er que Valeria ya no reconocía. Se había frotado la piel con la esponja hasta dejarla roja, c
, y respiró hondo. «Es solo un año», se dijo a sí mi
rando encontrar la habitación
quiv
estaba
bitación, con una pierna cruzada sobre la otra de forma casual, como
reloj de pulsera que valía más que la
intiéndose repentinamente desnud
¿Qué haces en mi habitación?
ve, poniéndose de pie-. No hay "tu habitación". Hay h
ra industrial. Valeria frunció el ceño, confundida, hasta que
traje
n paso adelante antes de record
mo si no pesara nada, y la dejó caer
hace parecer... frágil. Y no necesito fragilidad. Necesito eficienc
con un gesto
r, había un conjunto de ropa. No era un uniforme de secretaria
a a caminar con un balanceo provocativo. Junto a ella, una blusa de seda color vino tinto, traslúcida y delicada, con un escote en V prof
nte, observando la reacción de
ropa y luego a
. Es... indecente. Pa
safiante-. ¿De una mujer que sabe lo
travesó la distancia. Valeria retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pare
ria. Esta es la Prime
susurro ronco que
ante, es cara y, sí, es provocativa. Porque quiero que cuando entres a una sala de juntas, todos los hombres dejen
do. Podía sentir la mirada de Dante bajando por su cuello, de
camente-. Si no sales vestida en cinco minutos, entraré y te v
alió de la habitación, dej
latidos frenéticos de su corazón. Miró la bolsa de basu
, dejó caer la toalla
ando sus caderas y cintura con una presión casi obscena. Se sentía expuesta, marcada. Cuando se calzó lo
l espejo de
Pero parecía peligrosa. Parecía una femme fatale d
tragó las lágrimas
co de una puerta, revisando su teléfono. Al escuc
det
. Un deseo puro, crudo y masculino que la golpeó en el estómago. Dante la recorrió con la mi
, denso y cargado de
denó él, con la voz
ió. Dio una vuelta lenta. La falda se
scara de indiferencia volvió a caer sobre su rostro, a
nuca y se estremeció. Él extendió la mano y, con un movimiento lento y deliber
-. Vamos. El café no se va a servir solo. Y ti
ndo su hombro con el suyo, y
a. Se sentía humillada. Se sentía objetificada. Pero, en lo más profundo
enzado. Y Dante Vo
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