El heredero de la Luna
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isos por encima de la moralidad humana. Para Elena, cruzar el umbral de ese despacho cada mañana se sentía como
rica se gestaba sobre Manhattan, pero la verdadera presió
están empezando a hacer preguntas -dijo Elena, manteniendo la voz
contra el cielo gris era imponente; sus hombros eran demasiado anchos para un ejecutivo común, y la forma
ón baja que Elena sintió en la boca del estómago
A veces, Julian hablaba como si no perteneciera
asos. El aire cerca de él siempre estaba unos grados más caliente-. Y también... su prometida, la señor
n un parpadeo, estaba a escasos centímetros de ella. Elena retrocedió,
sobre la madera, justo al lado d
mente sedoso-. ¿De verdad crees que me impor
upone que debe importar -respondió el
mbar, una chispa eléctrica que desapareció tan rápido que ella pensó que era un reflejo de los rayos en e
ra las costillas. Podía sentir el calor que emanaba de
l. Sus labios apenas rozaron su lóbulo-. Y a
canzó a decir ella, co
ello, no con un beso, sino con una presión posesiva, casi violenta-. Solo tienes que saber que hoy no es un
n tengo
Julian hizo vibrar los
endo, con el corazón en la garganta. Mientras esperaba el ascenso
as clavadas en el escritorio de madera hasta astillarlo, tratando de contener al lobo que