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Mi Talento Robado

Capítulo 1 

Palabras:940    |    Actualizado en: 09/07/2025

no sentían las cuerdas de la guitarra, el traje de charro, que alguna vez fue mi orgullo, ahora se sentía como una armadura pesada y sofocante, cada nota

ciente para pagar la renta y la comida, trabajaba siete días a la semana, a veces durmiendo apenas

a bancaria se inflaba como por arte de magia, decía que todo era gracias a su "amuleto de la suerte", un viejo collar de obsidiana que nunca se quitab

derrumbarme en la cama y dormir, pero sabía que eso no iba a pasar, Sofía, mi prometida, me esper

, señalando con la barbilla los pocos bi

i amor", le dije, la vo

a? Alejandro acaba de comprar un penthouse en Polanco, ¡un penthouse!

sentía un nudo en el estómago, u

te, Sofía, ya lo sabe

, algo que tú nunca entenderás", se levantó y se acercó a mí, su hermosa

al baño, necesitaba una ducha, necesitaba lavar el cansancio y la humillación,

nde la cuenta costó más de lo que tú ganas en un mes, me trató

s funcionaba, y conduje sin rumbo, las luces de la ciudad se veían borrosas a través de mis lágrimas, la voz de Sofía r

, todo cambió, unas luces cegadoras llenaron mi visión, el sonido ensordecedor de un claxon, y luego

dolor agudo en el pecho, y

o

silenciosa, y entonces los vi, Alejandro y Sofía, estaban de pie junto

a voz temblorosa pero no por el

funcionó, mi amor, el amuleto nunca falla, cada gramo de su desgracia, cada gota de su esfuerzo, ahora es mío, s

ión que nunca me había mostrado a mí. "Entonces, ¿

ricos, Ricardo no era más que una batería, una fuente de

muerte... todo había sido un combustible para el hombre que llamaba primo y la mujer que juraba

nte, todo

s ojos

do, el olor a gasolina y a ambientador de pino, mis manos temblaban sobre el volant

o exacto, segundos antes del accidente, un sudor frío

ta vez, las cosas

El Magnate

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Mi Talento Robado
Mi Talento Robado
“El sudor me corría por la frente, mezclándose con la pintura barata de calavera. Mis dedos, adoloridos, apenas sentían las cuerdas de la guitarra, mientras el traje de charro se sentía como una armadura sofocante. Por una noche entera de cantar, apenas ganaba para la renta y la comida, trabajando siete días a la semana, mientras mi primo Alejandro se compraba un coche deportivo nuevo cada seis meses. Él vivía una vida de lujos inexplicable, todo gracias a su "amuleto de la suerte", un viejo collar de obsidiana, mientras yo contaba monedas. Al volver a casa, Sofía, mi prometida, me esperaba con desprecio. "Ricardo, ¿te das cuenta? Alejandro acaba de comprar un penthouse en Polanco, ¡un penthouse! Y tú sigues cantándole a borrachos por migajas, eres una vergüenza". Sus palabras eran puñaladas, y un nudo se formó en mi estómago. "Alejandro tiene suerte, Sofía, ya lo sabes", le dije. "No es suerte, Ricardo, es ambición. Mírate, hueles a alcohol y a fracaso". Me sentía vacío, completamente solo. La conduje sin rumbo, las luces de la ciudad borrosas por mis lágrimas. En un parpadeo, todo cambió: luces cegadoras, el sonido ensordecedor de un claxon, y luego, un impacto brutal que me lanzó contra el volante. Lo último que sentí fue dolor, y luego, oscuridad. Morí. Pero mi conciencia no se desvaneció, flotando en la nada. Entonces los vi: Alejandro y Sofía, de pie junto a los restos de mi coche. "¿Funcionó?", preguntó Sofía, con excitación. Alejandro sonrió, su collar de obsidiana brillando. "Por supuesto que funcionó, mi amor. Cada gramo de su desgracia, cada gota de su esfuerzo, ahora es mío. Su vida de miseria alimentó mi fortuna, y su muerte... su muerte es el pago final". Sofía lo besó con una pasión que nunca me había mostrado a mí. "Entonces, ¿ahora todo es nuestro?". "Todo", confirmó Alejandro. "Su sacrificio nos ha hecho ricos, Ricardo no era más que una batería, una fuente de energía para mi éxito, y ahora, la batería está agotada". La traición me quemó más que cualquier herida física. Mi vida, mi esfuerzo, mi dolor, mi muerte... todo había sido combustible para el hombre que llamaba primo y la mujer que juraba amarme. La rabia me consumió, sacudiendo la nada. De repente, todo fue luz. Abrí los ojos de golpe. Estaba en mi coche, el motor todavía en marcha, la canción barata de la radio sonando. ¡No estaba muerto! Había vuelto, y esta vez, las cosas serían diferentes. Esta vez, "El Magnate" iba a caer.”
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