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Libros de Moderno para Mujeres

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Секс-гостеприимство

Секс-гостеприимство

Трудное детство. Большая, но совсем не дружная семья. Как же хочется от всего этого уйти! Почему бы ради этого не воспользоваться своей юностью и красотой сразу же после совершеннолетия? К тому же у девушки бешеный сексуальный темперамент. У нее настоящий секс-талант! Ей не нужно штудировать Камасутру, чтобы удовлетворить любого мужчину. Самой Камасутре есть чему у нее поучиться. Молодые и старые, нежные и грубые, напористые и робкие, спортивные и с обвисшим брюхом — все получат свою долю оргазма. Но секс сексом, а настоящего счастья тоже хочется. А вот этого достичь куда сложнее. Неужели так и придется всю жизнь до изнеможения обслуживать бесконечную череду клиентов? На пути к счастью множество преград: и бизнес, и интриганы, и жены. Соперничество очень жесткое. Где взять силы, чтобы победить?
La perdió para siempre, enloquecido por el remordimiento

La perdió para siempre, enloquecido por el remordimiento

Durante veinte años, Adaline fue la amada hija de la familia Singleton, hasta que una prueba de ADN reveló que fue intercambiada al nacer. Todo volvió a su legítima dueña, Elois. Pero la paz nunca llegó. Elois la incriminó falsamente, y Carter, el esposo al que Adaline había amado con locura durante diez años, la encerró en un brutal centro de rehabilitación para "curar" su maldad. Fueron cuatro años de infierno. Allí le rompieron la pierna, le arrancaron las uñas y la torturaron con electrochoques. Cuando por fin la sacaron, fue solo porque Carter exigía el divorcio para casarse con Elois. Abandonada en las calles y diagnosticada con cáncer de pulmón terminal, Adaline le rogó un pequeño préstamo para pagar el hospital. Pero él se burló, destrozó su historial médico acusándola de fingir, y le ordenó besar a un guardaespaldas para ganarse el dinero. Pasó años intentando explicar que ella era inocente, que Elois era quien ordenaba las palizas y abusos. Pero nadie le creyó jamás. ¿Por qué el hombre por el que habría dado la vida la trataba como escoria mientras protegía al monstruo que la destruyó? Con el último rastro de su dignidad pisoteado y escupiendo sangre oscura, Adaline finalmente dejó de suplicar. Con solo dos meses de vida, tomó una decisión: dejaría de amarlo, desaparecería por completo y dejaría que el remordimiento los devorara vivos cuando descubrieran la verdad.
Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

En el cumpleaños de mi esposo, Héctor, le envié un regalo: el embrión preservado del hijo que acababa de abortar. Era mi venganza. Él había incriminado a mi padre, llevándolo a la cárcel y a mi madre a la tumba, todo por su amante, Ámbar. Cuando irrumpió en nuestro departamento en Polanco, con el rostro desfigurado por la furia, me estrelló contra la barra de la cocina. —¡Eres un monstruo! ¿Cómo pudiste destruir a nuestro hijo? —Perdiste ese derecho en el momento en que elegiste a Ámbar por encima de nosotros —escupí. Pero mi desafío solo trajo más horror. Me internó en un manicomio donde Ámbar, la arquitecta de la ruina de mi familia, me torturó con terapia de electrochoques, intentando quebrar mi mente. Fingí sumisión y luego contraataqué, lanzándonos a las dos por una ventana del tercer piso. Yo sobreviví; ella quedó en estado crítico. Tumbada en la cama del hospital, Héctor no vino a mí con remordimiento, sino con una exigencia escalofriante. —Ámbar necesita un injerto de tendón. Eres compatible. La cirugía es mañana. Creía que me tenía atrapada, que podía obligarme a sacrificar una parte de mí por la mujer que me destruyó. Pero mientras él se iba a consolar a su amante, yo hice una llamada. A la mañana siguiente, mientras me suplicaba que no siguiera adelante con la "cirugía", me marché, dejándolo entre las ruinas de la vida que él había destrozado. No sabía que esto no era una cirugía. Era mi escape y el principio de su fin.
Sofía: La Farsa Familiar

Sofía: La Farsa Familiar

Mi vida era un infierno, un cuartucho oscuro y húmedo en las afueras, con olor a moho y el sol temiendo asomarse. Trabajaba doble, lavando platos de día y limpiando baños de noche, apenas durmiendo cuatro horas. Mis manos agrietadas y la espalda adolorida eran mi rutina, mientras los golpes de mi padre y la indiferencia de mi madre marcaban mi existencia. Una noche, mientras sorbía sopa instantánea, mi viejo celular vibró con notificaciones extrañas, comentarios sobre mi vida, crueles y rápidos. "Pobre Sofía, qué vida tan miserable lleva." "Un reality show llamado 'La Crianza Pobre de Sofía' ." Un escalofrío me recorrió al ver lo que decían. Pero el mundo se me vino encima cuando leí: "Mientras Sofía sufre, su hermana Mariana está cenando en un restaurante de lujo con sus papás. Acaban de pedir langosta." Abrí la foto que la acompañaba: mis padres sonriendo, Mariana radiante y feliz, como una familia perfecta. Y yo, que no estaba allí, en mi cuarto miserable, sentí el golpe, la explosión en mi cabeza. La falsa separación, la supuesta quiebra, mi mudanza forzada, todo era una farsa cruel, un circo montado por mi propia familia. Yo era su producto estrella, su boleto a la fortuna. Las lágrimas de traición brotaron, no por el dolor o el hambre, sino por el engaño de quienes se suponía que debían amarme. Ya no iba a ser su títere. Se acabó. Iba a destruirlos, así como ellos habían destruido mi mundo.
Cicatrices del Primer Amor

Cicatrices del Primer Amor

El aroma a café y la calma de mi estudio en la Ciudad de México eran mi santuario, mi paz, un mundo que construí lejos de las ruinas de mi vida anterior. Un número desconocido vibró en mi teléfono y, sin saber por qué, contesté. "¿Sofía? ¿Sofía, eres tú?" La voz de Rebeca, de un pasado que creía enterrado, me heló la sangre. "Mi tono fue más frío de lo que pretendía: "¿Qué quieres, Rebeca?"" Una pausa incómoda. "Es sobre Mateo. Él no está bien. Desde que te fuiste, todo se ha ido al diablo. ¡Te necesita!" El nombre de Mateo Serrano, mi primer amor, mi prometido, el hombre que me destrozó frente a doscientas personas, resonó como una piedra en el estanque de mi estudio. Una risa seca escapó de mis labios: "¿Me necesita? ¿Ahora? ¿Después de cinco años?" Su voz se llenó de una urgencia extraña: "Él se equivocó, Sofía. Camila lo manipuló, le llenó la cabeza de mentiras. La familia Serrano está desesperada. Quieren que hables con él, que lo perdones." Recordé la noche de mi compromiso: Mateo en el escenario de la mansión Serrano, con un micrófono en la mano, su rostro contorsionado por una furia que no entendía. " "Sofía no es quien ustedes creen," había gritado. "Ella ha estado jugando conmigo todo este tiempo. Su corazón le pertenece a otro, un amor prohibido del que nunca me habló. Me usó como un sustituto, como un escalón." " Luego, Camila subió al escenario, tomó su mano, mientras él anunciaba que rompía nuestro compromiso y se iba con ella. Me quedé sola, el anillo de diamantes como un trozo de hielo, bajo la mirada de cientos de personas que murmuraban y juzgaban. " "Rebeca," dije, mi voz ahora tranquila, vacía de toda emoción. "No entiendes. Tu llamada llega cinco años tarde." " " "No, Rebeca, no lo entiendes en absoluto," la interrumpí, y por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa genuina se dibujó en mi rostro." " "Estoy casada, Rebeca. Tengo un esposo maravilloso, un hombre que me ama por quien soy, que confía en mí y me respeta. Su nombre es Diego." " "Acerqué el teléfono a la ventana, donde se escuchaba el ruido de la calle y una risa infantil." " "Y tengo un hijo. Se llama Leo, y acaba de cumplir cuatro años. Él es mi vida, mi felicidad." " El silencio al otro lado de la línea fue absoluto. " "¿Qué? ¿Casada? ¿Un hijo?" La voz de Rebeca era un susurro incrédulo, casi cómico. "No… no puede ser. Nadie sabía. Pensamos… pensamos que estabas sola, sufriendo." " " "Pues pensaron mal," dije, mi voz adquiriendo una dureza protectora. "Así que dile a Mateo, y a su distinguida familia, que me dejen en paz." " " "No tengo nada que perdonarles porque, para mí, ustedes ya no existen." " Colgué, dejando el pasado en el pasado. Mi vida, mi felicidad, mi familia: esa era mi verdad ahora.
Mi Dolor, Su Fortuna

Mi Dolor, Su Fortuna

Mi vieja motocicleta tosía con cada entrega, cada centavo iba para María, mi hija, que luchaba contra una enfermedad cardíaca. Los médicos hablaban de una cirugía costosa, una fortuna que yo, Ricardo, un simple repartidor en la bulliciosa Ciudad de México, jamás podría reunir. Mi esposa, Sofía, lloraba conmigo por las noches, repitiendo: "No tenemos dinero, Ricardo. No sé qué vamos a hacer" . Yo le creía, vivía por ellas, sacrificando cada comida, cada descanso. Hasta que un día, una entrega me llevó a Polanco, a un hotel de lujo donde el aire huele a dinero. Ahí, desde las sombras, la vi bajar de un Mercedes reluciente, con un vestido rojo que no reconocí. Era Sofía, mi Sofía, la que en casa decía no tener ni para un café. Y no estaba sola: un hombre elegante, Alejandro, su exnovio, la besó. Luego, la llevó a una joyería de lujo, donde sonreía de una manera que jamás me dedicó. Vi cómo le compraba un reloj de doscientos cincuenta mil pesos a la hija de él, Camila. Esa cifra me heló la sangre: la mitad de lo que costaba la vida de mi María. Mi mundo se desmoronó, mi realidad se hizo trizas. Todo había sido una farsa, una mentira cruel y gigante que se reía en mi cara. Mientras mi hija luchaba en un hospital, su madre gastaba una fortuna en caprichos ajenos. La rabia me ahogaba, una traición tan profunda que me destrozó el alma. Y justo en ese instante, el destino me dio otra bofetada. Alejandro, mientras yo yacía herido en el asfalto por su culpa, me humilló y llamó a Sofía, quien se rio de mi desgracia. Cuando mi jefe me despidió por la queja de ese imbécil, lo supe: esto no se quedaría así. Mi hija me miró con esos ojos inocentes, me consoló, sin saber la magnitud de la podredumbre que nos rodeaba. Pero cuando vio la foto de su madre con su "nueva familia" en Six Flags, su pequeño corazón no lo soportó y colapsó. Y mientras ella tosía con desesperación, susurró la pregunta que me rompió en mil pedazos: "¿Mamá ya no nos quiere?" . Esa pregunta, te lo juro, encendió en mí la llama de una venganza que nadie podrá apagar. "Vístete, María" , le dije con una calma terrorífica. "Vamos a buscarla. Vamos a conseguir una respuesta" .