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Escapando de Su Obsesión, Encontrando el Amor

Escapando de Su Obsesión, Encontrando el Amor

Desperté sin aliento, con el recuerdo de mi primera vida aún fresco: mi prometido, Alejandro, observándome con frialdad mientras me ahogaba, su mente envenenada por una mujer llamada Valeria después de que un accidente le provocara amnesia. Esta vez, tenía un plan para escapar antes de su fatídico viaje en yate. Pero sonó el timbre. Era Alejandro, había vuelto antes de tiempo. Y de su brazo, venía Valeria. Dijo que había tenido un "pequeño incidente" en el yate, pero sus ojos estaban claros. Me recordaba. No tenía amnesia. Aun así, la trajo a nuestra casa, instalándola en el estudio de mi difunta madre. Ordenó que los recuerdos de mis padres, de un valor incalculable, fueran arrojados a la basura. Cuando protesté, me estampó contra la pared. Cuando Valeria rompió "accidentalmente" una foto de mi familia, me abofeteó y me dejó encerrada fuera de la casa bajo una lluvia torrencial. En mi primera vida, pude culpar su crueldad a su pérdida de memoria. Me dije a mí misma que él también era una víctima. Pero ahora, él lo recordaba todo: nuestra infancia, nuestro amor, nuestras promesas. Este no era un hombre manipulado. Este era un monstruo, eligiendo deliberadamente torturarme. Cuando Valeria destrozó el último regalo de mi madre, finalmente estallé y la ataqué. La respuesta de Alejandro fue inmediata. Hizo que sus guardias me arrastraran a una habitación insonorizada en el sótano y me ataran a una silla. Mientras la electricidad quemaba cada fibra de mi ser, lo comprendí. Mi segunda oportunidad no era un escape. Era un nuevo nivel de infierno, y esta vez, mi torturador era plenamente consciente de lo que estaba haciendo.
Creyó que me quedaría: Su error

Creyó que me quedaría: Su error

Hoy era mi cuarto aniversario con Alejandro. Me dijo que me pusiera mi vestido blanco para una sorpresa que había planeado. Pasé toda la tarde arreglándome, practicando mi "Sí, acepto", segura de que por fin me iba a proponer matrimonio. Pero cuando llegué al salón del hotel, la pancarta decía: "Felicidades, Alejandro y Karen". Frente a todos sus amigos y familiares, se arrodilló y le propuso matrimonio a su amiga de la infancia, Karen Valdés. Usó el anillo de su madre, una reliquia familiar. El mismo que una vez me enseñó, diciendo que era para la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Luego me presentó, a mí, su novia de cuatro años, como "una muy buena amiga". Su nueva prometida sonrió dulcemente y me dijo que su matrimonio sería abierto, dándome permiso para quedarme como su amante. Lo escuché decirle a su amigo su verdadero plan: "Karen es mi esposa para aparentar, pero Sofía puede ser mi mujer para divertirme". Creyó que aceptaría ser su juguete. Se equivocó. Saqué mi celular y le escribí a un número al que nunca me había atrevido a llamar: el albacea del testamento de mi padre, con quien no hablaba. "Necesito reclamar mi herencia". Su respuesta fue instantánea. "Por supuesto, señorita Garza. La condición es que se case conmigo. ¿Está lista para proceder?". "Sí", le respondí. Mi vida con Alejandro había terminado.
Esposa Virtuosa

Esposa Virtuosa

Anastasia White es una mujer de veinte años que viajó a estudiar arte y decoración en Europa cuando tenía quince años. Solía ser justa y noble, pero la soledad la había secado, convirtiéndola en una mujer rebelde e impulsiva. Daba la vida por su padre, el señor Emiliano White, quien enviudó y para sacarla de la tristeza en la que se había sumido; la obligó a irse a estudiar al extranjero. Llevaba seis años sin verlo, así que se decidió a regresar sin aviso alguno. Estaba cansada de su vida monótona y aburrida, no conseguía sentirse a gusto en un país extraño, ni encontrar una pareja estable. Al llegar al aeropuerto mantuvo una pelea acalorada con un extraño que pretendía llevarse su equipaje, por coincidencias tenían el mismo modelo de valija. Luego de resolver el inconveniente, se apresuró a tomar un taxi en dirección a su enorme mansión. La primera impresión que tuvo al bajarse del coche, fue que todo lucia descuidado. Entró sin hacer ruido y se sorprendió que no se hubiese cruzado con nadie. Su padre era el hombre más adinerado del condado, en la mansión solían abundar los empleados, pero ahora todo era soledad. Se dirigió hasta la cocina y allí encontró a dos cocineras, eran hermanas y llevaban años sirviendo para su familia. Las interrogó sobre el paradero de su padre y una de ella señaló el jardín. Ella se fue de prisa para sorprenderlo y lo despertó, el padre se enfureció al verla allí y le reclamó por haberse regresado. Sin embargo, le dio un frío abrazo y se desapareció por el pasillo. Estaba feliz por sentirse en casa, se dirigió al estacionamiento donde estaban los autos de colección de su madre que aún eran conservados en perfecto estado. Eligió el convertible de color rojo que tanto adoraba y decidió dar un paseo por toda la zona. Eso sirvió para que un hombre adinerado se enterará de su regreso y en la tarde envío a un abogado. Maximiliano García, así se llamaba aquel hombre a quien ella recordaba un poco. Lo invitó a pasar y le mencionó que su jefe Jhon Anderson Uriana le invitaba a cordialmente a su casa para charlar. Anastasia no vio inconveniente alguno y asistió. Apenas ingresó, le hirvió la sangre porque era el mismo hombre del aeropuerto que la recibió de forma tosca y primitiva. Le explicó que la razón por la que la había enviado a buscar era porque la exigía en matrimonio. Anastasia se negó y dijo que jamás iba a casarse con un hombre como él, incluso lo abofeteó. De modo calmado le explicó que él era la única solución a todos los problemas que tenía la familia White Nariño. Pues el padre de Anastasia, Emiliano White, había adquirido una horrible adicción al alcohol que lo estaba acabando poco a poco. Y solo tenía dos opciones casarse con él para poder pagarle un tratamiento en un sanatorio o verlo morir poco a poco. Anastasia se reveló y dijo que su padre tenía el dinero suficiente para pagarse su propio tratamiento, entonces Jhon Anderson procedió a mostrarle todos los documentos de las propiedades de la familia White Nariño, ahora a su nombre, le explicó que había pagado las hipotecas al banco para saldar las deudas de su padre y conservar las propiedades. Anastasia presa del dolor, no podía creer lo que aquel hombre le explicaba, después procedió a acercarle un contrato de matrimonio que lo había preparado con anterioridad y que solo debía firmar. Ella amaba su libertad, pero más amaba a su padre. Y si la solución era unirse en matrimonio con un ser egoísta y engreído, lo iba a hacer. Sin pensarlo mucho, acepta y se casa con Jhon bajo una ceremonia lujosa, con cientos de invitados importantes. Su padre es recluido en una de las mejores clínicas y en ella solo surge el odio al estar cerca de todas las propiedades de su familia y jura que volverá a recuperarlas. Jhon la obliga a cumplir con cada condición establecida en el contrato matrimonial, entre esas tener intimidad, sin protección, porque él deseaba tener un heredero muy pronto. Ella no sentía afecto ninguno por ese hombre, pero se entregaba a él cuando lo exigía. Ella no desea quedarse en casa y consigue que su esposo acepte que trabaje en una empresa internacional en la que se destaca por sus habilidades, poco tiempo después Jhon se muere de celos por las atenciones de uno de los jefes y le exige que se retire. Ella se opone, pero al descubrir que se ha quedado embarazada y que su salud ha empeorado, acepta renunciar, Jhon empieza a desvelarse por ella y por su embarazo. Se percata que empieza a tener sentimientos amorosos por Jhon gracias a la delicadeza de sus cuidados, pero teme confesarle que se ha enamorado de él y le demuestra todo lo contrario. Una vez que están en la espera del bebé, la conciencia empieza a pesarle a Jhon y es él quién propone romper aquella relación para que ella pueda ser feliz con otra persona. Con excepción de que él se quedará con la custodia completa del niño. Esto le parte el corazón a Anastasia y decide huir antes de que el bebé nazca, pues Jhon tenía otro hijo y ella dedujo que de la misma