La Hija Adoptiva Encuentra a Su Familia

La Hija Adoptiva Encuentra a Su Familia

Keely Alexis

5.0
calificaciones
157
Vistas
11
Capítulo

Mi vida terminó en ese escenario, humillada, con los aplausos que me pertenecían robados por mi "hermana" Catalina. Todo fue por el maldito "sistema de intercambio de pasos de baile", un chip implantado por mis padres adoptivos, los Méndez, que me convirtió en una herramienta para el brillo de su hija biológica. Esta vez, el telón se levantaría para una obra diferente, una donde yo escribiría el final. Renací, y el dolor sería para ellos. Hoy, en la audición final para la beca de la prestigiosa Academia de Danza "Alma Gitana", miré a mi familia adoptiva: a mi padre Ricardo, con su expresión calculadora; a Elena, mi madre, con su sonrisa forzada y ojos fríos; y a Catalina, con una mezcla de envidia y suficiencia. Antes de que la música iniciara, mi voz resonó clara y firme: "Mi éxito es inevitable." La confusión del maestro Antonio, la ira de Ricardo y la burla de Catalina fueron la confirmación. Cuando la guitarra flamenca sonó, mis movimientos fueron torpes, descoordinados, una parodia deliberada de la bailarina que era. Cada error, cada paso en falso, se transfería a Catalina a través del chip. Mientras ella recibía mi fracaso calculado, yo obtenía su mediocre ejecución. Días antes, Miguel Reyes, mi hermano biológico, me había encontrado y revelado la verdad: soy una Reyes, de una estirpe legendaria de bailaores de flamenco. Firmé un pacto de guerra con él. En el coche de vuelta, Catalina se burlaba, leyendo comentarios de mi desastrosa audición. Ricardo gruñía que no afectara la reputación familiar. Catalina entonces soltó: "Con los pasos que he estado 'aprendiendo' de Sofía, esa beca es mía." Ahí estaba la confesión del robo. Recordé el día que me implantaron el chip a los diez años, y las palabras gélidas de Elena: "Tu único propósito es ayudar a Catalina. Si ella brilla, nosotros brillamos. Si intentas opacarla, te haremos la vida imposible." Ahora, Catalina me advertía que Alejandro, el hijo de los socios de Ricardo, estaba fuera de mi alcance. "No te preocupes por la suerte, Catalina," le dije al día siguiente, mientras ella me arruinaba el vestido y se jactaba de mi tobillera robada. "Hoy no la vas a necesitar." Mi respuesta la desconcertó. En la academia, Catalina y sus amigas me rodearon, llamándome "fracasada". Sentí la rabia de años de humillación, convertida en un filo helado. Ya no quería su aprobación, solo justicia. Cuando Ricardo me abofeteó públicamente, gritando que a partir de ese momento yo estaba "desheredada y repudiada", no había dolor, solo liberación. El teatro estaba listo. El maestro Antonio anunció los resultados. Comenzó con Catalina: "Cero puntos." Y después, "Para la señorita Sofía...". Me entregaron mi carta de aceptación. Catalina, incrédula, rasgó mi carta de aceptación. Ricardo amenazó con destruir la academia. En ese instante, una voz poderosa resonó: "¡Suéltala!" Eran mi madre, Alma Reyes, la Reina del Flamenco, y mi hermano Miguel. Mi madre me acarició la mejilla, donde la bofetada dolía. "Se acabó, mi niña," susurró. "Mamá está aquí." Catalina llamó a Miguel "naco", sin saber que era el magnate con quien Ricardo y los Walker buscaban un trato multimillonario. Mi madre abofeteó a Elena por torturarme 17 años y señaló la tobillera robada, prueba de su bajeza. Ricardo y Alejandro, el orgullo desecho, se arrodillaron ante Miguel, suplicando perdón. Pero yo exigí justicia legal: "Robo, abuso, la implantación de un dispositivo ilegal... que la ley se encargue." Miguel presentó al técnico que instaló el chip y las grabaciones. Ricardo y Elena se acusaron entre ellos, revelando que Catalina no era hija de Ricardo. Los Méndez y los Walker lo perdieron todo. La función había terminado.

Introducción

Mi vida terminó en ese escenario, humillada, con los aplausos que me pertenecían robados por mi "hermana" Catalina.

Todo fue por el maldito "sistema de intercambio de pasos de baile", un chip implantado por mis padres adoptivos, los Méndez, que me convirtió en una herramienta para el brillo de su hija biológica.

Esta vez, el telón se levantaría para una obra diferente, una donde yo escribiría el final.

Renací, y el dolor sería para ellos.

Hoy, en la audición final para la beca de la prestigiosa Academia de Danza "Alma Gitana", miré a mi familia adoptiva: a mi padre Ricardo, con su expresión calculadora; a Elena, mi madre, con su sonrisa forzada y ojos fríos; y a Catalina, con una mezcla de envidia y suficiencia.

Antes de que la música iniciara, mi voz resonó clara y firme: "Mi éxito es inevitable."

La confusión del maestro Antonio, la ira de Ricardo y la burla de Catalina fueron la confirmación.

Cuando la guitarra flamenca sonó, mis movimientos fueron torpes, descoordinados, una parodia deliberada de la bailarina que era.

Cada error, cada paso en falso, se transfería a Catalina a través del chip.

Mientras ella recibía mi fracaso calculado, yo obtenía su mediocre ejecución.

Días antes, Miguel Reyes, mi hermano biológico, me había encontrado y revelado la verdad: soy una Reyes, de una estirpe legendaria de bailaores de flamenco.

Firmé un pacto de guerra con él.

En el coche de vuelta, Catalina se burlaba, leyendo comentarios de mi desastrosa audición.

Ricardo gruñía que no afectara la reputación familiar.

Catalina entonces soltó: "Con los pasos que he estado 'aprendiendo' de Sofía, esa beca es mía."

Ahí estaba la confesión del robo.

Recordé el día que me implantaron el chip a los diez años, y las palabras gélidas de Elena: "Tu único propósito es ayudar a Catalina. Si ella brilla, nosotros brillamos. Si intentas opacarla, te haremos la vida imposible."

Ahora, Catalina me advertía que Alejandro, el hijo de los socios de Ricardo, estaba fuera de mi alcance.

"No te preocupes por la suerte, Catalina," le dije al día siguiente, mientras ella me arruinaba el vestido y se jactaba de mi tobillera robada. "Hoy no la vas a necesitar."

Mi respuesta la desconcertó.

En la academia, Catalina y sus amigas me rodearon, llamándome "fracasada".

Sentí la rabia de años de humillación, convertida en un filo helado.

Ya no quería su aprobación, solo justicia.

Cuando Ricardo me abofeteó públicamente, gritando que a partir de ese momento yo estaba "desheredada y repudiada", no había dolor, solo liberación.

El teatro estaba listo.

El maestro Antonio anunció los resultados.

Comenzó con Catalina: "Cero puntos."

Y después, "Para la señorita Sofía...".

Me entregaron mi carta de aceptación.

Catalina, incrédula, rasgó mi carta de aceptación.

Ricardo amenazó con destruir la academia.

En ese instante, una voz poderosa resonó: "¡Suéltala!"

Eran mi madre, Alma Reyes, la Reina del Flamenco, y mi hermano Miguel.

Mi madre me acarició la mejilla, donde la bofetada dolía.

"Se acabó, mi niña," susurró. "Mamá está aquí."

Catalina llamó a Miguel "naco", sin saber que era el magnate con quien Ricardo y los Walker buscaban un trato multimillonario.

Mi madre abofeteó a Elena por torturarme 17 años y señaló la tobillera robada, prueba de su bajeza.

Ricardo y Alejandro, el orgullo desecho, se arrodillaron ante Miguel, suplicando perdón.

Pero yo exigí justicia legal: "Robo, abuso, la implantación de un dispositivo ilegal... que la ley se encargue."

Miguel presentó al técnico que instaló el chip y las grabaciones.

Ricardo y Elena se acusaron entre ellos, revelando que Catalina no era hija de Ricardo.

Los Méndez y los Walker lo perdieron todo.

La función había terminado.

Seguir leyendo

Otros libros de Keely Alexis

Ver más

Quizás también le guste

Siempre Tuya

Siempre Tuya

Jaycelle Anne Rodriguez.
4.9

Un matrimonio perfecto no es solo para 'parejas ideales', sino para parejas que aprenden a apreciar las diferencias de los demás. Seis personas con personalidades diferentes. Tres parejas obligadas a permanecer juntas... Averigüemos sus historias ¿Se enamorarán de ellos para siempre? ¿O terminarán divorciándose? ~~~~~~°~~~~~~~°~~~~~~~°~~~~~~~ Frío, grosero, arrogante y narcisista. Así describe Sophia Yzabelle al hombre con el que se casó, Daniel Kelley. Debido a su pasado y su búsqueda de justicia, ella aceptó casarse con él a pesar de la personalidad grosera de ese hombre. Se odian desde el principio, pero no tuvieron más remedio que casarse, ya que ambos necesitan el trato para su propio beneficio. La pregunta es, ¿cuánto tiempo podrían ocultar su amor mutuo que crece cada día? ¿Terminarán confesando sus sentimientos o seguirán siendo tercos? * * * Si bien tiene todo lo que necesita en la vida, eso no impide que Madielyn Davis complete su lista de sueños. Por lo tanto, solicitó un puesto de asistente personal del CEO. Poco sabía ella que su rudo pero apuesto jefe, Gabriel Wilsons, llegaría a un trato que cambiará su vida: quería que se convertara en su esposa durante un año. Uh ... casarse con alguien que no siente nada por ti es bastante difícil, pero ¿qué tal si te casas con alguien por un trato, que por cierto tiene como objetivo que tu futuro esposo pueda recuperar a su esposa? Es más doloroso. Sí, es cierto, pero aun así accedió a casarse con él porque creía que aún podía cambiar de opinión. Pero sucedió algo inesperado y ella terminó enamorándose de él. ¿Gabriel podrá apreciar el amor de Madi o preferirá primero a la persona que ama? * * * Cuando cumplió 18 años, una joven de espíritu libre, Arrianna Angela, firmó el contrato que más lamenta en su vida, que exigía que se casara con el mejor amigo y primer amor de su hermano, Alexander Jonathan Smith, quien era rico, guapo pero uno de los mujeriegos de la ciudad. Pero lo que no sabían era que ella se encontraba profundamente enamorada de él a pesar de que él la dejó sola en su matrimonio durante cuatro años. Y ahora que ha vuelto, ¿puede todavía creerle al hombre que la hizo sentir inútil durante mucho tiempo? ¿Aceptaría el amor tardío de su supuesto marido a pesar de todo lo que pasó?

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro