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Libros de Romance para Mujeres

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Mi Traición, Mi Renacer

Mi Traición, Mi Renacer

La música ensordecedora del bar no podía acallar el grito de mi alma. Hace apenas veinticuatro horas, era Sofía, la exitosa diseñadora, la novia feliz a punto de casarse con el amor de su vida. Mi mundo era perfecto. Hasta que regresé a casa temprano, llena de alegría por sorprender a Ricardo con el diseño de mi vestido de novia. La sorpresa me la llevé yo: las voces de él y de mi hermanastra Isabella provenían de nuestra habitación, desvelando una traición inimaginable. "¿Cuándo le vas a quitar todo a Sofía?" , "Ella no es más que una tonta adoptada, una herramienta para que nosotros consigamos lo que merecemos" . Cada palabra era una puñalada. El amor de mi vida y la mujer que consideraba mi hermana se burlaban de mí, planeando arrebatarme todo, incluso mi identidad como heredera. Me di cuenta de que mi propia familia adoptiva, los Torres, me había manipulado desde el principio, viéndome solo como un medio para sus ambiciones, desechable una vez que no les fuera útil. La humillación me quemaba por dentro, una rabia helada que ahogaba el dolor. ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Tan ingenua? ¿Cómo pudieron usarme de esa manera las personas en las que más confiaba? La injusticia era abrumadora, la traición imperdonable. Mi vida entera había sido una farsa, construida sobre mentiras. Pero la Sofía sumisa y engañada había muerto. Ahora, la mujer que renacía de sus cenizas estaba lista para quemarlo todo. Levanté la mirada en el bar y lo encontré, el arma perfecta para mi venganza: un hombre misterioso y peligrosamente atractivo. "Te necesito", le dije. "Necesito un prometido". Mi venganza comenzaba, y no sería bonita.
Mi Amor, Mi Verdugo

Mi Amor, Mi Verdugo

Me llamo Patrick. Amaba a Scarlett Salazar, la Reina del Tequila, una mujer que dejó todo, incluso a su adinerada familia, para estar con un humilde jimador como yo. Juntos, soñamos con un futuro lejos de su imperio. Pero su familia impuso una condición cruel: debía tener un hijo para asegurar su linaje, no conmigo, sino con Leon Hewitt, el heredero de la familia rival. Me pidió que esperara, una y otra vez, mientras ella compartía su cama y su vida con otro hombre, una tortura silenciosa que me consumía. Fui acusado falsamente de envenenar a su hija y sabotear una fiesta, sufriendo humillaciones públicas y brutales palizas, mientras Scarlett, la mujer que una vez lo arriesgó todo por mí, se mostraba indiferente o incluso me culpaba. En un momento de pura desesperación, fui empujado por ella y golpeé mi cabeza, viéndola correr a consolar al hombre que se burlaba de mí, mi rival. ¿Cómo era posible que el amor que me había prometido ser eterno se transformara en una indiferencia tan fría, en una traición constante que me dejaba en un abismo de dolor y desconfianza? ¿Por qué la mujer que una vez me salvó la vida ahora parecía mi verdugo? Mi corazón, que creía ya no sentir nada, tomó una decisión final. Huí de ese infierno, renunciando al amor que me había destrozado. Me refugié en un remoto pueblo, convirtiéndome en un maestro, buscando la paz en la simplicidad, lejos de intrigas y mentiras.
La Hacienda de los Secretos Muertos

La Hacienda de los Secretos Muertos

Volví a casa de la feria de artesanías, con el corazón lleno de ansias por abrazar a mi hija, Lupita. Nuestro hogar, la hacienda, debería haber sido un refugio de paz. Pero un silencio anormal y pesado me recibió. Mi esposo, Mateo, emergió de la capilla, con un rostro helado, confesando que Lupita estaba siendo "castigada". La encontré en el sótano, rígida, azul. Muerta. Mi grito de dolor se ahogó en el horror. ¿Cómo pudo nuestro propio padre hacer esto? Pero el infierno no acabó ahí. Lo encontré con su prima Camila, besándose sobre el altar, su devoción falsa. En el funeral de nuestra pequeña, él la consolaba públicamente, mientras el mundo me juzgaba a mí, la madre fría. Luego, intentaron profanar sus cenizas, quemándolas en un ritual macabro para "salvar" a su hijo. ¿Cómo pude ser tan ciega? Mi vida, mi amor, mi hija... todo era un sacrificio por una obsesión ajena, una mentira construida sobre una devoción retorcida. La inocencia de Lupita fue aniquilada por la locura de un hombre y la crueldad de una manipuladora. Decidí esfumarme, fingiendo mi propia muerte para escapar de aquel infierno. Pero dos años después, él me encontró, arrastrando consigo cenizas y revelando un horror aún mayor: había purificado "nuestro amor" aniquilando a quienes se interponían. Ya no había vuelta atrás: era hora de que el monstruo pagara por sus crímenes.
Identidad Robada

Identidad Robada

Nací con un destino cruel: ser la "piecita de repuesto" de mi hermana Sofía. Invisible, despreciada por mis padres, encontré consuelo y amor en secreto. Cuidé de Alejandro de la Vega, ciego tras un accidente, y bajo el nombre de "Lucero", le devolví la luz con mi música y mi voz. Nos enamoramos, sellando nuestra conexión con un viejo dije de huayruro. Pero justo cuando él estaba a punto de recuperar la vista, Sofía y mis padres orquestaron la traición más vil. Usurparon mi identidad, convenciendo a Alejandro de que Sofía era su "Lucero". Cuando Alejandro abrió los ojos, me repudió, llamándome mentirosa y obsesiva. Mis padres, cómplices y abusivos, me humillaron pública y privadamente, llegaron a golpearme y encerrarme en un sótano. Fui forzada a presenciar su compromiso, mi corazón roto y mi verdad silenciada por sus mentiras. Incluso intenté mostrarle el dije de huayruro, nuestro símbolo, ¡y él me despreció aún más! ¿Cómo pude ser tan ciega? ¿Cómo pudieron mis propios padres convertirme en un fantasma, una marginada, por el capricho de Sofía? Mi vida no importaba; era solo un obstáculo para la "felicidad" de ellos. La humillación pública, la violencia familiar, el desprecio de Alejandro... cada golpe era un clavo más en el ataúd de mi ser. Pero en mi punto más bajo, encerrada y olvidada, algo dentro de mí se rompió para siempre, pero también renació. El amor, la esperanza... se convirtieron en cenizas. Rompí el billete de avión que me obligaban a tomar, renuncié a mi apellido y a todo lazo familiar. En el día de su boda, dejé un último "regalo" que develaría la verdad, y me fui. Adiós, Lima. Adiós, pasado. Es hora de vivir.