¿Cómo domar a un boxer salvaje?

¿Cómo domar a un boxer salvaje?

Sable Thorn

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Capítulo

Al regresar a su ciudad natal para una cita a ciegas, Verena esperaba encontrar estabilidad, pero no a Asher, un rudo entrenador de boxeo que parecía tener demasiada confianza en sí mismo. Cuando le preguntó por qué alguien como él había optado por una cita a ciegas, respondió que simplemente era exigente con las mujeres. ¿Su opinión? Demasiado superficial. Desde luego, no era alguien en quien pudiera confiar. Convencida de que no era de fiar, ella mantuvo las distancias. Sin embargo, el hombre aparecía por todas partes, llenando sus días de comentarios burlones y encuentros sospechosamente oportunos. Verena supuso que se trataba de un simple coqueteo, sin darse cuenta de que él llevaba años esperándola en silencio. Hasta que un día, las cosas dieron un giro. Cuando ella lo acorraló y lo desafió, el hombre, por lo general descarado, se puso rojo. "Soy un tipo decente", insistió, mientras ella luchaba por no reírse de su inesperada inocencia.

¿Cómo domar a un boxer salvaje? Capítulo 1 El entrenador frívolo

Con una voz profunda y cautivadora, el entrenador dijo: "Mi nombre es Asher Lloyd, tengo treinta y un años y trabajo como entrenador de boxeo".

Verena Stewart jamás imaginó que a sus veintiocho años regresaría a su pueblo natal solo para ir a una cita a ciegas.

La casamentera le había asegurado que el hombre con el que se iba a encontrar era un gran partido. No era de la zona y sus padres ya habían fallecido, pero su abuela aún gozaba de buena salud y vivía con él.

Tenía una casa de tres plantas en la ciudad, un apartamento ya pagado en el centro y un buen auto.

También dirigía un gimnasio de boxeo en la zona céntrica y tenía un ingreso bastante bueno.

En el pueblo, todos lo conocían como el entrenador Lloyd.

En ese instante, el supuesto hombre ideal estaba sentado frente a ella, imponente por su alta estatura.

Iba vestido completamente de negro, lo que le daba un encanto rudo y de chico malo. Tenía facciones bien marcadas y un corte rapado impecable, el tipo de apariencia que a las generaciones mayores les parecía sumamente atractiva.

Sin embargo, su rostro no reflejaba emoción alguna y emanaba un aura tan fría que lo hacía parecer distante e inaccesible.

Aunque era un hombre innegablemente atractivo, su semblante cortante dejaba en claro que no era fácil entablar conversación con él.

Verena le dirigió una sonrisa de cortesía: "Soy Verena Stewart. Tengo veintiocho años y trabajo como traductora".

Asher la observó en silencio. La joven tenía una piel impecable y un aire elegante y etéreo; aunque sonreía con cortesía, su mirada transmitía cierta distancia.

Mientras la contemplaba, notó el pequeño lunar cerca del rabillo de su ojo. Por un instante, su expresión fría se suavizó.

Tras las breves presentaciones, un silencio incómodo se instaló entre ellos.

Era la primera cita a ciegas de Verena, y nunca había sido buena para romper el hielo en situaciones raras. Además, el comportamiento gélido de Asher hacía que tuviera aún menos interés en iniciar una conversación casual.

Así que tomó su vaso y le dio un sorbo de agua para disimular la tensión.

Al bajar el vaso, se dio cuenta de que él seguía ahí sentado, mirándola en silencio con la misma expresión indescifrable.

Un leve escalofrío recorrió el cuerpo de Verena, pero mantuvo la compostura y preguntó: "Escuché que eres todo un partidazo. ¿Por qué alguien como tú necesita citas a ciegas?".

"Soy exigente", respondió él simplemente.

Verena intentó bromear: "Pensé que tu familia te había obligado a venir".

"Así fue", confirmó él con su voz profunda y firme. "Mi abuela me dijo que se pondría muy triste si me perdía la cita de hoy".

Justo cuando Verena pensaba en lo directo que era ese hombre, Asher añadió con despreocupación: "Tampoco hay por qué tomarse esto tan en serio. Si sale algo, bien. Si no, considéralo solo una experiencia agradable. En el peor de los casos, ganarás experiencia".

¡Qué tontería!

Verena forzó una sonrisa y dijo: "Parece que tienes mucha experiencia con las citas a ciegas".

"Así es", confirmó él, encogiéndose de hombros con despreocupación. "Fácil he tenido como cien".

En ese instante, la joven se dio cuenta de que estaba ante un tipo irresponsable y poco confiable.

"No creo que seamos compatibles". Midió sus palabras con prudencia, consciente de que compartían pueblo y que acabarían topándose tarde o temprano. "Prefiero a los hombres maduros y fiables. Para ser sincera, hace poco perdí mi trabajo, me estafaron mis ahorros y ahora estoy endeudada. Por eso volví al pueblo y ahora vivo de mi familia. No estoy a tu nivel. Espero sinceramente que encuentre pronto a alguien adecuado".

Asher entrecerró los ojos; era imposible descifrar qué pasaba por su mente.

Tras un breve silencio, se limitó a responder: "De acuerdo".

Verena lo vio agarrar su abrigo y alejarse a paso firme. Al mirar su figura en retirada, no pudo evitar sentirse un poco sorprendida.

Era un hombre alto y fornido, de espalda ancha y cintura firme; todo en su anatomía proyectaba fuerza e imponencia.

Con su aspecto y su físico, destacaría incluso en una gran ciudad, y mucho más en un pueblo pequeño como este.

Qué lástima que tuviera un carácter tan desagradable.

Al final, Verena le dijo a la casamentera que no le gustaban los hombres frívolos. Así terminó su fallida cita a ciegas.

El viento de diciembre era gélido. Luces de colores adornaban los árboles a lo largo de las calles, llenando el pueblo de un aire festivo.

Sin embargo, la escena le resultaba a Verena tan familiar como ajena.

Si lo pensaba bien, no había vuelto en ocho años, desde que se marchó a la universidad y empezó su carrera.

Su último año había sido una pesadilla.

A principios de año, alguien con contactos ocupó el puesto de subdirectora general que prácticamente le habían prometido. Más adelante, un compañero de trabajo la culpó por un error ajeno y terminó despedida.

Para colmo, poco antes de cerrar el año cayó en una estafa por una llamada telefónica y le robaron hasta el último centavo de sus ahorros.

Tras años de luchar en la ciudad, se quedó sin nada.

Por esa razón no le quedó de otra que regresar a casa.

Por un lado, ya ni siquiera podía pagar la renta; por el otro, el hombre del que llevaba años enamorada había anunciado su compromiso apenas la semana anterior.

Al día siguiente de su regreso, su tía Lisette Barnes le organizó a toda prisa esa cita a ciegas, derivando en el incómodo momento que acababa de pasar.

Nada más entrar en casa, oyó a su tía Lisette y a su tío Gerardo Barnes, discutiendo en el pasillo.

No levantaban mucho la voz, pero, como el edificio era viejo y tenía paredes delgadas, cada palabra se filtraba nítidamente.

"¿Le organizaste una cita a ciegas a Vera en cuanto volvió? Claro, las condiciones de Asher son buenas, ¡pero un hombre de treinta y tantos que sigue soltero debe tener algún problema!".

"¿Y qué querías que hiciera? Renunció a su empleo de la noche a la mañana y regresó. ¿Y ahora dice que no se irá pronto? ¿Espera quedarse aquí y vivir de nosotros gratis? ¡No pienso mantener a ninguna parásita!".

"¡Vera no nos ha pedido ni un centavo desde que entró a la universidad! Incluso nos trajo ropa y regalos cuando volvió a casa esta vez. ¿No puedes mostrar un poco de amabilidad?".

"Gerardo, ¿no fui ya bastante generosa al recibirla cuando la sacamos del orfanato hace años? Vive bajo nuestro techo desde que era un bebé. ¡Nos lo debe todo! Además, tiene casi treinta años, no está casada y ni siquiera tiene trabajo. ¿Cómo se atreve a volver? ¿Qué van a decir los vecinos? ¡Qué vergüenza salir a la calle! Encima solo tenemos dos cuartos. Rosanna viene pronto de visita con su esposo. O Verena encuentra un lugar propio, o se casa y se muda con su marido. ¡Aquí ya no cabe!".

Del otro lado de la puerta, a Verena se le doblaron las piernas.

Tras tantos años fuera, seguía siendo una desconocida que no pertenecía a ese lugar.

Cuando por fin logró juntar fuerzas y entró, su tía mantenía la cara larga. Apenas la vio, empezó a sermonearla de nuevo: "La casamentera me dijo que rechazaste a Asher. Mírate al espejo, ¿de dónde sacas tanta exigencia? Cuando una mujer llega a los veintiocho años, ya ha pasado sus mejores años. ¡A esa edad ya nadie te voltea a ver! ¿Piensas que por haber trabajado un par de años en la ciudad eres superior? Ahora sigues pareciendo joven, así que date prisa y cásate. Lo hago por tu propio bien. Le pediré a la casamentera que te consiga unos cuantos hombres más, ¡y mañana tendrás otra cita a ciegas!".

"¡Lisette, ya basta! Vera es una chica buena y se merece...".

"Tío Gerardo". Sin ganas de verlos pelear por su culpa, la joven lo interrumpió con una sonrisa forzada. "No me importa ir a citas a ciegas. Si conozco a alguien con quien conecte, sería estupendo".

Ya en su cuarto, cerró la puerta y dejó la sonrisa forzada. Su rostro se contrajo en un gesto de dolor.

Sintió una fuerte punzada en el pecho mientras gotas de sudor frío le cubrían la frente.

Se arrastró hasta la cama, metió la mano bajo la almohada y sacó el frasco de medicina que guardaba ahí. Tras tragarse las pastillas, se dejó caer sobre el colchón, exhausta.

Al cabo de un rato, su respiración se estabilizó. Tomó el celular y abrió WhatsApp, solo para encontrarse con una solicitud de amistad.

La foto de perfil del usuario mostraba una espiral de humo negro que transmitía un aura inquietante y extraña.

Verena aceptó la solicitud y le escribió: "¿Quién eres?".

A los pocos segundos, llegó la respuesta: "El entrenador frívolo".

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¿Cómo domar a un boxer salvaje? ¿Cómo domar a un boxer salvaje? Sable Thorn Moderno
“Al regresar a su ciudad natal para una cita a ciegas, Verena esperaba encontrar estabilidad, pero no a Asher, un rudo entrenador de boxeo que parecía tener demasiada confianza en sí mismo. Cuando le preguntó por qué alguien como él había optado por una cita a ciegas, respondió que simplemente era exigente con las mujeres. ¿Su opinión? Demasiado superficial. Desde luego, no era alguien en quien pudiera confiar. Convencida de que no era de fiar, ella mantuvo las distancias. Sin embargo, el hombre aparecía por todas partes, llenando sus días de comentarios burlones y encuentros sospechosamente oportunos. Verena supuso que se trataba de un simple coqueteo, sin darse cuenta de que él llevaba años esperándola en silencio. Hasta que un día, las cosas dieron un giro. Cuando ella lo acorraló y lo desafió, el hombre, por lo general descarado, se puso rojo. "Soy un tipo decente", insistió, mientras ella luchaba por no reírse de su inesperada inocencia.”
1

Capítulo 1 El entrenador frívolo

Hoy, a las 09:42

2

Capítulo 2 Deja de mirarme

Hoy, a las 09:42

3

Capítulo 3 No soy una pervertida

Hoy, a las 09:42

4

Capítulo 4 Un poco demasiado

Hoy, a las 09:42

5

Capítulo 5 Es mi novio

Hoy, a las 09:42

6

Capítulo 6 Sé cómo tratar a una mujer

Hoy, a las 09:42

7

Capítulo 7 ¿Bebiendo sin mí

Hoy, a las 09:42

8

Capítulo 8 Te llevaré a casa

Hoy, a las 09:42

9

Capítulo 9 Ganarse su corazón no será fácil

Hoy, a las 09:42

10

Capítulo 10 Verena, feliz Navidad

Hoy, a las 09:42

11

Capítulo 11 Asher casi nunca hablaba

Hoy, a las 09:42

12

Capítulo 12 ¿Cuál es tu tipo ideal

Hoy, a las 09:42

13

Capítulo 13 Un desayuno inesperado

Hoy, a las 09:42

14

Capítulo 14 Te vi tratando de seducir a Asher

Hoy, a las 09:42

15

Capítulo 15 Un beso te sube la adrenalina

Hoy, a las 09:42

16

Capítulo 16 ¿Quién te dejó esa marca ahí

Hoy, a las 09:42

17

Capítulo 17 ¿Quieres que te recomiende algo de porno

Hoy, a las 09:42

18

Capítulo 18 Que se vuelva loco

Hoy, a las 09:42

19

Capítulo 19 Cómo se supone que me acerque a ti

Hoy, a las 09:42

20

Capítulo 20 Fuiste tú quien la abandonó

Hoy, a las 09:42

21

Capítulo 21 Conflicto familiar

Hoy, a las 09:42

22

Capítulo 22 Probablemente está nervioso

Hoy, a las 09:42

23

Capítulo 23 Debes quererla mucho

Hoy, a las 09:42

24

Capítulo 24 ¡Qué mujer tan desalmada!

Hoy, a las 09:42

25

Capítulo 25 ¿Por qué no intentarlo

Hoy, a las 09:42

26

Capítulo 26 ¿De verdad tienes novia

Hoy, a las 09:42

27

Capítulo 27 Feliz día de San Valentín, Verena

Hoy, a las 09:42