“Yo era la *sugar baby* de Andrés Montero, su capricho. Pero cuando lo vi besar a su cuñada, Esperanza -su único y verdadero amor-, supe que tenía que escapar. Planeé mi huida meticulosamente, con la intención de desaparecer en cuanto terminara mi contrato. Me convertiría en científica, encontraría a un hombre bueno y normal, y construiría mi propia vida. Pero Andrés no me dejaría ir. Saboteó la carrera de Carlos, el hombre bueno del que me había enamorado, y usó a mi madre, de quien estaba distanciada, para humillarme públicamente. Todo para obligarme a volver a su jaula de oro. -Cásate conmigo, Ayla -me propuso, un contrato de por vida para reemplazar el anterior-. Serás verdaderamente libre. Conmigo. Los gritos de mi madre resonaban en mis oídos: «¡Es una puta! ¡Tu puta! ¡Mercancía usada!». Y Carlos, mi Carlos, escuchó cada palabra. Miré los ojos fríos y posesivos de Andrés, luego los de Carlos, llenos de un dolor que me destrozó el corazón. Tenía que tomar una decisión. Esta vez, no solo huiría. Acabaría con esto, de una vez por todas.”