la residencia privada de Dante fue un bo
"Boris", no dijo una sola palabra. Condujo el sedán negro a través del tráfico de la ciudad como si
onde compraba sus zapatos, el parque donde solía correr por las mañanas. Todo parecía estar a a
endo el coche frente a un edificio residencial
la mansión de su padre. Boris la escoltó hasta un ascenso
ijo el hombre, tecleando un código de seguridad-. N
a claro: Está
apartamento, Valeria contuvo el aliento. Si la oficina de Dan
llando a sus pies como un mar de joyas. Pero no había calidez. No había fotos familiares, ni alfombras persas, ni el desorden acogedor de
, señorita
un uniforme negro impecable y el cabello gris recog
ue no admitía réplicas ni simpatías-. El señor Volkov me
un nudo en el estómago-. ¿Dónde está mi eq
dándose la vuelta s
ro, decorado únicamente con obras de arte abstracto q
nunció Greta, abriendo una
ión de invitados estándar. Lo que encontró fue
imalistas. Pero no había televisión. No había estanterías. Solo una cama,
o familiar. Buscando sus suéteres de cachemir
acío de
seda ceñidos al cuerpo en colores oscuros: burdeos, negro, azul noche. Faldas de tubo con aberturas peligrosas. Tacones d
ose hacia Greta con la voz temblorosa por la ir
cruzadas delante de su
enía de su vida anterior ha sido donado o desechado. Él insis
tiendo que las lágrimas quemaban sus oj
rmó el contrato. Ahora, le sugiero que se duche y se cambie. El señ
cerró la puerta con un cl
cia la ventana, buscando una salida, pero estaba sellada. Estaba en un pi
garró uno de los vestidos que colgaban en el armario. Era un vestid
. Estaba desmantelando a Valeria de la Vega pieza p
ba su traje blanco, ahora ar
as lágrimas con rabia-. Bien. Seré la muñeca más cara que has tenido. Pe
aminó hacia el
. Y ella estaba atrapada
/0/22844/coverbig.jpg?v=8c02ce3a46514481ebfbf69808f6458f&imageMogr2/format/webp)