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¿Puede un contrato de sangre borrar el fuego de una noche prohibida? Amira es una joven latina cuya vida se convierte en una moneda de cambio cuando su padre la entrega a la poderosa dinastía Al-Fayed. Obligada a cumplir un pacto matrimonial firmado en las sombras, Amira decide reclamar su propia libertad por una última vez en las calles de Nueva York. Esa noche, entre copas y adrenalina, se entrega a un extraño de mirada gélida y mando absoluto, creyendo que jamás volvería a verlo. Pero el destino tiene un sentido del humor cruel. Al llegar al desierto, Amira descubre que su esposo es un hombre en coma, y que el extraño con el que pecó no es otro que Cem, el futuro Sultán y hermano mayor de su marido. Atrapada en un palacio de oro donde el honor se escribe con sangre, Amira guarda un
El olor a incienso y tierra mojada se me pegaba a la garganta, asfixiándome más que el propio luto. Observé el ataúd de mi padre descender lentamente, llevándose consigo no solo sus restos, sino también la última pizca de piedad que le quedaba a mi familia. No había lágrimas en mis ojos; el fuego de la traición las había secado antes de que la primera palada de tierra golpeara la madera.
-Es por el bien de todos, Amira -susurró mi tío al mi lado, su voz carente de emoción, mientras me apretaba el brazo con una fuerza que pretendía ser consuelo, pero que se sentía como una cadena.
-¿El bien de quién? -respondí sin mirarlo, con la mandíbula tan tensa que temí que mis dientes se quebraran-. Me han vendido como si fuera ganado, tío. Han usado mi vida para tapar los agujeros que dejó la ambición de mi padre.
Nadie respondió. En mi familia, el silencio era la moneda con la que se pagaban las culpas. Mi padre, Santiago Valdés, había muerto dejando un imperio en ruinas y una deuda de sangre con personas que no entendían de quiebras financieras, solo de honor y contratos.
Apenas terminó la ceremonia, no hubo café de pésame ni abrazos de consuelo. Me escoltaron directamente hacia una camioneta negra blindada. Mis maletas ya estaban en el maletero; mi vida entera había sido empacada por extraños mientras yo velaba a un hombre que me había traicionado en su última voluntad.
-El vuelo sale en dos horas -dijo uno de los hombres de traje oscuro que no conocía. No eran seguridad de la familia; eran los enviados de los Al-Fayed.
El trayecto al aeropuerto fue un borrón de luces y asfalto. Me sentía desconectada de mi propio cuerpo, como si estuviera viendo la película de una ejecución ajena. Al llegar a la terminal privada, el aire acondicionado me golpeó como una bofetada de realidad. Allí estaba el jet privado, con un emblema dorado que no lograba descifrar, pero que gritaba poder y posesión.
-¿Nueva York? -pregunté, deteniéndome frente a la escalerilla del avión.
-Es el punto de entrega, señorita Amira -respondió el escolta, señalándome que subiera-. Allí esperará las instrucciones finales antes de su traslado definitivo al reino.
Subí los escalones con las piernas temblorosas. Al entrar en la cabina de lujo, me recibió el lujo más obsceno que había visto jamás: cuero fino, maderas exóticas y champán helado. Sin embargo, para mí, aquello no era más que una jaula de oro con alas. Me desplomé en uno de los asientos y miré por la ventanilla cómo mi tierra, mi lengua y mi pasado se hacían pequeños bajo el ala del avión.
Me enviaban a Nueva York para ser entregada a un contrato matrimonial que no firmé, a una familia árabe que no conocía y a un destino que otros habían decidido por mí.
Me serví una copa de cristal, ignorando el temblor de mis manos. Mi padre me había vendido, mi familia me había escoltado al matadero y el mundo esperaba que fuera una esposa sumisa. Pero mientras el avión se elevaba sobre las nubes, una chispa de rebelión se encendió en mi pecho. Si esta iba a ser mi última noche de libertad antes de convertirme en la propiedad de un extraño, me aseguraría de que fuera una noche que ni el mismo Dios pudiera olvidar.
No sabía que en las sombras de Nueva York me esperaba un par de ojos oscuros que me robarían el alma antes de que el desierto reclamara mi cuerpo. Solo sabía que, a partir de hoy, Amira Valdés había muerto, y la mujer que renacería en las dunas no se dejaría domar por nadie.
La Segunda Esposa del Sultán: Pecado de Sangre
L.alejandra
Romance
Capítulo 1 incienso
15/07/2026
Capítulo 2 NY
15/07/2026
Capítulo 3 cap 3
15/07/2026
Capítulo 4 cap 4
15/07/2026
Capítulo 5 cap 5
15/07/2026
Capítulo 6 cap 6
15/07/2026
Capítulo 7 cap 7
15/07/2026
Capítulo 8 cap 8
15/07/2026
Capítulo 9 cap9
15/07/2026
Capítulo 10 cap 10
15/07/2026
Capítulo 11 cap 11
15/07/2026
Capítulo 12 cap 12
15/07/2026
Capítulo 13 cap 13
15/07/2026
Capítulo 14 cap 14
15/07/2026
Capítulo 15 cap 15
15/07/2026
Capítulo 16 cap 16
15/07/2026
Capítulo 17 cap 17
15/07/2026
Capítulo 18 cap 18
15/07/2026
Capítulo 19 cap 19
15/07/2026
Capítulo 20 cap 20
15/07/2026
Capítulo 21 cap 21
15/07/2026
Capítulo 22 cap 22
15/07/2026
Capítulo 23 cap 23
15/07/2026
Capítulo 24 cap 24
15/07/2026
Capítulo 25 cap 25
15/07/2026
Capítulo 26 cap 26
15/07/2026
Capítulo 27 cap 27
15/07/2026
Capítulo 28 cap 28
15/07/2026
Capítulo 29 cap 29
15/07/2026
Capítulo 30 cap 30
15/07/2026
Capítulo 31 cap 32
15/07/2026
Capítulo 32 cap 32.2
15/07/2026
Capítulo 33 cap 33
15/07/2026
Capítulo 34 cap 34
15/07/2026
Capítulo 35 cap 35
15/07/2026
Capítulo 36 cap 36
15/07/2026
Capítulo 37 cap 37
15/07/2026
Capítulo 38 cap 38
15/07/2026
Capítulo 39 cap 39
15/07/2026
Capítulo 40 cap 40
15/07/2026