Traición Es Tu Respuesta A Lo que Pagué

Traición Es Tu Respuesta A Lo que Pagué

Gavin

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Capítulo

La primera vez que Ricardo, mi esposo y el hombre por el que lo sacrifiqué todo, me pidió que me mirara en un espejo, no fue una invitación amable. Estaba de pie en medio de nuestro lujoso y frío departamento, ese que yo había pagado con años de esfuerzo, mientras él, exitoso cineasta, olía a perfume ajeno. Con una indiferencia que me rompió el alma, me dijo: "Mírate, Sofía. ¿De verdad crees que todavía encajas en mi mundo?". Sus palabras, más pesadas que cualquier grito, me golpearon como un puñal. Me vi: un fantasma, una sombra con ojeras, las manos curtidas por el trabajo mal pagado, la vitalidad drenada para alimentar sus sueños. Luego llegó ella, Valentina, joven actriz y su amante descarada. Ricardo me presentó como "una vieja amiga", una humillación pública que se sintió como una corriente eléctrica. Cuando, tras perder a nuestro bebé años antes, vi a Valentina anunciar dramáticamente su embarazo con su mano sobre su vientre, el mundo se paró. Fue el colmo de su traición, la navaja más afilada girando en la herida de mi alma. La idea de que él tendría un hijo con ella, mientras el nuestro se había ido, me destrozó. En ese abismo de dolor, una voz fría y mecánica resonó en mi cabeza, la voz de un sistema que había abandonado. Me ofrecía una salida, una oportunidad para escapar de este infierno. Una segunda oportunidad. Mirando su rostro de asombro, en medio del chaos de nuestro hogar, le regalé la verdad más cruel: "Felicidades, Ricardo. Espero que seas mejor padre para este hijo de lo que lo fuiste para el que perdimos" . Fue el último golpe, mi despedida. En el preciso instante en que él se abalanzaba, yo salté... no hacia la caída, sino hacia la libertad, hacia una luz blanca que me llevó de regreso a mi verdadero hogar.

Introducción

La primera vez que Ricardo, mi esposo y el hombre por el que lo sacrifiqué todo, me pidió que me mirara en un espejo, no fue una invitación amable.

Estaba de pie en medio de nuestro lujoso y frío departamento, ese que yo había pagado con años de esfuerzo, mientras él, exitoso cineasta, olía a perfume ajeno.

Con una indiferencia que me rompió el alma, me dijo: "Mírate, Sofía. ¿De verdad crees que todavía encajas en mi mundo?".

Sus palabras, más pesadas que cualquier grito, me golpearon como un puñal.

Me vi: un fantasma, una sombra con ojeras, las manos curtidas por el trabajo mal pagado, la vitalidad drenada para alimentar sus sueños.

Luego llegó ella, Valentina, joven actriz y su amante descarada. Ricardo me presentó como "una vieja amiga", una humillación pública que se sintió como una corriente eléctrica.

Cuando, tras perder a nuestro bebé años antes, vi a Valentina anunciar dramáticamente su embarazo con su mano sobre su vientre, el mundo se paró.

Fue el colmo de su traición, la navaja más afilada girando en la herida de mi alma.

La idea de que él tendría un hijo con ella, mientras el nuestro se había ido, me destrozó.

En ese abismo de dolor, una voz fría y mecánica resonó en mi cabeza, la voz de un sistema que había abandonado.

Me ofrecía una salida, una oportunidad para escapar de este infierno.

Una segunda oportunidad.

Mirando su rostro de asombro, en medio del chaos de nuestro hogar, le regalé la verdad más cruel: "Felicidades, Ricardo. Espero que seas mejor padre para este hijo de lo que lo fuiste para el que perdimos" .

Fue el último golpe, mi despedida.

En el preciso instante en que él se abalanzaba, yo salté... no hacia la caída, sino hacia la libertad, hacia una luz blanca que me llevó de regreso a mi verdadero hogar.

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