LA ABOGADA DEL MAFIOSO "Un amor fuera de la ley"
, com
Le costaba hablar de
azón, algo en su interior, le
V
tarde, regresaba del colegio junto con
s mañana
sas por mí
encontré a mi madre, estaba sentada en una silla, con el rostro ensangrent
-le pregunté desesperado. Ella
mpiando el techo, me subí
staba. Nada más lejos podía estar de aquella respuesta. Confieso que llegué a pensar que mi padre la había golpeado, a veces discutían y él la amenazaba con ello. Mas, todo se quedaba en simples amenazas, en discusiones. Cuando escuché el a
a mujer -la estremeció con tanta
aul y yo estamos corriendo peligro, que tus malditos negocio
ver en sus ojos, la abofeteó, sin darse cue
e donde proviene el maldito dinero, pero cuando vienen a joderme por deberl
igos del colegio no mentían cuando murmuraban detrás de mis espaldas. Yo los escuchaba, pero inocentemente preferí
padre entró a mi h
ño, ¿me oyes? nada. -me tomó de los hombros y me
-pregunté e
o en las buenas y en las malas, no merece qu
ero todo cambió cuando tomó mi mochila, sacó los cuadernos y me pidió
u padre. Me tomó del brazo y me sacó arrastrado del cuarto, a pesar de que le imploré que me dejara despedirme de ella, me contestó taj
los hombre
fue la última
tera, monte. Finalmente me quedé dormido. Cuando desperté, estábamos en un pueblo al sur de Panamá, y allí comp
ella era difícil aceptar que Santiago estuviese enfermo y a punto de morir, que de
ó ser difícil. -comentó
él-. incluso sien
miró a
laudia ¿Y sabe por qué?
aña negó co
on cinismo
qué no lo hizo? Porque me hubiesen matado a mí. -golpeó la mesa con el pu
del inicio, caminar cabizbajo, dolido hasta lo má