Traspaso de Sangre
un sudario. A las siete en punto, como una sentencia de muerte puntual, un Bentley negro azabache se es
de mano. No necesitaba más; el resto de sus pertenencias serían enviadas a un depósito
Se veía pálida, pero sus ojos estaban fijos. Estaba repasando mentalmente el organigrama de Moretti Global. Sabía que Dante tenía un punto déb
antiguo y arrogante. Al entrar, el vestíbulo la recibió con suelos de má
Moretti -dijo una vo
de seda negra con los primeros botones desabrochados. No parecía el tiburón
ando en el vacío del vestíbulo-. El contrato dice que la ceremonia
egó al último escalón, se detuvo a escasos centímetros de ella. Ariadna se obligó a no retr
tario-. Es la suite principal de invitados. Tiene una puerta co
idad -respondió ella-. Pero no importa.
te sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos-. Te he dejado una computadora en tu habitación. No tiene restricciones de acceso... a l
ofrío, pero lo transfor
r sin empresa sea más intelige
ra. Levantó una mano y, con el dorso de los dedos, recorrió la línea de
nto tiempo tardas en darte cuenta de que en esta casa, l
nte, recuperando su m
feliz, no alguien que va camino al cadalso. Hay fotógrafos de Vogue espe
En el salón acristalado que daba al jardín privado, Ariadna y Dan
intiendo que las palabra
Dante, su voz fir
, una demostración de dominio. Sin embargo, el beso fue suave, casi tierno, una actuación perfecta para la cámara que disparaba de
abitación, Ariadna se apartó
limpiándose la comisura de los
noche. Vendrán los inversores del consorcio asiático. Necesito que seas la mente bri
e. Lo segundo... vas a tener que pag
n vestido de seda azul medianoche que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, con la espalda descubierta. Dante, al verla bajar, se qued
isión de futuro de la nueva alianza Moretti-Thorne. Los inversores estaban fascinados. Dante obser
ió cuando uno de los invitados, un hombr
encontrado un hombre que pueda guiarla. Dante, has hecho u
que destruiría la cena, pero sintió la mano de Dante sobre la suya, debajo
sa-. Ella es la fuerza motriz. Yo simplemente tuve la inteligencia d
a estaba defendiendo o simpl
cio opresivo. Ariadna se descalzó, sosteniendo sus tacones en la mano m
la voz de Dante desde la os
e-. Lo hice por mi empresa. Cada vez que esos h
s, Ariadna. No ol
puerta de su habitación. Da
ina principal -declaró Ariadna-. No v
o al lado del mío. Quiero
tros del suyo. La adrenalina de la cena aún corrí
que no confías en que tus pare
en la pared, encerrándola. Su mirada desce
or, Ariadna. Pero me gusta el peligro. Es lo único que
u aliento cálido
erra se traslada a la oficina. Y allí,
clic definitivo. Ariadna entró en su suite, cerrando la cerradura
ra que Dante le había dejado. La encendió. La pan
tras sus dedos empezaban a volar sobre el teclado-. Per
orne empezó a cavar el túnel que la sacaría de su