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La esposa que destrozaron

Capítulo 5 

Palabras:731    |    Actualizado en: 16/08/2025

sonaba insiste

cuerdas con una última y desesperada oleada de adrenalina.

:1

os y torpes. Forcejeó con las cuerd

:0

ntó de la silla, trop

:0

allaba detrás de ella. La fuerza de la explosión la arrojó

nova al rojo vi

n sus oídos, los escuc

ntonio. Ha

la, contorsionado en una máscara de p

date conmigo! -Su voz

a, el dolor sin

¡Mami, d

ctuación había terminado, y ahora venía el arrepentimi

dejó que la oscur

las máquinas. Hospital. De nuevo. Todo

rmera le

ucha suerte. Tenía algunas lesiones internas g

raspl

dudó ni un segundo en donarle uno de sus riñones. -La enfermera señaló una bolsa de sangre que co

strozarían, pieza por pieza, pero también le darían sus propios órganos para recomponer

ró la enfermera-. Se han estado t

s. No necesitaba est

nunca los vio. Ni una s

Sentía el toque frío de unos dedos en su mejilla, el fantasma de unos labios cálidos en los

se movió, su respiración era regular. Los de

s ojos d

llí, a centímet

udo y sin protección, antes de q

La voz de Alexia er

r una palabra, le dio un golpe e

nuevo en las almoh

ta "oficial". Jacobo se paró a los pies d

-preguntó, como s

e incontrolable temblor e

í antes, ¿verda

Su nuez de Adán subió y bajó

sandra. Estaba muy asustada por la e

irse, con la espalda

junto a la puerta, con l

ntonio -ll

de la misma enfermedad. Al mirarlos, Alexia sintió un cansancio profundo que le aplastaba el

tiras, exigir el fin de la farsa. Pero estaba dema

on su juego. Qu

l escenario.

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La esposa que destrozaron
La esposa que destrozaron
“Mi esposo y mi hijo estaban patológicamente obsesionados conmigo. Constantemente ponían a prueba mi amor prodigándole atención a otra mujer, Kassandra. Mis celos y mi miseria eran la prueba de mi devoción. Luego vino el accidente de coche. Mi mano, la que componía bandas sonoras premiadas con el Ariel, quedó gravemente aplastada. Pero Jacobo y Antonio decidieron priorizar la herida leve en la cabeza de Kassandra, dejando mi carrera en ruinas. Me observaban, esperando lágrimas, furia, celos. No obtuvieron nada. Yo era una estatua, mi rostro una máscara plácida. Mi silencio los perturbó. Continuaron su juego cruel, celebrando el cumpleaños de Kassandra por todo lo alto, mientras yo me sentaba en un rincón apartado, observándolos. Jacobo incluso me arrancó del cuello el relicario de oro de mi difunta madre para dárselo a Kassandra, quien luego lo aplastó deliberadamente bajo el tacón. Esto no era amor. Era una jaula. Mi dolor era su deporte, mi sacrificio su trofeo. Tumbada en la fría cama del hospital, esperando, sentí morir el amor que había cultivado durante años. Se marchitó y se convirtió en cenizas, dejando atrás algo duro y frío. Estaba harta. No iba a arreglarlos. Escaparía. Y los destruiría.”
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