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Libros de Romance para Mujeres

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El precio de mi sangre

El precio de mi sangre

Sofía Herrera había vivido siete años siendo la dispensadora de sangre para la "amada" de su prometido. Él la utilizaba, la humillaba, la mantenía atada con promesas vacías de un amor que nunca llegaría. En su última donación crítica, los médicos advirtieron que su cuerpo no podía más. Su vida pendía de un hilo. Pero desde el otro lado de la cortina, escuchó la sentencia final de Alejandro: "Que muera. Solo me importa que Isabella viva." Esas palabras la destrozaron, más profundamente que cualquier aguja. Sintió cómo su vida se escurría, gota a gota, junto con su sangre. Murió, habiendo sacrificado todo por un hombre que la despreciaba y por la mujer que le había robado hasta el último aliento. Luego, la oscuridad. Un pitido agudo. Luz brillante. Desorientada, Sofía abrió los ojos y reconoció el olor a antiséptico: era la clínica, el día de la primera donación. ¡El día en que le exigió matrimonio a Alejandro, creyendo que así lo ganaría! ¿Había vuelto al pasado? ¿Una segunda oportunidad? ¡Qué ingenua había sido! La puerta se abrió de golpe. Entró Alejandro, con el rostro desesperado: "Sofía, Isabella te necesita. Su vida depende de ti." Los mismos ojos suplicantes, las mismas mentiras. Pero ella ya no era la misma. El recuerdo de su propia muerte ardía en su mente. Esta vez, el juego sería diferente. Esta vez, ella no pediría migajas de amor.
Disciplinar al Siervo

Disciplinar al Siervo

Para Lord Stockton, rico y mundano, el no hay escasez de amantes disponibles para adornar su cama y ofrecerle lo único que Requiere: sumisión sexual. pero esta hermosa Miembro victoriano quiere algo Más adentro. Él quiere el tipo de sumisión total que solo un inocente puede ofrecer, y las amantes experimentadas no no darle lo que quiere además: dominio completo de todo facetas de sus vidas dentro y fuera de dormitorio. Lily nunca tuvo un hogar real. Criada en un orfanato, ingresó Servicio muy joven y logró evitar. empleados y lacayos lascivos ponerse al servicio de Lord Stockton en como belleza intacta, lista para ser tomada. Lord Stockton sabe que Lily es quien da lo que quiere. Y su oferta de darle amor paternal y consejo que le dio Extrañó crecer a cambio de su la presentación es una oferta atractiva. pero uno ¿Es la chica lo suficientemente fuerte para entrar? el estado de profunda sumisión que ¿Un hombre como Lord Stockton? Para verdaderamente suya, Lily debe someterse cada parte de su cuerpo tiene su propio uso, vestirse con ropa inmadura ydando siempre la espalda a la edad adulta. Aún más difícil, debe aceptar la dolor, placer y castigo sexual para dosis que nunca hubiera creído posible tomar. apoyo. Sin embargo, mientras Lord Stockton arrastra a su joven sirviente, se encuentra soportar su propia vulnerabilidad mientras pierde su corazón por la mujer que él prometió controlar
Ya Estoy Casado, Princesa.

Ya Estoy Casado, Princesa.

Mi vida iba a comenzar. Era el cadete con las mejores calificaciones de la Academia Imperial, un futuro brillante esperaba por mí, y lo más importante, iba a casarme con Sofía, la princesa que amé desde la infancia, mi prometida. Pero justo en el día de mi graduación, mientras el Emperador me elogiaba, el mundo se derrumbó: Sofía me abofeteó públicamente, me llamó "campesino" y anunció su compromiso con su arrogante primo Diego. Esa misma semana, mi padre falleció... y mientras yo arreglaba su humilde funeral, Sofía celebraba su compromiso en el palacio. Me humillaron de nuevo, me escupieron que yo no era "nadie", un granjero que se atrevió a soñar, para luego exhibir un anillo y decir que amaba a otro. ¿Cómo era posible tanto desprecio? ¿Cómo el amor de mi vida pudo volverse tan cruel? ¿Qué la hizo cambiar de manera tan radical y humillarme así? Con el corazón destrozado, me exilié a la frontera más peligrosa, esperando morir en el intento, pero en medio de la desolación, una mujer me salvó, y con ella, un nuevo mundo se abrió ante mí, uno donde la felicidad no era un título, sino un hogar con mi esposa Elena y mi hija Luna. Cinco años después, el Emperador me llama de vuelta, y ahora, con una familia que proteger, estoy listo para enfrentar los fantasmas del pasado y cerrar ese capítulo de una vez por todas.
Divorcio: Mi Regreso a Casa

Divorcio: Mi Regreso a Casa

La muerte de mi padre, un charro de palabra y honor, fue el golpe que me despertó. Me obligó a ver mi vida: un triste reflejo de los deseos de mi esposo, el Capitán Ricardo. Así que, después de cinco años de silencio, tomé una decisión inquebrantable: el divorcio. Regresaría a San Miguel, mi hogar, para no marcharme jamás. Ricardo no hizo el menor intento de acompañarme al entierro de mi padre. Ni una llamada, ni un mensaje. Nada. Al volver a casa esa noche, lo encontré dispuesto a salir, con la cena que yo había preparado-fría y abandonada-lista para Ximena. Me rompió que mi dolor lo dejara indiferente, pero la enfermedad de "ella" lo consumiera. Luego, con una calma que me asombró, le tendí un documento. Dije que era un permiso de trabajo. Era el principio de mi libertad. Sin leer ni una palabra, lo firmó. Una semana antes, mi padre me había pedido, con su último aliento, que no culpara a Ricardo, que era un buen hombre. Pero papá, Ricardo no estaba ocupado con la patria. Estaba ocupado con Ximena. En la oficina, mi antiguo escritorio estaba ahora lleno de sus pertenencias. Cuando tiré sus cosas al suelo, ella apareció, chillando. Detrás de ella, Ricardo, que no dudó en reprenderme. "Sofía, ¿qué te pasa? ¿Desde cuándo te has vuelto tan mezquina?" Cuando tropecé por culpa de Ximena y se cayeron mis papeles, Ricardo se apresuró a recogerlos. "¿Carta de renuncia? Y esta otra es…" En ese instante, mi corazón se encogió. Mi esposo, a quien amaba, solo podía pensar en una cosa: el puesto permanente para Ximena. "Oye, Sofía, ¿podrías escribir una carta de recomendación para Ximena? Con tu ayuda, seguro que tiene más posibilidades de conseguir la plaza fija." Mi "sí" fue el último susurro de amor que le entregué. Pensé que sería el pago final por nuestros cinco años de matrimonio. En nuestra última cena, con invitados, Ricardo se indignó al ver el mole, las enchiladas, los chiles rellenos, mis platillos favoritos. "Sofía, ¿por qué preparaste tantos platillos que a Ximena no le gustan?" Ricardo y Ximena se fueron a un restaurante, dejándome sola con la comida y el abandono. Fue entonces cuando Ricardo finalmente descubrió mi plan. "¡Capitán Ricardo! ¡La Maestra Sofía le dejó una carta! Es… es una solicitud de… de divorcio…" Su rostro se transformó en una máscara de incomprensión y dolor. Ximena, con el tobillo lesionado, intentó aferrarse a él. Pero él la apartó. "¡Ah!" Ricardo estaba ciego. Ciego a mi sufrimiento. Ciego a la verdad. Ciego a todo lo que no fuera ella. Desesperado, golpeó la puerta del comisario. "¡Cuando fue esto! ¡Yo no firmé esta solicitud!" El comisario reveló el engaño de Ximena: ella interceptó el mensaje sobre la muerte de mi padre, negándome la oportunidad de la comprensión y el apoyo de Ricardo. Cuando Ricardo se enteró de la verdad, regresó a su casa. En medio de los escombros de su propia creación, solo quedaba un vacío devastador. Tiempo después, en San Miguel, mientras ayudaba a los niños en el huerto, lo vi de lejos. Ricardo estaba cubierto de polvo. Parecía más delgado, más cansado. Sus ojos, enrojecidos. Tal vez no fue la brisa.
El Eco Amargo de Tu Desprecio

El Eco Amargo de Tu Desprecio

Mi vida, como arquitecto respetado, ocultaba un secreto infierno personal: mi matrimonio de diez años con Sofía Vega. En casa, solo había indiferencia, desprecio de su familia y la sombra omnipresente de su enfermiza obsesión por su hermanastro, Adrián. La última vez que vi a Sofía, ella se estaba muriendo para salvarme de un camión descontrolado, su vestido blanco manchado de sangre. Mis oídos aún reverberan con sus últimas palabras, la traición definitiva: "Mateo, si hay una próxima vida, no te cases conmigo. No me ames." Esas palabras, el eco amargo de su desprecio y la reafirmación de su patológica devoción por Adrián, se convirtieron en mi tortura personal durante una década. Fui testigo de cómo su amor tóxico por él nos consumía a todos, arrastrándonos al abismo de un matrimonio sin alma. Su último acto por mí solo selló la dolorosa verdad: nunca hubo espacio para mí en su corazón. ¿Cómo fue posible que mi inquebrantable amor condujera a semejante rechazo final? ¿Era mi destino ser siempre una pieza en su cruel juego, condenado a un dolor perpetuo? Esa incomprensión, ese peso en mi alma, se convirtió en una obsesión ineludible. Consumido por el duelo y la necesidad de justicia, me aislé del mundo. Dediqué cada gramo de mi fortuna familiar y mi ingenio arquitectónico a un solo objetivo: construir una máquina para viajar en el tiempo. Y lo conseguí. Ahora, he regresado al día de nuestra boda, con la firme resolución de reescribir esta tragedia, liberar a Sofía de sus cadenas emocionales y, sobre todo, encontrar por fin mi propia salvación.