“Mi hija, Sofía, murió en mis brazos. Las palabras del doctor fueron una sentencia de muerte: "Negligencia severa. Desnutrición. Múltiples lesiones internas". Pero mi esposo, el famoso coach de vida Julián Montes, no guardó luto. Publicó un comunicado. Llamó a Sofía una "niña difícil" y convirtió su muerte en una tragedia sobre salud mental, todo para realzar su imagen compasiva. Incluso perdonó públicamente al niño que la había atormentado, el mismo niño que él trajo a nuestra casa para enseñarle a Sofía "resiliencia". Mi propia vida terminó en un incendio, una liberación final y violenta de un mundo hecho a su medida. Mientras las llamas me consumían, no podía entender. ¿Cómo pudo el hombre que amaba construir su legado sobre la tumba de nuestra hija y las ruinas de mi vida? Entonces, abrí los ojos. Los papeles del divorcio estaban sobre la mesa, su firma era una mancha negra y grotesca. Habían pasado años. Antes del incendio. Antes de que Sofía muriera.”