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El heredero de la Luna

Capítulo 4 Sal y Silencio

Palabras:736    |    Actualizado en: Hoy, a las 06:52

ños de

aba. En este rincón olvidado de la costa de Maine, el aire siempre sabía a sal y a pino, un aroma lo sufic

de tres años observaba el horizonte con una in

ño. Su voz era suave, pero tenía una

do, de un azul pálido y gélido. No

-respondió ella, acariciándole el cabello os

stió Leo, sin apartar la vista d

os, había dejado de llorar por completo; a los tres, era capaz de mover sillas de madera maciza que a Elena le costaba arrastrar. Y luego estaban sus o

comer -dijo ella, tratand

rfil bajo. Para los vecinos, era una viuda joven y reservada. Nadie hacía preguntas, y e

taba en el jardín trasero, frente a un enorme perro labrador de un vecino que se había esca

. Estaba a punto de gritar cuando

. Fue un gruñido bajo, una vibración que pareció sacudir los cristales de la ventana. El labrador, un animal domesticad

nos y volvió a jugar con sus pie

Leo se volvía más difícil de contener. El niño era un Alfa en potencia, un heredero de una sangr

periódico de hace un año. En la foto, Julian Vane aparecía en una gala benéfica. Se veía más delgado, más severo, con una mirada que parecía capaz de calc

o, el ai

callaron. Elena se puso de pie, su instinto de madre -y algo más, ese ví

aña, dos puntos de luz ámbar brillaron entre

Elena comenzó a latir con la misma v

ó, con un nudo

la respuesta: el tiempo de esconderse se había terminado. El mar ya no podía ocul

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