LA ABOGADA DEL MAFIOSO "Un amor fuera de la ley"
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o? -preguntó Paul Bellini a la joven y her
s, se inclinó hacia adelante, se quitó las gafas y miró directamente a los ojos, a su cliente.- Creo que
eglieri no se equivocó al recomendarla. -d
pido, considerando que es la primer
más adelante. -afirmó-. Por ahora solo puedo decirle qu
ceja y lo mir
e acercó, lo tomó del braz
y como pudo, aún con las esposas puesta
-contestó ella, sostenie
aceptar mi
de la silla, sintiendo que el corazón se le quería salir por la boca. Respiró profundamo quien necesita mantenerse segura. La decisión que acababa de
, si de ello dependía la
raba afuera, sentado en un pequeño banco de concreto. Al verla corrió hacia ella, Claudia
l asiento. Luego –tal y como se lo había indicado el médico–, le sostuvo las piernitas en alto
. Se incorporó lentamente y sonrió, aún aturdido por aquel síncope q
ue no corras. -advirtió ella, visiblemente ang
igual al resto de mis amiguitos. -se cruzó de brazos haciendo
peren de ese corazoncito hermoso, podrás jugar, correr, hacer todo lo quieras -lo s
rocharle el cinturón de seguridad cerró la puerta trasera. Rodeó el coche, y fue
sta con respecto a la condición cardíaca de su hijo. "Si no lo o
conteniendo el llanto. No podía mostrarse vulnerable frente a su pequeño. Ella era su sostén, su fortalez
en el sofá, encendió la TV junto a la cons
as para su merienda. En pocos minutos, el olor a gal
te? -preguntó frotando su barriguit
espondió ella d
terminaban de hornears
ntes mi amor?
-bostezó y dejó el control de v
um enorme vaso con leche fría y tus galletas preferidas -dijo
unda vez, ella lo levantó
ufrido minutos atrás. Lo abrazó con cuidado, conteniendo la respiración, y le habló con dulzura, como si nada ocurriera. Pero cuando sintió que su peso