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La música vibraba en aquel evento de moda benéfico, pero mi mundo se detuvo al verlos. Mi ex prometido, Ricardo, el hombre que me abandonó brutalmente en el altar hace cinco años, entró del brazo de Sofía, mi supuesta amiga. Me humilló frente a todos, burlándose de mi trabajo, y Sofía, con una sonrisa maliciosa, derramó vino sobre mi vestido, justo como el día de mi boda. ¡No entendía por qué, después de tanto tiempo, se empeñaban en destrozarme de nuevo! Pero esta vez, soy Elena Vega, la esposa de un hombre poderoso y no les permitiría ganar.
La música vibraba en aquel evento de moda benéfico, pero mi mundo se detuvo al verlos.
Mi ex prometido, Ricardo, el hombre que me abandonó brutalmente en el altar hace cinco años, entró del brazo de Sofía, mi supuesta amiga.
Me humilló frente a todos, burlándose de mi trabajo, y Sofía, con una sonrisa maliciosa, derramó vino sobre mi vestido, justo como el día de mi boda.
¡No entendía por qué, después de tanto tiempo, se empeñaban en destrozarme de nuevo!
Pero esta vez, soy Elena Vega, la esposa de un hombre poderoso y no les permitiría ganar.
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Urban romance
El aire del aeropuerto de la Ciudad de México vibraba con una electricidad que solo yo sentía. Después de tres años esperando a Leonardo, mi prometido y renombrado chef, el hombre que me robó el corazón, la pantalla parpadeó: "Aterrizado". Pero mi alivio se hizo pedazos cuando lo escuché susurrar al teléfono: "Todo va según el plan. Le pediré que nos casemos. Una vez que sea mi esposa, el dinero de los Romero será nuestro. Esto es por nuestro futuro, por el de Leíto. Necesito asegurar este matrimonio, ¿entiendes? Esta vieja fortuna es la clave." Leíto. Un hijo. ¿Su hijo? Mi cuerpo se paralizó al ver a una mujer llamarlo: "¡Leo!", con un niño de unos dos años, una copia de él. Él tartamudeó una excusa patética: "Ella es... Fernanda Díaz. Una colega. Su situación es complicada." Ella sonrió con burla: "¿Colega? Leo, cariño, no creo que esa sea la palabra adecuada." Entonces lo entendí, él había construido una familia a mis espaldas, usándome mientras tanto para asegurar un futuro lleno de lujos. Mi ira me dio la fuerza para susurrar: "Sube al coche, Leo. Hablaremos en casa." Pero la humillación no terminó ahí. Esa noche, Fernanda se presentó en mi habitación con el niño, quien usaba mi relicario, mi símbolo de amor, que Leo juró llevar por siempre. Ella sonrió: "Leo me lo dio hace más de dos años, cuando le dije que estaba embarazada de Leíto. Dijo que era un símbolo de su compromiso con nosotros, con su nueva familia." Leo, mi prometido, el hombre que me engañó, estaba criando un hijo con su amante, ¡y yo había sido la ciega que pagaba por su doble vida! Con una furia fría, decidí que esto no quedaría así. No huiría, contraatacaría. Marqué un número, el de Ricardo Alcántara, el magnate misterioso que una vez me propuso matrimonio. "Acepto", dije. "Diles que Sofía Romero está lista para su propuesta."
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Xuanhuan
El frío del mármol me despertó de golpe, pero no era la oscuridad del ataúd que recordaba. Toqué mi vientre, plano aún, sin el dolor desgarrador que me había matado. Luego, los recuerdos me golpearon: la sonrisa falsa de mi hermana Valentina, la indiferencia helada del príncipe Alejandro, mi esposo. Recordé el veneno en mi té, llevándose no solo mi vida, sino la de mi hijo no nacido. La traición, la crueldad, todo se quemó en mi memoria como una herida abierta. Soy Sofía, y la mujer en el espejo es más joven, sin las ojeras de la desesperación, la misma que fui el día en que mi tragedia comenzó. Pero esta vez, cuando la doncella anunció mi embarazo, no sentí alegría ingenua, sino el primer clavo de mi ataúd personal. Mi hijo sería mi razón, mi arma, mi venganza. Recordé el falso encanto de Alejandro, su alegría por un heredero que le aseguraría poder, no por mí. Y recordé a Valentina, mi dulce hermana, quien no tardaría en aparecer para robarme lo poco que tenía. Pero esta vez, el juego había comenzado, y yo no sería la víctima. Yo sería la jugadora, moviendo cada pieza, tejiendo la red de la que ninguno de ellos podría escapar. Por mi hijo y por la mujer que fui, desataría el infierno en este palacio.
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Moderno
Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos. Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio. Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo. Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé. La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes. La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala. Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño. Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio. Él se paralizó, pero yo no miré atrás. Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones. Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan. No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí. Esto era una guerra, y yo no pensaba perder.
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Romance
Un golpe brutal me dejó inconsciente tras salvar a mi prometida Lina de un accidente. Cuando desperté, fingí amnesia para no preocuparla, pero la verdad que descubrí me heló la sangre. Lina, mi amor de dos años, convenció a su mejor amiga Sylvia para que se hiciera pasar por mi prometida durante mi "recuperación". Pero lo más devastador fue oír a Lina mofarse por teléfono, diciendo que yo era "demasiado intenso" y que necesitaba "un respiro" con su ex. Prometió que, cuando se cansara de "jugar" con él, regresaría, y yo, ciegamente enamorado, la perdonaría. Comprendí que todo mi amor por ella era una farsa unilateral, un trampolín para sus caprichos. El hombre que la amaba ciegamente murió con esa verdad. Así que sonreí, miré a Sylvia, y decidí que Lina aprendería una lección inolvidable: su cruel juego acababa de empezar, pero lo que ella no sabía es que yo también estaba dispuesto a jugar. Y que en el proceso, descubriría que mi verdadera musa, la inspiración que siempre busqué, nunca fue ella.
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Romance
Mateo Vargas, un apasionado bandoneonista, sacrificialmente vendió todo su patrimonio musical para financiar el carísimo tratamiento de su supuestamente moribunda novia, Isabella. Pero al llegar al hospital, su mundo se desplomó: Isabella, riendo con sus amigas, revelaba que su "enfermedad" era una farsa, parte de un cruel "desafío" para torturarlo por haber ganado un premio de tango sobre su ex-amante. La humillación era insoportable. Él, su corazón destrozado, fue públicamente incriminado en una redada falsa. Días después, fue engañado cruelmente para ir a una mansión abandonada donde Isabella y su cómplice planeaban quemarlo vivo. ¿Cómo podía el amor de su vida ser tan perverso? El dolor físico era ínfimo comparado con la traición que le desgarraba el alma. La ira, el asco y la incredulidad se mezclaban con la devastación de su inocente amor. Pero Mateo no pereció. Fingió su muerte y huyó a España, renaciendo como "El Fantasma del Arrabal", un misterioso músico. Años después, de vuelta en Buenos Aires, un accidente fortuito lo reunió con Isabella. Con una obsesión enfermiza, ella lo "rescató" y lo encerró en su opulenta prisión, forzándolo a una boda pública. Allí, en la cima de su venganza, Mateo, el maestro del tango, se preparó para orquestar la caída final de Isabella.
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-¡¡¡Los cachorros son míos!!! ¡Y tú aún eres mi compañera! -Eso es imposible porque ambos firmamos los papeles del divorcio que me arrojaste en la cara y yo te rechacé. -Nunca acepté tu rechazo. ¡Me perteneces! -¿La misma compañera y Luna que solo era tu juguete sexual, la que se estaba siendo consumida por llamas, mientras estaba celebrando un gran banquete con tu amante, a la que enviaste asesinos porque querías deshacerte de ella solo para poder disfrutar de tu vida con otra mujer? -Por favor, dame una oportunidad. Eres mía, Agnes. Desde el momento en que me acerqué a ti, fuiste mía... -No soy tuya -dijo juntando el coraje para hablar. -No me detendré ante nada hasta recuperarte.
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Rechazada por su pareja, de la que había estado enamorada durante mucho tiempo, Jasmine se sintió completamente humillada. En busca de consuelo, se dirigió a una fiesta para ahogar sus penas. Pero las cosas empeoraron cuando sus amigos le propusieron un cruel reto: besar a un desconocido o pedir perdón a su pareja. Sin otra opción, Jasmine se acercó a un desconocido y lo besó, pensando que eso sería el final. Sin embargo, inesperadamente, el desconocido le rodeó la cintura con los brazos y le susurró al oído: "¡Eres mía!". Gruñó, y sus palabras le provocaron escalofríos. Entonces, le ofreció una solución que lo cambiaría todo...
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Sofía está dispuesta a todo por proteger a su amiga Catalina, incluso si eso significa enfrentarse a Harry Meyer, el hombre equivocado... literalmente. En su prisa por impedir una boda que considera un error, termina ante Naven Fort, un poderoso y reservado empresario con un pasado tan misterioso como su mirada. Pero con Naven nadie se equivoca sin consecuencias. Él le ofrece a Sofía una solución inesperada: ayudará a separar a Catalina de Harry, a cambio de que ella se case con él. Veinticuatro horas. Ese es el plazo que Sofía tiene para decidir si firmará un matrimonio por contrato con un completo desconocido. Lo que empieza como un trato frío pronto se transforma en una convivencia cargada de tensión, química y secretos. Todo se complica con la llegada de la exnovia de Naven, una mujer decidida a recuperar lo que cree suyo. Entre verdades ocultas y malentendidos, Sofía empieza a preguntarse si su bondad la está condenando... o si, en medio del caos, podría encontrar el amor real.
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La relación entre Sophie y Gavin progresó desde su primer encuentro hasta intercambiar votos en menos de medio día. Sin embargo, después de su boda, Sophie se encontró con una revelación impactante sobre su esposo. La cuñada de Sophie una vez solicitó una gran suma de dinero, que Gavin le proporcionó sin dudarlo. Una mañana, mencionó que quería un auto nuevo. Para la tarde, había ganado una lotería que le otorgó el mismo carro que había deseado. Además, después de soportar el acoso de un jefe en el trabajo, al día siguiente se enteró de que este había sido despedido inesperadamente. ¿Era posible que Sophie se hubiera casado con un hombre que era un amuleto de buena suerte? La verdadera magnitud de su situación se le reveló solo cuando encontró una fotografía de ella etiquetada como "Sra. Hewitt" en las redes sociales. Fue en ese momento que se dio cuenta de que se había casado con uno de los hombres más ricos del planeta.
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Mi familia era pobre y tenía que trabajar medio tiempo todos los días solo para pagar las cuentas y estudiar en la universidad. Fue entonces cuando la conocí, la chica bonita de mi clase con la que todos los chicos soñaban salir. Era muy consciente de que ella era demasiado buena para mí. De todos modos, reuniendo todo mi coraje, le dije que me había enamorado de ella. Para mi sorpresa, accedió a ser mi novia. Me dijo, con la sonrisa más bonita que he visto en mi vida, que quería que el primer regalo que le diera fuera el último iPhone de gama alta. Un mes después, mi arduo trabajo finalmente valió la pena. Pude comprar lo que ella quisiera. Sin embargo, la pillé en el vestuario besando al capitán del equipo de baloncesto. Incluso se burló despiadadamente de mis defectos. Para colmo, el tipo con el que me engañó me dio un puñetazo en la cara. La desesperación se apoderó de mí, pero no pude hacer nada más que tirarme en el suelo y dejar que pisotearan mi orgullo. Cuando nadie lo esperaba, mi padre me llamó de repente y mi vida cambió. Resulta que soy el hijo de un multimillonario.
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Livia Shelby, de 19 años, es obligada a casarse con Damian Alexander, un director ejecutivo implacable de corazón frío. El odio hierve bajo la superficie y, a veces, difumina la línea entre el resentimiento y el deseo. Pero ¿qué sucede cuando el amor que nace entre ellos está atado a un contrato... y prohibido de ser confesado?


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