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El Despertar de Sofía: Sin Ti

El Despertar de Sofía: Sin Ti

Sofía Romero, con la beca completa de "El Sabor de México" en mano, creyó que por fin cumpliría su sueño de ser chef y escapar de su pequeño pueblo. Pero su amigo de la infancia, Mateo, a quien ella creía incondicional, le tendió una trampa de mentiras, intentando obligarla a renunciar a su beca para acompañarlo a una universidad comunitaria. La verdad se reveló brutalmente a través de notificaciones de un chat grupal: Mateo había obtenido una puntuación perfecta para la prestigiosa Anáhuac y planeaba irse con Camila Flores. En la fiesta de graduación, Mateo se arrodilló ante Camila, entregándole 999 rosas y un collar de diamantes, humillando públicamente a Sofía al culparla de sus estudios mediocres. Sofía, sintiéndose un peso inútil en la vida de Mateo, lo enfrentó, solo para ser arrastrada y encerrada violentamente en un baño, donde las burlas de sus "amigos" en el chat confirmaron que era la villana de la historia. La traición de Mateo alcanzó su clímax cuando su madre colapsó al escuchar sus mentiras sobre la beca de Sofía, un engaño que casi le cuesta la vida. En ese momento de quiebre, Sofía golpeó a Mateo y le juró que nunca más se acercaría a su familia. Determinada a no ser víctima, Sofía emergió con una visión clara de su futuro. ¿Qué podía hacer Sofía con el corazón roto y su futuro en sus manos? Su éxito sería la mejor venganza.
La Mariposa Rota

La Mariposa Rota

"¿Estás segura, Valeria de unirte al ejército en lugar de ir a la universidad?" , la voz de mi director resonaba, llena de incredulidad. Para mí, la decisión ya estaba tomada, el sacrificio ya se había hecho y no por elección propia. Mi corazón se rompió al ver a Ricardo, mi prometido, entrar con mi hermanastra Camila, suplicándole que retirara mi solicitud. ¿La razón? Mi broche de mariposa, el mismo que Ricardo me regaló por nuestro primer aniversario, lo lucía ahora Camila en su cuello. Tirar mi broche a la basura fue fácil, nada comparado con la indiferencia en sus ojos. Al llegar a casa, la escena se repitió: ellos comiendo, yo relegada al rincón, y luego la bofetada de mi tío al anunciarles que me había inscrito en la academia militar. ¡Querían que trabajara en su taller, lavar su ropa sucia, y usar mi salario para las "medicinas" de Camila! El General Morales, amigo de mi padre, vino a interesarse, pero Camila, con un grito, simuló caerse, acusándome de empujarla. ¡Ella se cortó, a propósito! Me echaron de casa, mis tíos, Ricardo y Camila, la "víctima" en sus brazos. Queme sus recuerdos en una pira, con una amarga liberación. Al verlo, Ricardo me acusó de haber provocado la "depresión" de Camila. ¡Me propuso posponer la boda! Mi tía, con un odio tan visceral que quemaba, me gritó: "¡Nunca serás parte de esta familia! ¡Solo la hija de la desgracia!" Y yo, con una calma que los inquietó, acepté posponer la boda, indefinidamente. No me rendía, me liberaba de una atadura más. "¿Una víbora y un cobarde, verdad?" le dije a Ricardo, sonriendo. A la mañana siguiente, con el corazón roto y la voluntad de hierro, me subí al coche que me llevaría a una nueva vida, dejando atrás una historia de traición y abandono.
Renací Por Amor, Morí Por Odio

Renací Por Amor, Morí Por Odio

Mi hermana Elena siempre obtenía lo que quería, sin importar a quién pisoteara, mientras yo, Sofía, la sombra silenciosa, vivía a la deriva bajo el desprecio de mi madre. Una noche, encontré a Elena chateando con Ricardo, mi exnovio, a quien mi madre odiaba, pero Elena recibía en secreto. Intenté advertirle sobre el temperamento de nuestra madre y su obsesión por la reputación, pero ella respondió: "Ricardo es solo una diversión, un juego. Cuando me case, seré la virgen más pura que cualquier millonario haya visto." Meses después, Elena encontró a su millonario, Luis Carlos, pero su vida imprudente la llevó a una infección. En lugar de asumir la responsabilidad, me culparon a mí. "¡Tú tienes la culpa! ¡Sabías lo de Ricardo! ¡Querías arruinarme!", gritó Elena, mientras mi madre me señalaba con odio. El dolor en mi corazón era insoportable. En medio de la histeria colectiva, mi madre y Elena me empujaron, mi cabeza golpeó la mesa de mármol. Morí, llevándome un odio profundo. Pero desperté. La luz del sol entraba por la ventana de mi antigua habitación, y el calendario marcaba dos años atrás. El día en que Elena conoció a Luis Carlos. "¡Tú tienes la culpa!", escuché la voz de Elena. Me toqué la nuca, pero no había herida. Solo mi piel. Había regresado. El pánico se convirtió en una furia helada. Esta vez, las cosas serían diferentes. No sería la víctima. Nunca más.
Corazón Roto en la Cancha

Corazón Roto en la Cancha

El sudor me corría por la frente, mezclándose con la llovizna fría en el estadio. El pitido del árbitro era ensordecedor, pero solo escuchaba el furioso latido de mi propio corazón. Cada jugada era una batalla personal, no contra el equipo rival, sino contra una sombra en mi propio bando. Valeria, mi compañera, se suponía que jugaba a mi lado, pero cada vez que yo tenía el balón, se sentía más agresiva que cualquier defensa contraria. Un codazo "accidental", un pisotón "involuntario" y susurros venenosos: "Muévete, lenta", "Otra vez vas a fallar". Miraba a Ricardo, el capitán, mi novio, buscando su apoyo, pero él no veía nada. Sus ojos fijos en el marcador. Para él, solo la victoria importaba. Ganamos, pero no sentía alegría. El dolor en mi tobillo era agudo y la sensación de ser atacada por mi propia gente me dejaba un vacío. Al cojear, vi a Ricardo celebrar, palmeándole la espalda a Valeria, sonriéndole de una forma que nunca me sonreía a mí. Sola en la banca, intentando masajear mi tobillo hinchado, el celular de Ricardo vibró a mi lado. Lo había olvidado. La pantalla se encendió, mostrando un mensaje de Valeria: "El plan funcionó perfecto, amor. La estúpida apenas y pudo correr al final. Pronto seré yo la delantera estrella, y tú y yo celebraremos el campeonato como se debe". Mi respiración se detuvo. "Amor", "la estúpida", "el plan". Todo encajó. La hostilidad de Valeria, la indiferencia de Ricardo. Una conspiración. Un impulso me hizo levantarme. El dolor olvidado. Los seguí y me escondí detrás de unas colchonetas. "¿Crees que sospeche algo?", preguntó Valeria. "¿Sofía? Para nada", la risa cruel de Ricardo me perforó, "Esa tonta cree que todo lo que hago es por el \'equipo\', cree que la amo, es tan ingenua, tan fácil de manipular". "Pero ¿cuánto tiempo más, Ricardo? Estoy cansada de ser la segunda", ronroneó Valeria. "Paciencia, mi vida, necesito sus pases perfectos para el campeonato. Una vez que tengamos el trofeo, ella no será más que un recuerdo. El equipo será nuestro". Escuché el sonido de un beso, húmedo y largo. Sentí náuseas. Todo era una mentira, una farsa para utilizarme. Me consumió la rabia, pero una idea clara y fría se formó: no iba a ser la víctima. Si querían guerra, la tendrían. El dolor en mi tobillo no era nada comparado con la injusticia y la humillación pública. En el punto más bajo de mi vida, una promesa nació del fuego de mi ira. Me levantaré de estas cenizas y me aseguraré de que paguen por cada lágrima, por cada insulto, por cada gramo de dolor. La próxima vez que nos viéramos, no sería un circo, sería un juicio.
Celos y Secretos: Un Amor Roto

Celos y Secretos: Un Amor Roto

El olor a sal y cerveza barata llenaba el aire de la playa, un aroma que conocía demasiado bien. Esta vez, era real, no una pesadilla: había regresado a la noche que cambió mi vida. La fiesta de graduación de preparatoria estaba en su apogeo. Mi novia, Laura, y Carlos, el capitán del equipo de fútbol, se reían junto a la fogata, ajenos al desastre que se avecinaba. Advertí a Laura que esto se saldría de control, que el alcohol y 'cosas peores' arruinarían nuestro futuro, pero solo me respondió con una burla helada: "¿O es que estás celoso de que Carlos sea más popular que tú?" Mi mejor amiga, Sofía, me miró con falsa preocupación, aconsejándome que me dejara llevar. Fui humillado públicamente, tachado de "aguafiestas" por Carlos, y cuando intenté huir, dos de sus gorilas me detuvieron, obligándome a quedarme, un testigo forzado del desastre inminente. No podía entender por qué se negaban a ver la verdad, por qué mi preocupación se convertía en burla y mi amistad en traición. "¿Por qué nadie me escucha?", me preguntaba, la impotencia me carcomía. Encerrado en un cuarto de almacenamiento, escuché cómo Carlos, Laura y Sofía, a quienes había intentado salvar, conspiraban para culparme de todo, para "plantarme" evidencia. Esta vez, las cosas serían diferentes. No solo iba a sobrevivir, sino que los haría pagar. Este era mi momento para la venganza, una que sería tan dulce como la tequila que arruinaría sus vidas.
El Reclamo de Mi Vida

El Reclamo de Mi Vida

Mi futuro brillante estaba a punto de convertirse en realidad. Tenía diecinueve años, lista para el examen de admisión a la universidad de mis sueños, la UNAM. Pero todo se derrumbó cuando, durante el examen, mi mente se nubló, y la acusación de trampa, con "pruebas" en mi mochila, destruyó mi reputación. reporteros me acorralaron, mi hermanastra Lucía y su novio Ricardo, mi ex, se mostraron "preocupados", pero sus ojos brillaban con un triunfo apenas disimulado y una decepción fría. Mi padre me condenó con su silencio, mi universidad se volvió una fantasía, y mi vida se convirtió en un infierno de empleos mal pagados y miradas de desprecio. Mientras veía a Lucía florecer, heredar la fortuna y comprometerse con Ricardo, el dolor sordo en mi pecho crecía. Cinco años después, trabajando como mesera, los vi entrar, irradiando una felicidad obscena. Escuché a Lucía reírse, "La forma en que la droga que le diste en la leche la dejó completamente atontada. Fue el plan perfecto. Sin ella en el camino, todo ha sido mucho más fácil para nosotros" . Ricardo añadió, "Y pensar que esa tonta creyó que yo era su hermana. Nunca supo que todo lo que quería era quitarle todo lo que tenía" . Era la leche que Lucía me dio esa mañana del examen para "darme energía". La traición me golpeó como un huracán; furiosa, me abalancé sobre ellos, solo para ser empujada. Corrí ciega por las calles, llena de dolor y arrepentimiento, deseando una segunda oportunidad. Un chirrido de llantas, un destello, y luego, la oscuridad. Pero la oscuridad no fue el final. Desperté en mi cama, en mi habitación, cinco años en el pasado. La fecha en el calendario: el día del examen. Lucía entró, con su sonrisa angelical y un vaso de leche. Esta vez, no caeré. Esta vez, la historia la escribo yo, y mi venganza será dulce.
Rosario, Alma de Fuego

Rosario, Alma de Fuego

Rosario, una joven adinerada, asumió el control de dos empresas en momentos separados tras la inesperada muerte de su millonario esposo. Durante el día, ostenta el prestigioso cargo de una de las CEO más destacadas en la pasarela de modelaje a nivel internacional. Sin embargo, guarda celosamente un secreto: durante las noches, una vez al mes, se transforma en la directora ejecutiva de un exclusivo rincón de placer conocido como "Alma de Fuego", ubicado en el selecto bar Swett Gearl, en el corazón de la ciudad del placer en la zona céntrica de Guatemala. Todo transcurría con éxito en sus negocios después de ofrecer un servicio sin precedentes en el mundo, hasta que un joven apodado Luzbel irrumpió en su vida. Este enigmático personaje se enamora de la identidad secreta de Rosario, que se revela por primera vez en su bar sin dejar rastro alguno en su vida pública. Lo que la CEO desconoce es que Luzbel, en realidad Jupiter Ríos, busca a Rosario con el propósito de seducirla y poner fin a sus imperios de modelos y placer. El giro inesperado llega cuando Rosario descubre que Luzbel, también conocido como Jupiter Ríos, es en realidad el hijo que su difunto esposo tuvo mucho antes de conocerla, apenas tres años menor que ella. Este conocimiento desencadena una trama de amor, venganza y traición. ¿Cómo se resolverá este intrigante desenlace en la novela que narra la historia de Rosario y su enfrentamiento con Luzbel/Jupiter en la lucha por el control de sus imperios y sus corazones?
El Don Robado Volvería

El Don Robado Volvería

El olor a desinfectante y un pitido monótono me devolvieron a la vida después de un accidente que casi me cuesta todo. Abrí los ojos en la cama de un hospital, con mi cuerpo gritando de dolor y mi mente llena de los fragmentos de un sueño roto: la audición para la Escuela Nacional de Danza de México, el fracaso humillante, el camión que no vi venir. Luego llegaron Mateo, mi novio, y Camila, mi mejor amiga, con sus sonrisas preocupadas y sus canastas de frutas. Sus voces sonaban dulces, llenas de alivio, pero algo había cambiado en mí. Una voz distinta, clara y cruel, resonaba en mi cabeza. No eran sus palabras audibles, sino sus pensamientos, oscuros y venenosos. "Qué fastidio, por fin despierta esta inútil. ¿Cuánto más tendré que fingir que me importa?", pensó Mateo. "Ojalá se hubiera quedado en coma. Es patético verla así", lo secundó Camila, mientras me decía lo mucho que me quería. No era una alucinación. Estaba escuchando sus mentes. Descubrí la verdad, una verdad tan amarga como la sangre: ellos no solo me habían visto caer, sino que me habían empujado. "Sistema de Intercambio de Talento", "amuleto", "robar"- sus pensamientos revelaban que habían usado magia oscura para despojarme de mi don, celebrar su éxito sobre mis ruinas. Me dejaron vacía, una versión mediocre de mí misma. La ira, fría y afilada, empezó a nacer en mi pecho. Pero ellos no sabían que, gracias a mi experiencia cercana a la muerte, tenía un nuevo poder: el de escuchar la verdad detrás de sus mentiras. La Sofía ingenua había muerto en la carretera. La que yacía en esa cama de hospital era otra, una que ahora solo tenía un propósito: recuperar lo que era suyo y hacerles pagar. La venganza sería mi nueva danza.