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El Bebé Secreto del CEO Ciego

El Bebé Secreto del CEO Ciego

Hace dos años, Sara sacrificó su corazón, su futuro y su dignidad para salvar al hombre que amaba. Maximilian Roth, el implacable heredero de un imperio multimillonario, quedó ciego tras un "accidente" orquestado por su propia familia. En la oscuridad de su habitación de hospital, Sara fue su enfermera, su luz y su único consuelo. Se amaron con desesperación, pero cuando la despiadada madre de Maximilian amenazó con dejarlo ciego para siempre si Sara no desaparecía, ella tomó la decisión más cruel: le dejó una nota de desprecio, se marchó y se llevó consigo un secreto que crecía en su vientre. Ahora, el destino la obliga a volver a la boca del lobo. Su hijo de casi dos años, Leo, necesita una cirugía a corazón abierto que cuesta una fortuna. Desesperada, Sara se disfraza bajo el nombre de "Elena Blanco", ocultando su belleza tras ropa holgada, gafas gruesas y maquillaje opaco, para trabajar como asistente ejecutiva en Roth Industries. Su objetivo es cobrar un jugoso bono y desaparecer de nuevo. Pero Maximilian ha recuperado la vista y su imperio. Ya no es el hombre vulnerable de las sombras; es un tirano de hielo, devorado por el rencor hacia la mujer que lo abandonó. No reconoce a Sara detrás del disfraz de su torpe secretaria, pero se encarga de hacerle la vida imposible. Lo que el todopoderoso CEO no sabe es que la mujer a la que humilla a diario es la misma dueña de su alma, y que el niño de ojos azules que lucha por su vida en un hospital es su propio heredero. Cuando el cristal se rompa y la trampa caiga, la furia de Maximilian hará temblar a la ciudad entera. La obligará a firmar un contrato matrimonial para proteger a su hijo, encerrándola en una jaula de oro. Sin embargo, en medio de una guerra corporativa y familiar sin cuartel, descubrirán que el odio y el deseo son dos caras de la misma moneda... y que el amor verdadero es capaz de quemar el mundo entero hasta las cenizas.
Una muñeca de porcelana fundida en acero.

Una muñeca de porcelana fundida en acero.

-No sabía como abordar el tema, pero tú me lo has facilitado todo. Hace unas horas, Seong-Jin y yo te vimos en el salón de las Dojagis, cuando estabas con... con la señorita Richmond. -Padre, yo... yo no sé a que te refieres. -dijo Lexter sumamente nervioso. -Claro que sabes de qué estoy hablando, Lexter. Sólo dime que lo que pasó entre ustedes, fue un impulso del momento, que tal vez quisiste darle a una Dojagi de palacio, la oportunidad de recibir su primer beso y ser querida sólo por un momento, dime que todo lo que le dijiste y las promesas que le hiciste, fueron producto de las emociones y del calor del momento, o que esto sólo es un capricho pasajero. -le dijo el Rey con tono serio. -Quisiera poder decirte eso, de verdad me gustaría decirte que lo que vieron, fue motivado por el calor del momento, o por algo pasajero. Sin embargo, me temo que lo que siento por Alondra Richmond, no es ni pasajero ni temporal. -le dijo Lexter con voz firme. -¿Eso quiere decir que te enamoraste de Alondra, hermano? -le preguntó el Príncipe Seong-Jin al Príncipe Lexter. -Si hermano. Estoy profundamente enamorado de la Nannyshi de Kitty y ya no pienso ocultarlo más, porque lo que siento por ella es tan profundo, que se ha fusionado con mi propia existencia. -le respondió Lexter a su hermano. -¿Acaso perdiste el juicio Lexter Salvatore? Tu trabajo es velar por el bienestar de las Dojagis de palacio, no involucrarte sentimentalmente con una de ellas. Ellas tienen prohibido desarrollar sentimientos románticos hacia cualquier hombre; y tú lo sabes, por lo que ahora no puedes venir a decirme que estás enamorado de una de ellas, la cual es para completar, la Nannyshi de tu hermana menor. -le respondió el Rey muy furioso. -Pues, lamento profundamente si mis sentimientos no son de tu agrado padre, porque yo no deseo causarte ningún tipo de disgusto, pero, lo que yo siento por la señorita Richmond, es lo más verdadero que he tenido en mi vida; y aunque todo el mundo se ponga en contra, yo pretendo luchar por mi felicidad a su lado. Padre, mis intenciones con Alondra van más allá de tener un romance pasajero, porque lo que yo deseo no es convertirla en mi amante oficial o en mi esposa secundaria, yo lo que realmente deseo es tener una relación amorosa con ella de manera formal y oficial, que todo el mundo la reconozca como mi novia, como mi prometida y como la futura Reina de la nación. Repito, no quiero que Alondra sea ni mi amante oficial ni una esposa secundaria, yo lo que realmente deseo es convertirla en mi esposa principal. -le respondió Lexter a su su padre. -¿Acaso perdiste la cabeza? ¿Cómo se te ocurre que una Dojagi de palacio se convertirá en la futura Reina de la nación? Si el simple hecho de que quieras tener una relación formal con ella, ya es una locura, ¡Imaginate el que pretendas convertirla en tu esposa principal y en la próxima Reina! -replicó el Rey.