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Mi Vientre, Mi Dolor

Capítulo 1 

Palabras:900    |    Actualizado en: 09/07/2025

advertía del dolor que estaba por venir. Abrí los ojos de golpe, las luces de un coche que venía de fren

endo el accid

gresado a este preciso momento, el i

rfil se veía tenso bajo la luz intermitente de los faros

yo también grité, grité su nom

vez

ena como si fuera una película que

mi pecho mientras el vehículo giraba sin control y se estrellaba contra la barrera de contención.

por un segundo, un silen

or agudo me recorrió el cuello, pero mi mente esta

té a Ricardo, mi voz sonó

. Su primera reacción, su único instint

¡Contéstame!", gritaba con una desesp

nacido en mi corazón esa misma noche, antes de salir de casa, cuando recibí aquel video anónimo.

ozar desde atrás, u

, me duele mucho l

se lanzó torpemente hacia el asiento trasero, pasando por en

a pasar nada, te lo prometo", le susurraba, b

ntensificaba, y un líquido caliente empezó a escurrir por mi sien. Era sangre. Un dolor pu

escuchaban cada

azules pintaban la escena de una urgencia caótica

arece rota", dijo Ricardo de inmediato, sin

cos me miró a travé

stá bien? ¿Pu

mareo me invadió. "Mi..

idado, la colocaron en una camilla, mientras Ricardo no se separaba

rrencia tardía. Una enfermera joven me tom

d? Por tu culpa casi se matan todos", me dijo en un tono a

derme, pero las palabras

Veían a Ricardo, el prometido devoto cuidando a la amiga herida, y me veían a mí, la prometida celosa que, según

nvirtió en una garra que me apretaba por dentro, era

ije a la enfermera que me

ndo una forma. "Es normal después

co que sentía crecer en mi pecho. Pero ella desvió la vista, su rost

frenéticos de mi corazón. Ricardo estaba en la otra ambulancia, con

oportable, una ola tras otra de agonía que me robaba

Yo no solo estaba perdiendo a mi prometido y a mi mejor amiga

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Mi Vientre, Mi Dolor
Mi Vientre, Mi Dolor
“El olor a llanta quemada y a tierra mojada me advirtió del dolor que estaba por venir. Abrí los ojos para ver las luces deslumbrantes de un coche acercándose, y el claxon resonando en aquella noche lluviosa. Estaba reviviendo el accidente, otra vez, el instante exacto antes de que todo se destruyera. Ricardo, mi prometido, aferraba el volante con furia, mientras Sofía, mi mejor amiga y testigo de nuestro amor, gritaba desde el asiento trasero. Pero esta vez, el terror en mi pecho no era por el inminente impacto; era por la traición que acababa de descubrir. Un video anónimo, recibido minutos antes de partir, revelaba que yo era solo un "escalón" para Ricardo, una "sedán familiar" mientras Sofía era su "Ferrari". El golpe llegó, brutal, un estruendo de metal y cristales rotos. Con la cabeza golpeada y la sangre escurriendo por mi sien, vi a Ricardo ignorarme, lanzándose hacia Sofía, jurándole amor y consuelo mientras yo me desangraba a su lado. Incluso los paramédicos y la gente del pueblo, manipulados por su desesperada actuación, me señalaron como la culpable, la "prometida celosa" que había provocado la tragedia. Luego, en la ambulancia, el verdadero horror: un dolor punzante en mi vientre y una humedad cálida entre mis piernas me confesaron la devastadora verdad. No solo perdía a mi prometido y a mi mejor amiga; perdía a mi bebé, la única luz en mi oscuridad. En el hospital, el desprecio de Ricardo fue la estocada final. Cuando le supliqué: "Creo que estoy perdiendo al bebé", él soltó una risa cruel. "¿El bebé? No seas ridícula, Ximena. Siempre tan dramática. Buscando atención a cualquier costo". Su padre me amenazó con demandas, y mi propia madre me dio la espalda, cegada por la influencia de su familia. Me empujó con violencia, dejándome caer y golpear mi cabeza, mientras sus palabras heladas resonaban: "Tú te buscaste esto, Ximena. Tú y tus mentiras". Humillada, herida y abandonada por todos, la Ximena ingenua y enamorada murió. Pero en ese dolor y ese vacío glacial, nació una nueva resolución: si no me daban justicia, la tomaría yo misma. No buscaría piedad; buscaría la verdad que ellos intentaban enterrar.”
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