VISTA D
lunes c
sentía como el d
edificio solo para verlo. Para contemplar al hombre que me había destro
o odiaba
a de todo, me o
despertar cada mañana pensando: quizá hoy
stúpi
abial para no parecer medio muerta y entré en la o
sto, nadi
umplía con mis obligaciones como una gamma perfecta. Hast
Informes de inversión. Memorando
que el imperio que Calhoun intentaba co
nos que soste
l no l
o había
s. Informé a los guerreros, revisé dos veces los contratos que llegaban de los sectores comerciales
a que ser
que estar e
el reloj cuando el cor
er
reu
e entrar de nuevo en su despacho y fingir que no había pasado el fin de semana entero
o. Una vez.
manos ocupadas, para impedir que me tembla
imía el pecho. Como si mi corazón ya
ces l
ri
menina. E
dé par
uella voz en c
ela
ombros se me hundieron. Quise encogerme has
nía que
hacer mi
abrí l
bandonó mi rostro en c
estab
to escritorio como si
udo mientras le daba trozos de manzana. Manzana.
entras la otra rodeaba perezosamente la cint
de llegarme a
abía negado a beber del mismo vaso que yo cuando tuve fiebre. El que jamás me permitía sent
tarse sobre s
de comer co
con total
ra aquel
rada hacia mí. Su tono
algo sin importancia-. ¿Qué quieres? ¿Por qué está
xpedientes a la cara.
ue pude hacer f
mó
ill
coraz
a v
, aunque apenas log
ión dentro de ci
la empezó a tose
só -tal vez el instinto, tal vez la preocupaci
dar quién era
di
Calho
stuvo a punto
es había visto. De inmediato tomó la otra taza del escritorio, una de cerámica que jamás pe
lev
opia
cuidado a los la
espacio -le pidió, co
e no alcancé a oír. No apartó la mano de su cuerpo ni un instante: le
y los labios apretado
lí
cuánto
tierna de Calhoun q
ra aquello
á así fuera- antes de plantar un beso posesivo en sus labios. Le rodeó la nuca con u
rió, dulce
ó-. Harías cualquier cosa para ase
s carpetas, aferrándome a ellas con todas
oun se curvaron en
que veía semejante
a hecha
para
Carmela y, con una r
o. Cualquier
er cosa
por
a po
temblaba e
penas consiguió devolverme a la realidad. Miré
e la manada, dentr
ojos para ocultar el ardor que
las manadas todavía esperan tu respuest
co. Lo suficiente para ver a Carmela poner los ojos en b
ñalaba-. Te juro que odio a esta gamm
se rí
clavó en mí una
s ojos oscuros que tantas veces s
narse siquiera a mirarme de frente-. Mi futura luna
unión o quizá a sugerir que otra persona transmitiera
cualquier reunión de la ma
cesitara r
era olvidado cu
nta fuerza que tuve que cerrar los
lfa -m
ión. Estaba a punto de darme la vuelta cuando Carmela dejó escapar otro
l mejor caldo de toda la oficina. Me gustaría probarlo. Me quedaré aq
nes se me
favo
to
s Calho
ar el caldo. Quédate con
fue
ón. Ni una mirada para comprobar el dolor
ios, incluso curvar los
, a
la v
. Me dolía el pecho
e allí e hi
dé tres
nvencerme de que deb
os para re
entre las manos, lo primero
a de pie, cer
iado
o una esposa perfecta. Él mantenía la cabe
reparó en
encio. Cuando me volví hacia Carmela con el cuenco,
a y lo dejé con cuidado
mitó a tomar la cucha
u rostro se co
nios es es
tuve tiempo de retroceder antes de qu
isa. Un calor abrasador me quemó la pie
¡
ndome e intenté no
ún no había
Calhoun. Su taza sagrada. La únic
ta furia que no logr
cos contra
oda la cara y el impacto
r mi rostro. Me tambaleé y tuve que apoyarme contra la pared.
se pus
peligroso tono ámbar. Cada
gamma. ¿Qué intentaba
e resp
ada. Solo respiraciones cortas y una humillación q
se abrió
do por varios miembros del person
ela fue m
hubiera ensayado aquel momento. Corrió a refugiarse en sus brazos y h
.. Solo porque antes la regañé por interrumpirnos.
pad
ndo. El corazón me marti
pe
me preguntara qu
no lo
a y le susurró al oído alg
hacia alguien que
iera ha
rio en un setenta por ciento. Y asegúrate de que aprenda a prepar
ela con un brazo, la atrajo con suavidad
fue
regu
def
mirada en
cil, yo n
ngrando y humillada, mientras la puer
coraz
en pedazos que nadie se mo
/0/26653/coverbig.jpg?v=dd3b3934ee39662624ac63f19519f1f4&imageMogr2/format/webp)