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uelo de mármol fue lo único que interrumpió e
Eran las dos de la madrugada. Su padre, Rodrigo de la Vega, nunca llegaba tarde. Y ciertamente, nunca entrab
seda de su bata color crema rozó sus tobi
ró allí le he
plastarlo. Su corbata estaba deshecha, colgando flácida alrededor de su cuello; su cabello, siem
o del brazo justo antes de que sus rodillas cedieran
na sombra del barítono autoritario que solía cerra
cesar las palabras mientras lo ayuda
icos? Te dije que no te preocuparas, podemos vender la c
e que carecía de cualquier humor. Se dejó caer
cuentas en Suiza. -Separó los dedos para mirarla con oj
ó un zumbido
mos los De la Vega. Nuestra
fetada-. Estaba desesperado. Las deudas se acumulaban, los bancos cerraban las p
orrorizada. Su padre no era u
patrimonio? -preguntó
ro callejero con suerte... -Rodrigo se pasó la mano por el cabello, temblando-. Pero él
Quién tiene todo
a. En sus ojos había un
te V
a a sus fiestas. Lo llamaban "El Lobo de Hierro". Un hombre que había surgido de la nada, devorando empresas en quiebra y destruyendo legados familiares sol
a los abogados mañana. Declararemos la bancarrota, venderemos esta casa, nos mu
las lágrimas comenzaron a ro
go para mañana a mediodía, no solo nos quitarán la casa. Iré a la cárcel por malversa
Cárcel. Su padre, un hombre de sesenta años con el c
mandíbula-. ¿Cuánto quiere para dejarte
que inclinarse para escucharlo-. Le ofrecí todo lo que me quedaba.
ces qué
ltima vez que la veía. Había vergüenza en su mirada, una vergüenza
a deuda. Que quemaría los documentos que me i
-gritó ella, perd
mbio
bsoluto. Valeria parpadeó, s
Qu
n contrato. Un año. Quiere que trabajes para él. Que vivas bajo su techo.
o. Era una venta. Dante Volkov no quería una asistente; quería un trofeo. Querí
lla, con lágrimas de incre
con desesperación-. ¡Le dije que no! Preferiría morir antes que e
jos ante la idea de la prisión, la fragilidad de su vejez. Si iba a la c
a el ventanal que daba a los jardines oscuros. En algún lugar de esa ciudad,
reía que podía
u vida de lujos, de fiestas y preocupaciones superficiales había t
la barbilla en alto y una
jo con voz firme-. Llama a Vol
blo. Y pensaba mirarlo
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