“El día que Nicolas Shaw se convirtió en el presidente de una empresa que cotiza en bolsa, me pidió el divorcio. En una entrevista, Nicolas atribuyó todos sus logros actuales al apoyo inquebrantable de su amada, que siempre estuvo a su lado. Sin embargo, la pareja a la que se refería no era yo, sino su colega Gillian Ford, quien padecía una enfermedad terminal. Con el objetivo de tratar a esa mujer, mi esposo gastó una verdadera fortuna en contratar a un médico legendario para que realizara la cirugía, sin imaginar que esa eminente cirujana, a quien suplicaba, era yo. Él pensaba que había conseguido el respaldo del Grupo Farmacéutico Ford, pero un mes después, yo subí al escenario, radiante, como experta contratada por esta empresa para dar una entrevista. Un periodista me preguntó: "Doctora Sini, se dice que lleva años apartada del mundo de la medicina. ¿Podría decirnos qué la motivó a regresar al campo médico?". Miré a Nicolas, quien no pudo ocultar su asombro. "Fue mi esposo quien pagó una gran suma para contratarme y que operara a su amante".”