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Libros de Romance para Mujeres

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Su Esposa, Su Amante, Su Hija

Su Esposa, Su Amante, Su Hija

La primera vez que supe que mi matrimonio se había acabado fue cuando vi a mi esposa Ángela y a nuestra hija Constanza riéndose con Giovanni Beltrán en el aeródromo privado. Durante diez años, había sido el esposo político perfecto, sacrificando mi carrera en la música para ser un padre amo de casa y el sonriente accesorio de Ángela. Luego, esta mañana, encontré los recibos del hotel. Docenas de ellos, de una década entera, siempre dos habitaciones reservadas pero solo una utilizada, siempre en noches en las que supuestamente estaba en un "retiro político" con su director de campaña, Giovanni. Mi mundo se hizo añicos. En el aeródromo, Ángela le ajustaba la corbata a Giovanni, su sonrisa cálida e íntima, una sonrisa que no había visto en años. Constanza sostenía la mano de Giovanni, mirándolo con adoración. Yo era el intruso. Cuando los confronté, el rostro de Ángela palideció, luego se sonrojó de furia, no de vergüenza. Constanza frunció el ceño, gritando: "¡Papá, nos estás avergonzando!". Luego lanzó el golpe final y mortal, aferrándose a Giovanni y gritando: "¡Solo eres un inútil mantenido! ¡El tío Gio ayuda a mami con cosas importantes!". La humillación fue algo físico, caliente y sofocante. Ángela no me defendió; estuvo de acuerdo. Me di cuenta de que solo era un proveedor de servicios, un accesorio conveniente que ya no necesitaban. Pensaban que yo no era nada sin ellos. Estaban a punto de descubrir cuán equivocados estaban.
Amor Actuado Para Otra Mujer

Amor Actuado Para Otra Mujer

Sentada en el borde de la cama, acunaba mi vientre incipiente, una sonrisa genuina asomaba en mis labios al imaginar la vida que estaba a punto de formar con el hombre que amaba. Después de quince años de matrimonio con Mateo, mi vida era un sueño tranquilo, la culminación perfecta en este mundo al que había llegado tras una muerte solitaria, huyendo del destino trágico de la villana Sofía. Pero la felicidad se desvaneció al abrir un diario oculto en el cajón de Mateo. La primera línea heló mi sangre: "Hoy es mi primer día en este nuevo cuerpo. He renacido. Y esta vez, juro que protegeré a Isabella. No dejaré que nadie, especialmente esa mujer, Sofía, le haga daño." Quince años de amor, de cada "te amo", cada caricia, cada sonrisa... todo fue una cruel farsa construida sobre mentiras. Él nunca me amó; solo me usó, una villana a quien controlar para proteger a su "verdadero amor", Isabella. El mundo se derrumbó. Los fragmentos del diario revelaron la amarga verdad: "Me casé con esta víbora para garantizar la felicidad de mi verdadero amor." Durante esos quince años, mi amor incondicional fue respondido con una vigilancia velada. La culminación de su traición llegó en el hospital; por salvar a Isabella, me empujó, y perdí a nuestro bebé; ese hijo que para él no significaba nada, el fruto de una mentira. ¿Cómo pudo amarla tanto a ella y fingir amarme a mí? ¿Cómo pudo acostarse a mi lado cada noche pensando en otra? El asco, la traición, el dolor me consumieron. ¿Por qué yo, que solo busqué ser buena, merecía esta cruel ironía? No más. Con el diario en mis manos y mi corazón hecho pedazos, decidí que era hora de que esta obra de teatro llegara a su fin. No era la villana de su historia, pero ahora, me convertiría en la fuerza imparable que desmantelaría su fachada. Era mi turno de escribir mi propio final.
Prometido Infiel: Cicatrices Del Alma

Prometido Infiel: Cicatrices Del Alma

El aroma a desinfectante del hospital se mezclaba con el perfume floral y caro de mi prima Isabella. Desde el pasillo, vi a Ricardo, mi prometido, inclinado sobre Isabella, susurrándole algo que la hizo sonreír. Luego, la besó, un beso de amantes que me heló la sangre. No hubo lágrimas, solo un silencio sepulcral en mi cabeza. Porque ya había visto esta escena antes, en otra vida. Una que terminó en tragedia por culpa de ellos dos. En esa vida, les rogué una explicación, y mi dolor solo alimentó su crueldad. Ahora, renacida en este cuerpo más joven, con los recuerdos intactos de aquel infierno, no cometería el mismo error. Me di la vuelta en silencio y me alejé por el pasillo del hospital. Esta vez, no intervendría. Dejaría que el destino, ese que ellos mismos estaban tejiendo con sus mentiras, siguiera su curso. Yo solo sería una espectadora. Y cuando fuera el momento, me aseguraría de que la caída fuera espectacular. La venganza, dicen, es un plato que se sirve frío. Y el mío llevaba una vida entera congelándose. El recuerdo de mi vida pasada era una herida que nunca cerraba. Ricardo me había dejado plantada en el altar, vaciado las cuentas, hipotecado la casa y huido con Isabella. Mi padre sufrió un infarto, murió en mis brazos. Mi madre se marchitó de depresión hasta que un día, simplemente, no despertó. Yo me quedé sola, en la ruina, con el corazón destrozado. Ellos me enviaban fotos de su vida de lujo. Un día, acorralada y desesperada, en el frío río terminé mi sufrimiento. Luego, abrí los ojos. Desperté en mi cama, diez años antes, el día que Ricardo me propuso matrimonio. El anillo en mi dedo se sentía como un grillete. El renacimiento no fue un regalo, fue una segunda oportunidad para la justicia.
Los 30 Día Para Confirmar Tu Amor

Los 30 Día Para Confirmar Tu Amor

Era el cumpleaños de mi madre, una cena familiar tranquila, como cada año. Sofía, mi esposa, me había prometido salir a tiempo del trabajo, pero ya eran las ocho y su silla seguía vacía, su teléfono mudo. Mi madre intentaba disimular su preocupación, mientras yo sabía la verdad: la empresa que levanté y le regalé como prueba de amor se había convertido en su excusa. Un escalofrío me recorrió al ver, en redes sociales, una foto grupal: Sofía, radiante, abrazada a Mateo, su primer amor y el hombre que la abandonó años atrás. Y lo peor: su dedo anular, desnudo. Se había quitado el anillo de bodas. La rabia me cegó y dejé un comentario que pretendía humillarla, pero ella, lejos de avergonzarse, me llamó, irritada, como si yo fuera el culpable. "¿Humillarte? ¿O eres tú la que me humilla yendo a revolcarte con ese bueno para nada?", le grité, pero su respuesta me destrozó: "¡Él es el amor de mi vida! Lo nuestro fue solo un arreglo... y la empresa ya es mía." Su risa burlona al otro lado de la línea selló su destino. Me dijo que me quedaría sin nada, que me había usado, que yo no entendía el verdadero amor. La impotencia me invadió, un dolor tan profundo que eclipsó la traición. ¿Cómo podía alguien que amé tanto volverse tan cruel? ¿Qué clase de "amor" era ese que me dejaba en la calle después de darle todo? Pero mientras la escuchaba, una pantalla azul, invisible para ella, apareció ante mí. Un "Sistema de Justicia Kármica", que me ofrecía "Intercambio de Almas" para Sofía y Mateo. Una sonrisa fría se dibujó en mis labios. Querías a tu "verdadero amor", Sofía? Lo tendrías, y de una forma que jamás imaginaste.
El Protegetor Invisible

El Protegetor Invisible

Mis padres, los Vargas, me sentenciaron: iría a Argentina. Yo, Alejandro, el enólogo genio y anónimo para el mundo, el que creaba los vinos que daban fama a mi impresentable hermano Ricardo, debía marcharme. Mi madre, Carmen, y mi padre, Fernando, me veían solo como una pieza en su tablero, un sacrificio más para su primogénito. Por meses, cuidé de Isabella, la mujer que amaba, mientras ella sufría de amnesia, y me llamó su "Guardián". Pero fue en la fastuosa fiesta de compromiso de Ricardo e Isabella donde mi vida se fracturó para siempre. Ricardo, con una sonrisa triunfal, la engañó para que creyera que él era su verdadero "Guardián". Me acusaron, ante todos, de robar el medallón idéntico al que yo le había hecho a mano, ahora en manos de mi hermano. Mis padres confirmaron la mentira, tachándome de ladrón celoso, un paria perpetuo. Y entonces, frente a la élite vinícola, mi padre me abofeteó. El sonido resonó en la grandiosa bodega, y mi espíritu se hizo añicos en ese instante. Isabella me miró con absoluto desprecio, sin una pizca de duda en sus ojos, completamente convencida de la farsa. Más tarde, en el hospital, mi familia me ignoró, volcando su preocupación en Ricardo, mientras Isabella me culpaba por un accidente que casi me cuesta la vida. En mi propia habitación, Ricardo se regodeó, asegurando que ella siempre sería suya, que yo nunca importaría. Fui arrastrado al fondo de la piscina, acusado de intento de asesinato; luego encerrado en la antigua morgue, en la oscuridad y el frío. Allí, Isabella, mi supuesto amor, me forzó a confesar crímenes que no cometí. En el cumpleaños de Ricardo, me arrebató el reloj de mi abuelo, y me quitó el medallón que yo mismo llevaba, entregándolo a mi hermano como símbolo del "verdadero Guardián". Me dejaron sangrando en el suelo, mi padre golpeándome sin piedad, como si fuera menos que nada. ¿Por qué fue tan fácil para ella creer sus mentiras y tan imposible creer en mí? ¿Era mi destino una existencia de humillación y abandono, una condena impuesta al nacer? Nací solo para servir a Ricardo, para suplir sus carencias, para ser su sombra eterna y su chivo expiatorio. ¿Era este mi único propósito: el sacrificio perpetuo sin amor ni reconocimiento? Con el corazón vacío y la sangre aún en mis venas, tomé una decisión inquebrantable. Romí el billete de avión y firmé mi propia sentencia de muerte social: la renuncia a mi familia y a mi pasado. Dejé todo atrás en España, embarcándome en un nuevo futuro. Alejandro Vargas murió ese día; hoy nacería un nuevo hombre, libre por fin.
Ceos: Matrimonio de Conveniencia, Amor Verdadero

Ceos: Matrimonio de Conveniencia, Amor Verdadero

Emilia y Alexander se conocían desde que eran pequeños y es que sus padres habían sido amigos por muchos años. Ambos eran dos exitosos Ceos en el mundo de la constricción, con empresas en su punto más alto. Sus vidas, sus personalidades y sus estilos de vida eran totalmente diferentes el uno del otro. Eso los había llevado a enfrentarse en más de una ocasión no solo en los negocios, sino en su vida personal. Tendían a molestarse el uno al otro siempre que tenían hasta la más mínima oportunidad. Un día se encuentran en un bar, comparten una copa y eso cambia sus vidas para siempre. Emilia deseaba huir de un pretendiente indeseado, así que se vio en la necesidad de pedirle ayuda a Alexander. Este se encontraba ahí para ver a su novia, la cual descubrió que le era infiel. En su deseo de obtener respuestas de su parte roba el auto de Emilia con ella dentro. Su actitud de lo más inesperada la toma totalmente por sorpresa y no esta dispuesta a permitir que la involucre en lo que sea que pasaba. La actitud a la defensiva de Emilia y un descuido de parte de Alexander les lleva a tener un terrible accidente. Aquel solo es el inicio de todos sus problemas pues una vez en el hospital, un mal entendido cambia de forma radical sus vidas. Sus padres están seguros de que ellos se casaran, todo por un anillo de compromiso que sin duda no era para Emilia. Ambos se encontraban decididos a aclarar las cosas lo antes posible, infortunadamente eso no les es posible y es que la situación no hace más que complicarse conforme pasa el tiempo. Alexander no puede decir la verdad, aceptar que su novia le fue infiel y en su deseo de dañarla por su traición termina por confirmar a sus padres que en verdad se casarían. Antes de que los dos pudieran aclarar las cosas; sus padres les dan una sorpresa, un regalo o al menos así lo creen. Les dan a conocer que han decidió unir sus empresas, tal como siempre habían deseado y con la noticia de su matrimonio al fin podían hacerlo. Tal noticia fue sin duda lo peor que les pudo pasar y es que cuando se encontraban listos para decirles la verdad, todo se había complicado aún más. Emilia era especialmente consiente de que no podían decírselo y eso le estaba volviendo loca. Su padre se encontraba muy enfermo del corazón y una noticia como aquella podría ser devastadora. Todo se trataba de un mal entendido de un error, así que en realidad se encontraba entre la espada y la pared. Alexander era consciente de que lo sucedido había sido su responsabilidad, que el fue quien propicio todo aquel enredo y se encontraba dispuesto a hacer lo necesario para solucionarlo. Habiéndolo pensado con detenimiento se dio cuenta de que solo había una opción posible y esa era casarse. Emilia no se encontraba nada feliz con aquella idea y aun así se vio obligada a acceder, todo por el bien de sus familias. El trato entre ambos era claro, permanecer casados durante un año. En aquel plazo afianzarían la unión de sus empresas y luego se separarían sin ningún tipo de complicación. Para desgracia de ambos eso no les resultaría tan sencillo como habían dado por hecho, no cuando el convivir todo el tiempo comenzó a cambiar su relación. Se conocían desde hacía tanto años que daban por hecho que se conocían lo suficiente como para salir bien librados de aquella situación. En buena parte tuvieron razón al respecto pues conocían los gustos, aficiones, personalidades, fortalezas y debilidades del otro. Con el tiempo que pasaban juntos descubrieron que todo aquello que creían los volvía tan diferentes no los alejaba el uno del otro, sino que los complementaba. Su relación se volvió cada vez más cercana, llevándolos a darse cuenta de que la hostilidad que existía entre ellos quizás solo fuese una mera fachada para lo que en verdad sentían. Las cosas entre ellos comenzaron a acomodarse, a ser felices. Por desgracia, los problemas aun estaban lejos de terminar. El regreso de la ex de Alexander trae consigo una seria de complicaciones, amenazando con revelar la verdad de su unión. Emilia no estaba dispuesta a permitir que eso pasara, así como tampoco sedería a sus amenazas; no se encontraba dispuesta a dejar que la manipulara de ese modo. La repentina muerte del padre de Emilia pone su mundo literalmente de cabeza, el dolor de su perdida le supera al grado en que se deja llevar y termina entregándose a Alexander. Ella se siente bien a su lado, necesita apoyarse en alguien en tan difícil momento y él es el único en que puede pensar. Cuando pensó que nada podría ir a peor, que aquello no podría empeorar se enteró de que su padre había muerto por su culpa. Él había descubierto la verdad, conocía todos sus engaños y eso le había llevado a la muerte. Aunado al dolor por su perdida ahora sabía que ella había sido la responsable de su muerte y eso la destrozaba por dentro. Tomo la decisión de huir de todo y de todos, consciente de que no puede permanecer ahí ni un solo segundo más y mucho menos ver a su madre. Escapa dejando todo atrá
Mi Boda: Una Trampa Cruel

Mi Boda: Una Trampa Cruel

Mi abuela me miró con sus ojos cansados, la preocupación llenaba cada arruga de su rostro. "Xochitl, ya no eres una niña, todas las muchachas de tu edad ya se casaron y hasta tienen hijos corriendo por sus casas." Su voz era suave, pero cada palabra apilaba más presión sobre mí. En nuestro pueblo, una curandera soltera de veinte años era una rareza, casi una anomalía. "La gente empieza a hablar, mi niña, dicen que algo anda mal contigo." Bajé la mirada a mis manos manchadas de hierbas. Un sorteo, esa era la tradición. Los dioses decidirían mi destino. Un frío familiar me recorrió la espalda, no del aire de la montaña, sino de un recuerdo enterrado. En mi vida pasada, había escuchado esas mismas palabras. Y había sonreído, llena de una tonta esperanza. Mi corazón le pertenecía a Tlacaelel. Él, el guerrero más carismático, su sonrisa me hacía temblar las rodillas. Entonces, hice algo terrible: soborné al ayudante de mi abuela. "Asegúrate de que el primer papel que saque sea el de Tlacaelel." Mi boda fue el día más feliz de mi vida, o eso creí. Me trató como a una reina. Pero todo era una cruel trampa. El recuerdo de mi muerte volvió con la claridad de una pesadilla. En la choza, gritando de dolor, dando a luz. Tlacaelel a mi lado, susurrándome palabras de aliento. "Puja, mi amor, ya casi está aquí." El primer llanto de nuestro bebé. Miré a Tlacaelel, su sonrisa se borró. Su expresión se volvió aterradora. Sacó un cuchillo de obsidiana. Lo sentí clavarse en mi vientre, una y otra vez. El dolor fue indescriptible. Mis ojos buscaron a mi bebé. Tlacaelel lo levantó. Con calma monstruosa, aplastó su pequeño cráneo contra el pilar de madera. El llanto se detuvo. Para siempre. Mi mundo se derrumbó. Me torturó durante horas. "¿Por qué?", susurré con mi último aliento. "Porque nunca te amé, Xochitl, mi corazón siempre fue de Citlali, y tú te interpusiste." Todo fue por ella, su amante secreta, mi rival. Mi muerte fue lenta y agónica. Mi alma vagó, consumida por el odio, hasta que vi a Cuauhtémoc, el chamán temido. Lo vi descender al barranco. Recogió mis restos, mis huesos esparcidos. Cavó una tumba en tierra sagrada. Recogió flores silvestres. Veló por mí toda la noche, ahuyentando espíritus malignos con sus cantos. Él fue el único que lloró por mí. El único que me dio un entierro digno. El único que buscó justicia. Y en ese momento, mi alma encontró un ancla, una razón para volver. Abrí los ojos. Estaba de vuelta en mi choza, en mi cuerpo joven y sano. Los recuerdos de Tlacaelel avivaron mi determinación. Esta vez, no habría sorteo. Yo elegiría mi destino. "Abuela, no habrá sorteo." "He elegido a mi esposo. Quiero que arregles mi matrimonio con Cuauhtémoc, el chamán." La mandíbula de mi abuela cayó, sus ojos se abrieron con puro horror. El hombre más temido del pueblo. Mi salvador. Mi futuro esposo. Y el instrumento de mi venganza.
El arquero

El arquero

GERALDO JORDÃO PEREIRA (1938-2008) inició su carrera a los 17 años, cuando se fue a trabajar con su padre, el famoso editor José Olympio, publicando obras destacadas como El niño del dedo verde, de Maurice Druon, y Minha vida, de Charles Chaplin. En 1976 fundó Editora Salamandra con el propósito de formar una nueva generación de lectores y terminó creando uno de los catálogos infantil más premiado de Brasil. En 1992, escapando de su línea editorial, publica Many Lives, Many Masters, de Brian Weiss, libro que dio origen a la Editora Sextante. Afcionado a las historias de suspenso, Geraldo descubrió El Código Da Vinci incluso antes de que se estrenara en los Estados Unidos. La apuesta en la fcción, que no era el foco de Sextante, tenía razón: el título se convirtió en uno de los mayores fenómenos editoriales de todos veces. Pero no fueron sólo los libros a los que se dedicó. Con su deseo de ayudar a los demás, Geraldo desarrolló varios proyectos sociales que se convirtió en su gran pasión. Con la misión de publicar historias emocionantes, hacer que los libros sean cada vez más accesibles y despertar el amor por la lectura, Editora Archer es un homenaje a esta fgura extraordinaria, capaz de ver más allá, apuntando a las cosas verdaderamente importantes. y no perder el idealismo y la esperanza ante los desafíos y contratiempos de la vida. el cumpleaños de mi hermana Priscilla y yo cumplimos 5 años. ¿Está por ahí Conocí a la Muerte en una fest a. eran las 12 C No me pareció particularmente aterrador, Muerte. Me habían contado todo sobre ti, así que verla no me causó una mala impresión. Hasta que me di cuenta de que ella estaba allí para tomar mi padre. Cuando era pequeño, compartía un ritual matutino con mi padre, que comenzaba con el ruido de agua corriendo a través de tuberías ruidosas, un chirrido lloroso tan pronto como abrió el grifo. yo sigo Vivo en la casa donde me crié y hasta el día de hoy es así. En aquel entonces, sin embargo, el ruido signifcaba q padre se había despertado. Recuerdo cómo subí tambaleándome las escaleras, frotándome los ojos para no dormir, tanteando el pasillo oscuro para encontrar el camino hacia la puerta cerrada del baño. Yo vencí y mi padre respondió: – ¿Es esa mi princesa Lulu? Me encantó el apodo, porque le dio a Lucy, mi nombre, un amuleto de cuento de hadas, y estos Las cosas son muy llamativas para un niño de 5 años. Mi padre abría la puerta y la luz se encendía me dolían los ojos cuando me dejó entrar al baño, nuestro santuario privado, solo mío y de él. Era un espacio pequeño. La bañera ocupaba toda la pared y el lavabo tenía una encimera. diminuta, apenas sosteniendo su equipo de afeitar y una barra de jabón. Mickey se queja de eso hasta hoy. Coloqué mi pequeño cuerpo en el asiento del inodoro y abrí el libro. Después de todo, esto era el propósito de estar allí: practicar la lectura en voz alta. Mientras tanto, mi padre, parado frente al fregadero, comenzó a afeitarse. Y todos los días, cuando estaba con la cara enjabonada, se inclinó hacia mí para besarme y me eché a reír. Ahora tengo 33 años y todavía puedo oler la crema de afeitar, todavía puedo escuchar mi risa. Mi padre era un hombre grande. Su vientre prácticamente cubría el fregadero lleno de espuma, y ​al A veces, después de acercarse al espejo para examinar una cosa u otra, descubría una línea de espuma pegada al torso desnudo y dijo: – Fíjate, Lu: tengo un relleno cremoso, como una galleta. Y vino otro beso y más risas. Cuando terminó la sesión de afeitado, peinado y gárgaras, se aplicó la loción Old Spice en el rostro, llenando el baño de ese aroma inolvidable. Sigo siendo un fanático de Old Spice, pero No dejo que Mickey lo use.