ármol blanco y silencio sepulcral, un contraste violento con el caos colorido de mi hogar. Pero no estaba sola. Frente a mí, obser
e desprecio mientras observaba mi postura-. Te permitió ser ruidos
me había criado para ser libre, no para
fombra -respondí, sosteniéndole la mirada co
íritu para lograrlo -sentenció ella-. Mañana empezaremos con el protoco
aron el pequeño frasco que había logrado ocultar en mi lencería durante el viaje: gotas de sedante que mi prima me había dad
utos antes de que sus ojos empezaran a pesarle. Sus insultos se volvieron balbuc
iz -susurré, sintiendo un
rto y ajustado, que gritaba "latina" en cada costura. Me maquillé con ferocidad, pintando mis labios de un carmín que parecía
n de un bar exclusivo, el Obsidian, llamaron mi atención. El sonido del
orando las miradas hambrientas de los hombres a mi paso. Solo quería una copa. Solo quería sentir qu
sin sal ni limón
grosa -dijo una voz profunda a mi espalda, una voz
ada era oscura, gélida y cargada de un poder que me hizo dar un paso atrás por instinto. No sabía su nombre, no sabía que él era la pe
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