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Un Malentendido Hace 3 Años

Un Malentendido Hace 3 Años

El mensaje de voz equivocó su destino, y mi cuerpo se paralizó de pánico. Se lo envié a Javier, el hermano de Sofía, el hombre al que había estado evitando durante tres años. Su respuesta fue una llamada que no me atreví a contestar. Recibí un mensaje suyo: "Valentina, conozco tu historial. No juegues conmigo. O vienes a mi clínica ahora mismo, o iré a tu casa y te sacaré de allí delante de tus padres." La vergüenza me quemó el rostro, reviviendo el escandalo de hace tres años. Hui a Buenos Aires por él, para no recordar la humillación de la que creí que me odiaba. En la clínica, Javier me trató con una frialdad profesional que escondía un resentimiento que yo no entendía. Me sentí semidesnuda bajo su escrutinio, culpada de una herida que él creía más profunda que un simple dolor de espalda. En la fiesta familiar de bienvenida, mi madre me humilló frente a Javier, revelando mi supuesta "obsesión" y el "escándalo" que nos llevó a todos a la vergüenza. Me quedé helada. Javier había escuchado todo, y su rostro, una máscara de piedra, me hizo creer que mi desgracia era un hecho consumado. ¿Cómo pude perder tres años de mi vida en el exilio, creyendo que el hombre que amaba me despreciaba por completo? La verdad sobre su "odio" y su "rechazo" se había revelado; ahora era el momento de dejar de huir.
Tres veces morí, sus llamadas sin contestar

Tres veces morí, sus llamadas sin contestar

Regresé a San Miguel de Allende después de cuatro años, felizmente comprometida y con la esperanza de invitar a mi tutor, Marcos, a mi boda. Pero me encontré con una pesadilla: Marcos estaba comprometido con Sofía Dávila, la chica que me había hecho la vida imposible en la preparatoria. Él descartó la noticia de mi boda como una “mentira”, favoreciendo ciegamente a Sofía mientras ella me atormentaba sistemáticamente. Permitió que me culpara de cosas que no hice, me forzó a disculparme y dejó que me robara mi obra de arte más preciada. Cuando lo denuncié, él detuvo la investigación policial, acusándome de “causar problemas” y encerrándome. Su cruel desprecio y su favoritismo ciego fueron una traición profunda. Abrumada por la injusticia, decidí cortar todos los lazos. Le devolví cada centavo que había gastado en mí, dejándole una nota: “La deuda está saldada. Me voy”. Mientras volaba a Florencia, el engaño de Marcos se desmoronó. Corrió a través de continentes, frenético por detener mi boda en la Toscana. Irrumpió en la ceremonia, desesperado y llorando, solo para encontrarme radiante. Con calma, le revelé las tres veces que casi morí, sola y abandonada, después de que él me echara de su vida. Cada vez, mis llamadas quedaron sin respuesta. Mi felicidad inquebrantable con David y la fría verdad de su negligencia lo destrozaron por completo.
Lo Adoraba, Azotada por Él

Lo Adoraba, Azotada por Él

Yo era solo una estudiante de historia del arte de veinte años en el Tec de Monterrey, haciendo prácticas en la constructora de mi papá. Pero en secreto, mi mundo giraba en torno a Alejandro de la Vega, el socio brillante y guapísimo de mi padre. Mi amor por él era puro, absorbente, completamente ingenuo. Él siempre había sido tan amable, un verdadero caballero. En una gala de beneficencia, vi cómo Isabel Rivas, la socia de Alejandro, le ofrecía copas sutilmente. Cuando intenté ayudarlo a llegar a su suite, Isabel nos "encontró". Su jadeo perfectamente sincronizado y el flash discreto de su teléfono sellaron mi destino. A la mañana siguiente, los titulares gritaban: "Sofía Garza, becaria del Tec, captada en situación comprometedora con Alejandro de la Vega". Fotos borrosas y condenatorias las acompañaban. Siguió la llamada helada de Alejandro: "¡Isabel te encontró aprovechándote de mí! ¡Mi reputación está por los suelos por tu berrinche infantil!". Le creyó a ella. Completamente. Los susurros y las miradas hostiles en la oficina de mi padre se volvieron insoportables. El hombre amable que yo había adorado ahora me miraba con absoluto asco. Mis sueños se hicieron añicos. ¿Cómo podía ser tan ciego? ¿Tan cruel? Este no era el Alejandro que yo conocía. Se sentía brutalmente injusto. Esa semana, la chica ingenua que lo idolatraba murió. En su lugar, amaneció una conciencia más fría: el mundo no era amable, la gente no era lo que parecía. Él pensaba que yo estaba jugando, pero yo ya había terminado. Este fue mi punto de inflexión.
No Hay Vuelta Atrás

No Hay Vuelta Atrás

El día que Isabela y yo íbamos a firmar nuestra unión de hecho, ella me canceló por una supuesta emergencia, con una voz apresurada y esquiva. Con los sencillos anillos de nuestra unión en la mesa, sentí un vacío, pero el negocio era su mundo y traté de justificarla. Sin embargo, la curiosidad me llevó a abrir un misterioso sobre dirigido a ella, y lo que encontré me destrozó: ¡un acta de matrimonio entre Isabela Valbuena y su asistente, Adrián Soto, con la fecha de hoy! De repente, todo encajó: sus llamadas nocturnas, las "reuniones de trabajo" hasta tarde y la forma en que él la miraba se revelaron como la más vil traición. Cuando la confronté, ella balbuceó mentiras patéticas sobre una "enfermedad terminal" de Adrián y un matrimonio por "compasión", intentando manipular mi empatía. El asco me subió por la garganta, y al rechazar su farsa, su máscara cayó, revelando su verdadera furia y control, amenazando con destruirme. Aun así, decidí irme, pero ella me persiguió hasta mi pueblo, arrastrándome a la fuerza para que presentara mi mezcal "El Alma de Oaxaca" en la Gran Cata, un evento crucial para su empresa. Frente a cientos de personas, incluido el consorcio europeo que cerraría un trato millonario, Isabela me humilló una vez más, anunciando públicamente nuestro compromiso falso para salvar su negocio. Pero ya no era el Mateo ciego y enamorado; tomé el micrófono, revelé su matrimonio secreto con Adrián y cancelé mi derecho sobre "El Alma de Oaxaca" ante todos, haciendo que el acuerdo de Gourmet Mondial se desmoronara. "Sin mí, no eres nadie. ¡Te arrepentirás!", siseó Isabela, pero el sabor de la libertad y la dignidad era mucho más dulce que cualquier promesa suya. Su desesperación por recuperar lo perdido era palpable, ofreciéndome de nuevo el mundo que me había arrebatado, pero ya era tarde: mi camino se bifurcaba hacia una nueva vida, libre de sus mentiras, dejando atrás todo lo que un día creí que era mi futuro.
Cuando el Amor Se Quiebra

Cuando el Amor Se Quiebra

El aroma a pan recién horneado siempre había sido mi refugio, un recordatorio de la vida simple que amaba, incluso mientras la fortuna de mi esposa, Sofía, crecía exponencialmente. Éramos Ricardo, el panadero humilde, y Sofía, la magnate de la moda; un contraste que, según ella, nos hacía fuertes. Pero esa fortaleza se desmoronó cuando un reloj de lujo, un regalo para su joven asistente Luis, se convirtió en el símbolo de una traición pública. Lo vi en la panadería, entregándole el costoso reloj con una familiaridad hiriente, como si celebraran un secreto que no me incluía. Intenté hablarlo esa noche, pero Sofía, con una frialdad que me destrozó, desestimó mis sentimientos, acusándome de celos infantiles. Años de lealtad, de construir su imperio hombro con hombro, se desvanecían bajo la sombra de un descarado favoritismo. El desprecio se hizo público en la fiesta anual de la empresa. Luis, exhibiendo un nuevo y más caro reloj aún, se jactaba de la "generosidad" de Sofía, mientras ella nos observaba y giraba la cara. Escuché los murmullos, las miradas de lástima de los demás, confirmando que mi humillación era el espectáculo de la noche. ¿Cómo podía la mujer que me prometió un "nosotros contra el mundo" pisotear nuestra promesa con tanta indiferencia? ¿Era ciego o el único que no veía que este hombre ponía en peligro todo lo que habíamos construido? La ira y la decepción se fusionaron en una decisión fría: Sofía no solo había roto una promesa; había declarado la guerra. Y yo, el Vargas que nadie conocía, estaba a punto de recordarle al mundo lo que significa el verdadero poder.
El Amor Descartado, La Felicidad Encontrada

El Amor Descartado, La Felicidad Encontrada

Estaba de pie junto a las puertas de cristal del patio, sosteniendo una bandeja con toallas limpias. Esta noche celebrábamos la recuperación total de Mateo Barrera, el niño prodigio del mundo tecnológico, de nuevo en pie después de tres años de mi dedicada terapia física. Pero entonces, apareció su exnovia, Carla Macías. Cuando una salpicadura de la alberca mojó su vestido, Mateo me empujó a un lado para protegerla, lanzándome de cabeza contra el borde de concreto de la alberca. Desperté en el hospital con una conmoción cerebral, solo para ver a Mateo consolando a Carla, que fingía llorar. Él no me defendió cuando ella afirmó que éramos "solo amigos". Luego, su madre, Estela Cantú, me envió un mensaje con un cheque por cincuenta millones de pesos, diciéndome que yo no encajaba en su mundo. De vuelta en su penthouse, Carla me acusó de envenenar a Mateo con una sopa y de romper la preciada caja de madera de su padre. Él le creyó, obligándome a beber la sopa y dejándome colapsar en el suelo de la cocina. Terminé en el hospital de nuevo, sola. No entendía por qué creería sus mentiras, por qué me lastimaría después de todo lo que había hecho. ¿Por qué fui solo una solución temporal, tan fácil de desechar? El día de su cumpleaños, le dejé un mensaje: "Feliz cumpleaños, Mateo. Me voy. No me busques. Adiós". Apagué mi celular, lo tiré a un bote de basura y caminé hacia una nueva vida.
El Precio de Su Farsa

El Precio de Su Farsa

Mi cocina era mi santuario, mi escape del mundo, mi conexión con ella. José Luis, el chef aclamado, lo sacrificó todo por el amor de Sofía, construyendo un imperio para ella mientras aceptaba la dolorosa "verdad" de su infertilidad. Una visita de emergencia al hospital reveló una mentira devastadora: Sofía no solo estaba embarazada de ocho semanas, sino que no parecía sorprendida en absoluto. Sentí un nudo de confusión y un miedo terrible, un presentimiento oscuro. La laptop de Sofía, abierta, me mostró la verdad: una vida secreta con otro hombre, Rodrigo, y dos hijos que me había hecho creer que eran "sobrinos" postizos. Cientos de fotos: Sofía en la playa, en cenas románticas, besándose con Rodrigo, celebrando cumpleaños y Navidades con "Nuestra Familia" . El golpe fue brutal: su tercer hijo estaba en camino, y mi amor, mi sacrificio, mi vida de diez años, todo había sido una elaborada y cruel mentira. Me derrumbé, dándome cuenta de que había sido el tonto que financió su doble vida. La mujer que amaba era una extraña, una manipuladora desalmada que creía que su traición era una "necesidad estratégica". "Rodrigo no es mi amante, José Luis. Es una necesidad estratégica." Y, en el colmo de la crueldad, me echó, proclamando que todo estaba a su nombre, dejándome sin nada. "¿Tu casa? Revisa las escrituras. La casa está a mi nombre. El negocio está a mi nombre. Todo está a mi nombre. Tú no tienes nada." Con la dignidad como única posesión, me fui, dejándola con su victoria vacía. Pero entonces, en el umbral de lo que fue mi hogar, vi la escena que lo cambió todo: Rodrigo en mi bata, mis tazas, mis hijos corriendo, la familia secreta instalada. "¡Esta es mi casa ahora! ¡Mi papi dice que tú eres un perdedor!" La humillación total, la confirmación de que me habían despojado de todo, me dejó sin aliento, pero algo dentro de mí se encendió. Decidí que era hora de recuperar mi vida y mi restaurante "Fénix" se levantaría de las cenizas.
La Prometida Humillada: Renace Poderosa

La Prometida Humillada: Renace Poderosa

La noche de mi compromiso era un sueño hecho realidad. Ahí estaba yo, Sofía Morales, la perfecta prometida, radiante bajo los candelabros, lista para unir dos de las familias más poderosas de México con Ricardo Vargas. Pero justo cuando Ricardo subió a la tarima, su sonrisa vaciló, su voz tembló, y mi futuro brillante se hizo pedazos. "No puedo casarme con Sofía Morales" , anunció, con su mirada extraña y culpable. El salón, antes lleno de risas, enmudeció. Todas las miradas se clavaron en mí, esperando ver mi derrumbe. Pero Ricardo no había terminado su humillación. "Porque mi corazón, mi verdadera alma gemela, pertenece a otra persona" . Y de las sombras emergió Camila Flores, la hija de nuestra ama de llaves, con un vestido prestado y la mirada en el suelo. Mi prometido, el heredero de los Vargas, tomó de la mano a aquella Cenicienta de la nada, y la presentó como su "amor verdadero" , como su futuro. Fui humillada, rechazada y reemplazada frente a toda la élite social de la Ciudad de México. De repente, era el hazmerreír de todos, la mercancía dañada. Ricardo ofrecía migajas, caridad. Creyó que esta farsa me destruiría. Pero lo que él no sabía es que esa humillación no me había destruido; me había liberado. Conocía sus secretos más oscuros, la "contabilidad creativa" de su familia, la verdad detrás del imperio Vargas. Y una Sofía Morales liberada, créanme, es mucho más peligrosa que una prometida dócil. Este juego no lo terminaría Ricardo; lo terminaría yo.
El corazón de una madre, una cruel mentira

El corazón de una madre, una cruel mentira

Fui al banco para abrir un fondo de inversión sorpresa para el sexto cumpleaños de mis gemelos. Durante seis años, había sido la amada esposa del magnate tecnológico Gael de la Vega, y creía que mi vida era un sueño perfecto. Pero mi solicitud fue rechazada. El gerente me informó que, según las actas de nacimiento oficiales, yo no era su madre legal. Su madre era Iliana Montenegro, el primer amor de mi esposo. Corrí a su oficina, solo para escuchar la devastadora verdad detrás de su puerta. Todo mi matrimonio era una farsa. Fui elegida porque me parecía a Iliana, contratada como madre sustituta para gestar a sus hijos biológicos. Durante seis años, no había sido más que una niñera gratuita y un “cómodo reemplazo” hasta que ella decidiera regresar. Esa noche, mis hijos vieron mi estado desconsolado y sus rostros se crisparon con asco. —Te ves horrible —se burló mi hija, antes de darme un empujón. Rodé por las escaleras, mi cabeza se estrelló contra el poste. Mientras yacía allí, sangrando, ellos simplemente se rieron a carcajadas. Mi esposo entró con Iliana, me miró en el suelo y luego prometió llevar a los niños por un helado con su “verdadera mamá”. —Ojalá Iliana fuera nuestra verdadera mamá —dijo mi hija en voz alta mientras se iban. Tumbada sola en un charco de mi propia sangre, finalmente lo entendí. Los seis años de amor que había vertido en esta familia no significaban nada para ellos. Bien. Su deseo estaba concedido.
No Soy Tu Tonta Enamorada

No Soy Tu Tonta Enamorada

Era el día de mi boda civil con Javier, el hombre al que di todo, incluso la influencia secreta de mi familia Vargas para catapultar su carrera. Lo esperaba en el ayuntamiento, vestida de blanco, cuando mi teléfono vibró. No era él, sino una foto de Instagram de su protegida, Isabella, en mi cama, con una sonrisa triunfante, anunciando "buenas noticias". Cuando Javier finalmente llamó, su voz no era de disculpa, sino de irritación, diciendo que Isabella había "desmayado" y debían posponer la boda. La humillación me quemaba por dentro al verme plantada, la heredera de Bodegas Vargas, en mi propio "gran día". Pero lo peor llegó después: me llamó para confesar un embarazo con Isabella, ofreciéndome criar a SU BEBÉ en común, y pedirme que ocultara todo, como si yo fuera una idiota manipulable. Cada palabra era un puñal, revelando que para él, yo era solo un "pasaporte" a la élite, una "tonta enamorada" a la que siempre regresaría. Mi hogar, mis pertenencias, todo fue borrado para hacer espacio a ella y "su" embarazo. Me di cuenta de que mi amor fue ciego, mi generosidad, una estupidez. Entonces, al oír a Javier y a Isabella conspirar para usarme y luego desecharme, una frialdad glacial me invadió. En ese momento de quiebre absoluto, no sentí dolor, sino una decisión inquebrantable. Miré mi teléfono y marqué el número de Mateo, mi amigo de la infancia, mi único refugio. "Cásate conmigo, Mateo. Hoy mismo", dije, con una calma que lo sorprendió. Y así, sin mirar atrás, salí de aquella humillación para forjar mi propia venganza.
La Séptima Vez del Desamor

La Séptima Vez del Desamor

Estamos frente al Registro Civil por séptima vez. Siete años de mi vida como bailarín de tango, siete años sacrificando giras europeas y sueños por ella, Luciana. Hoy, por fin, nos casaríamos. Mi corazón latía con la esperanza de siempre, pero la ansiedad se arrastraba por mi nuca. Entonces, el teléfono de Luciana vibró. Era él. Siempre era Iván. "¿Otra vez? ¿Tomaste tu inhalador? Voy para allá", dijo ella, con una máscara de disculpa ya familiar. Colgó y, sin mirarme a los ojos, anunció: "Iván tiene una crisis de asma. Tengo que irme". La frialdad se extendió desde mi estómago. "No", susurré. Por séptima vez, me dejaba plantado por el mismo hombre, la misma excusa. "¿Cómo que no? ¡Es una emergencia! ¿Un papel es más importante que mi amigo de la infancia?" me espetó, acusándome de egoísmo mientras huía. La dejó la fría palabra clavada en mí, a mí que lo había sacrificado todo por ella. Caminé sin rumbo, el bandoneón melancólico burlándose de mí. Hasta que vi la foto. La foto de Iván Salazar, publicada hacía solo diez minutos: Luciana en su estudio, con la leyenda "Contigo, mi mundo tiene color". No era una emergencia. Era una burla. ¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Engañarme así, una y otra vez, mientras yo entregaba cada pedazo de mi alma? ¿Qué clase de perversa lealtad era esa, que la ataba a él y la hacía pisar mis sueños? Basta. La decisión me golpeó como un rayo. Me iré. Lejos de este tango tóxico, de esta ciudad que ya no me pertenece. Madrid me espera.
Su Violín, Su Venganza

Su Violín, Su Venganza

Anabel Ortiz, una prodigio del violín, encontró su mundo en Jacobo Herrera, un multimillonario del mundo de la tecnología que le prometió todo. Él la protegió, la colmó de regalos y se convirtió en su universo entero. Pero entonces, su media hermana, Evelyn, se mudó con ellos y todo cambió. Evelyn, un susurro manipulador en el oído de Jacobo, envenenó lentamente su relación, volviéndolo en contra de Anabel. Anabel, embarazada de su hijo, descubrió la traición de Jacobo en su aniversario. Él eligió a Evelyn, humillando a Anabel, obligándola a cambiarse de vestido porque "alteraba" a Evelyn. Luego negó su embarazo, la forzó a donar sangre para Evelyn y más tarde, en un ataque de ira, la golpeó, provocando que perdiera a su bebé. Jacobo, cegado por las mentiras de Evelyn, creyó que Anabel lo había engañado. Torturó y humilló a Anabel, despojándola de todo lo que le había dado, incluso el violín de su abuelo, que Evelyn destruyó deliberadamente. Anabel, rota y desesperada, fingió su propia muerte caminando hacia un incendio, con la esperanza de escapar de la pesadilla. Jacobo, consumido por el dolor y la rabia, fue manipulado por Evelyn para creer que Anabel era una mentirosa infiel. Buscó una venganza brutal contra Evelyn, pero la verdad sobre la inocencia de Anabel y el engaño de Evelyn finalmente salió a la luz. Mientras tanto, Anabel había encontrado refugio con su hermano, Adán, y había contraído un matrimonio de conveniencia con Julián Córdova, un héroe de guerra en coma. Ella lo cuidó hasta que recuperó la salud, y se enamoraron profundamente, construyendo una nueva vida libre de la sombra de Jacobo. Cuando Jacobo descubrió que Anabel estaba viva y se casaba con Julián, irrumpió en la boda, suplicando perdón. Pero Anabel, endurecida por su crueldad, lo rechazó fríamente, eligiendo su nueva vida y su amor con Julián, dejando a Jacobo solo para enfrentar las consecuencias de sus actos.