Negándome a perdonar: enredada con el tío de mi ex
cios. Su patriarca, Alfredo Pérez, valoraba po
rson. Su renuencia se debía a que había sido testigo de las intrigas y rivalidades que pl
te fortuna que se extendía por el país y el extranj
pero casi nunca se había cruzado con Cristóbal. Lo único que sab
actividades escolares parecía imposible, incluso con un
Cristóbal, con su mirada intensa fija en
n provocada por su torpe reacción, ya que no tení
palabras, sintiendo el peso de su mirada.
s pestañas del hombre justo cuando se daba la
oche en la entrada de un
as, Cristóbal hizo llamar al jefe
aron que los arañazos eran superficiales
tada como una persona importante, las mejilla
niéndose un par de guantes desechables, se volvió hacia Cristóbal. Su tono era suave y tra
a rechazado con terquedad
alvarla, Mariana sintió que er
ro se sorprendió al verlo acceder casi de inmediat
ida, envolviendo la gasa con habilidad
cto!",
ofundamente, sus ojos brillaban de gratitud, lib
l. Desvió la mirada y sali
ría molestar más a Cristóbal y se
lteó a verla, frunciendo ligeramente
ra responder, su celular sonó con un
, rechazó l
iosa hacia el móvil de la joven.
, pero esta vez apareció u
o el ceño. Alzó la mirada y dijo con voz fir
ido asentimiento y un alegre gesto de despedida, subió al asiento trasero, se
o a su lado; los nudillos se le pusieron blancos y la gasa que e
ospital, Mariana se inclinó hacia adelan
afirmaba haber visto a Lara manipular la iluminación del escenario y so
reunión cara a cara para intercambiar
helado en el pecho de Mariana, y estaba deci
ombres fornidos estaban sentados; uno de ellos e
"¿Dónde está el video? Te depositaré tre
n rica como la familia Pérez, cier
en preparada para
a tableta sobre la mesa hacia ella. "Dejemos esto claro: decidas o no acabar con
e ofreció, y sus vasos chocaron en un brindis sombrío. Se l
de video de gran tamaño que abrió sin dudar, con los dedo
la pantalla, impactando a Mariana tan profu
carcajadas estridentes de lo
del lenguaje vulgar de un hombre entrelazado con los gemidos provocativos de u
lta para escapar, una mano á
una parte esta
na lanzó al hombre por encima de su hombro; su
zó hacia la puerta, pero una ola de calor abrumadora la invadió
tó un quejido, agarrándose la cabez
droga? Tiene tres veces la dosis normal. En menos de diez minuto
ntras las risas burlonas resonaban a su alrededor, aumentando su terror. El so
Con una patada estruendosa, la puerta se abrió de golpe y una imponente figura masculina en
oseía la gracia estoica de un án
lveme!", gritó ella