el hospital. "¿Mateo?", susurré, mi voz rota, buscando a mi pequeño de cinco años. La enfermera evadió mi mirada, un vacío helado se extendió por mis venas. "Lo siento mucho, señora. El niño... no sobrevivió", dijo, con una lástima que no quería. El mundo se detuvo, pero las lágrimas no llegaron, solo un frío que me calaba hasta los huesos. Horas después, Ricardo, mi esposo, entró, impoluto y frío, sin rastro de dolor. "Lo del niño ya está arreglado", escuché que le decía a alguien por teléfono. "Fue lo mejor. Siempre fue un niño enfermizo, un gasto constante. Ahora podemos empezar de nuevo, sin cargas". Cada palabra fue un clavo hundiéndose en mi pecho, revelando una verdad monstruosa: nuestro hijo era solo un inconveniente, un mueble viejo del que se habían deshecho. La traición me robó el aire, pero el odio gélido que me inundó me dio una claridad aterradora. Mi matrimonio, mi vida, todo había sido una mentira. No solo me había engañado, había borrado mi existencia y la de mi hijo para reemplazarnos con una versión "mejorada". "Arturo, soy Sofía. Necesito tu ayuda. Es un divorcio. Y es una guerra".”
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