Junwen
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Libros y Cuentos de Junwen
El aroma del engaño
Urban romance En el corazón de la bulliciosa Ciudad de México, Sofía, una farmacéutica dedicada, tejía sueños de futuro y familia junto a Ricardo, su amor de toda la vida y el padre del bebé que crecía en su vientre.
De repente, una joven con gafas de diseñador irrumpió en su farmacia, arrogante y deslumbrante, revelando un secreto que la dejó helada: coqueteaba abiertamente con su "novio, el profesor Ricardo Morales" .
La escena se retorció en una pesadilla cuando Camila, la intrusa, invadió su hogar, usando el perfume de Ricardo como una burla. El clímax fue una foto enviada por Camila: Ricardo dormido junto a ella en una cama que no era la suya, un altar profanado.
Cada mensaje era un golpe, cada traición de Ricardo, que jugaba a ser el esposo perfecto mientras vivía una doble vida, la sumía en un abismo de incredulidad y un dolor punzante que presagiaba lo peor para su embarazo.
Sofía, bañada por las lágrimas y la humillación, sintió la pérdida de su bebé, un sacrificio impío en el altar de la infidelidad. Pero de las cenizas de su dolor, nació una Sofía nueva, fría y calculadora, decidida a vengar un amor traicionado y una vida destrozada. Su plan de justicia estaba a punto de ejecutarse. Cuando el Amor Desafía la Sangre
Moderno El aroma de las flores en el jardín y la felicidad de las conversaciones llenaban el aire.
\nTodo se sentía perfecto, casi irreal.
\nMi taller de cerámica, usualmente un santuario de silencio, rebosaba de vida.
\nCelebrábamos el mayor logro de mi sobrina, Camila, quien acababa de ganar una beca completa para estudiar arte en Europa.
\nDe repente, la pesada puerta principal se abrió de golpe, chocando contra la pared con un estruendo que silenció la música y las risas.
\nTres figuras se recortaron en el umbral, trayendo consigo una ráfaga de aire frío: Elena Vargas, mi antigua ama de llaves, su esposo Carlos Soto, y un joven que caminaba detrás de ellos, casi escondido en su sombra.
\nElena clavó sus ojos en mí, su rostro contraído por el rencor.
\n "Vengo a recuperar lo que es mío" , dijo, su voz resonando en el silencio sepulcral.
\nLuego, levantó un dedo tembloroso y señaló a Camila.
\n "Esa muchacha, Camila, no es tu sobrina, Sofía."
\nSe golpeó el pecho.
\n "Es mi hija."
\nUn jadeo colectivo recorrió la habitación.
\nVi la cara de Camila palidecer.
\nElena expuso a Miguel.
\n"Este", anunció, "este es Miguel. Mi hijo. Y tu verdadero sobrino."
\nLa revelación cayó como una bomba.
\nElena sonrió, una sonrisa genuina pero aterradora.
\n"Yo misma los cambié al nacer", confesó sin remordimiento.
\n"Quería un futuro mejor para mi hijo."
\n"Quería que tuviera todo lo que ustedes tienen. La riqueza, el respeto. Una vida sin sufrimiento."
\nSus palabras eran un absurdo, una contradicción flagrante con la realidad del muchacho que temblaba a su lado.
\nLos invitados susurraban: "¿Es posible?", "¡Qué escándalo!", "Pobre Camila".
\nCamila temblaba.
\n "Tía, ¿qué está diciendo? No es verdad, ¿verdad?" , susurró.
\nNegé con la cabeza.
\nMiré a Elena.
\nDentro de mí, un interruptor se activó.
\nPorque yo ya sabía una parte de esta historia.
\nLa parte que Elena creía que era su arma secreta. Amante Substituto
Romance Durante doce años, fui la sombra fiel de Isa Montoya, la rica heredera. Por la bodega de mi familia y los costosos tratamientos de mi madre enferma, me sometí a ser su asistente, su confidente y, para mi desgracia, su amante.
La muerte de mi madre liberó mis cadenas de chantaje. Cuando Lucas Herrero, el primer amor de Isa, regresó, su obsesión por él me reveló brutalmente lo fácil que era para ella reemplazarme, convirtiéndome en un mero duplicado.
Decidí desaparecer. Renuncié, borré cada rastro de mi vida con ella, y mientras huía viajando por Europa, encontré una inesperada paz y una conexión real con Sofía. Pero el pasado me alcanzó: Lucas, cegado por los celos, me secuestró. Para mi asombro, Isa apareció, interponiéndose entre un cuchillo y yo, cayendo gravemente herida por mi culpa.
Al verla sangrar, una contradicción insoportable me invadió. Esa mujer, a la que solo había despreciado, ¿realmente había demostrado un amor tan capaz de sacrificar su propia vida? ¿Por qué ahora, justo cuando pensaba que era libre?
Mi decisión fue clara: negarme a visitarla en el hospital. Semanas después, su padre me suplicó verla, pues Isa se consumía llamando mi nombre. La encaré, y con una frialdad brutal, le revelé que nuestra relación siempre fue una transacción, sin amor. ¿Podrá Isa, la orgullosa heredera, superar esta demoledora verdad y el fin de nuestra historia? Le puede gustar
La trampa amorosa de la exesposa vengativa
Lucia Love Cuando Stela estaba enferma durante los primeros días de su embarazo, Ezrah estaba con su primer amor, Piper. Cuando Stela tuvo un accidente y llamó a Ezrah, él dijo que estaba ocupado, pero en realidad, estaba comprando zapatos para Piper.
Stela perdió a su bebé debido al accidente, y durante toda su estancia en el hospital, Ezrah nunca apareció. Ella ya sabía que él no la amaba, pero eso fue la gota que colmó el vaso, y su frágil corazón no pudo soportarlo más.
Cuando Ezrah llegó a casa unos días después de que su esposa fue dada de alta del hospital, ya no encontró a la mujer que siempre lo recibía con una sonrisa y cuidaba de él. Stela se paró en lo alto de las escaleras y gritó con una expresión fría:
"Ezrah, tengo una buena noticia para ti. Nuestro bebé murió en el accidente. Ya no hay nada entre nosotros, así que vamos a divorciarnos".
El hombre que afirmaba no tener sentimientos por Stela, siendo frío y distante con ella y habiéndole pedido el divorcio dos veces, se llenó de pánico al instante. Mi Vientre, Su Infidelidad
Zi Ya Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre.
Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista.
La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre.
Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas."
Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad.
"Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento.
"Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida." Su Traición Me Lástima
Vivie Doeringer Estaba allí, por centésima vez, un anillo en mi bolsillo y la esperanza en mi mirada, listo para sellar siete años de amor y paciencia con Sofía, la reina de los bienes raíces.
Pero mi mundo perfecto se derrumbó con una vibración en mi teléfono: la vi, en la pantalla, en un festival masivo, besando apasionadamente a otro en un video que ya era viral.
La humillación no fue privada; se volvió un espectáculo público, el entretenimiento de la tarde para millones, mientras las notificaciones zumbaban y las miradas de lástima me taladraban el alma.
¿Cómo pudo hacerme esto? ¿Cómo la mujer por la que lo di todo, me expuso a la burla más cruel imaginada? ¿Acaso mi lealtad era solo un chiste para ella?
Apagué el teléfono, y con la dignidad hecha jirones, me levanté y supe que era el momento de dejar de esperar por ella y empezar a vivir para mí. La traición de él, la huida de ella de Dublín
Zhu Xia Yin Mi relación de diez años debía terminar con nuestro futuro en Querétaro, un homenaje a mi difunto padre. En cambio, terminó cuando escuché al hombre que amaba llamarme "una lapa de manual" de la que no veía la hora de deshacerse.
Había cambiado en secreto nuestro traslado de la empresa a Guadalajara por una nueva becaria, presumiendo ante sus amigos que yo iría corriendo en cuanto me enterara.
Para asegurar el ascenso de ella, robó el invaluable disco duro de mi padre: su legado entero. Cuando los confronté, su nueva chica lo dejó caer en un charco, destruyéndolo justo frente a mí.
Ezequiel no se disculpó. La protegió a ella y me gritó a mí.
—¡Tu papá ya se murió, Fernanda! ¿A poco Brenda tiene que morirse por el puto disco duro de un muerto?
Me dio un ultimátum: disculparme con ella y cambiar mi traslado a Guadalajara antes de la medianoche, o ya veríamos.
Creía que me tenía en la palma de su mano.
Pero mientras el reloj pasaba de la medianoche, yo estaba en un vuelo de ida a Querétaro, con mi viejo chip de celular partido en dos. Esta vez, estaba eligiendo el legado de mi padre por encima de él.