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Mi Vientre, Mi Dolor

Capítulo 3 

Palabras:817    |    Actualizado en: 09/07/2025

rdos me asaltaron, no como sueños, sino como f

a mesa, estudiando, con el ceño fruncido en concentración. La luz de la tarde entraba por la ventana y le

eten en la cabeza las películas. Me enamoré de esa imagen, de la ide

que me había equivocado de pedido. Él levantó la vista, sorprendid

especie de distancia cortés, como si estuviera haciéndome un favor. Yo lo interpretaba como timidez, como que estaba enfocado en sus e

tont

ba a sus amigos como "una amiga muy especial". Pero siempre había una barrera invisible. Cuando in

", me decía. "Las cosas

devoción, mi amor incondicional. Puse sus necesidades por encima de las mías, celebré s

empresa de su padre. Yo ya era su prometida oficial, el anillo d

sus socios en la terraza. Me detuve detrás de una gran maceta, no con

ero Sofía... esa chica es una diosa. ¿Por qu

ardo fue como un go

Un sedán familiar. Ximena es perfecta para eso. Su familia tiene el apellido y las conexiones que necesito. Es dulce, manejable... n

ba la imagen que yo había construido de nuestra relación. Él no me amaba. Nunca me había amado. Solo me estaba usando. Y Sofía... mi mejor a

cidente. Justo antes de salir, me llegó un video a mi celular, de un nú

con ella?", le preguntaba S

ondía él. "Tú eres la única dueña d

so, él susurró el nombre que

fía

a escuchado algunas noches, en la oscuridad de nuestra habitación, cuando estábamos juntos. Yo pensaba qu

tira. Fui la tonta, la ingenua, el esc

có de la oscuridad. Desperté. Pero ya no era la misma Ximena. La chica

frío. Algo que ya no sentía amor, solo

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Mi Vientre, Mi Dolor
Mi Vientre, Mi Dolor
“El olor a llanta quemada y a tierra mojada me advirtió del dolor que estaba por venir. Abrí los ojos para ver las luces deslumbrantes de un coche acercándose, y el claxon resonando en aquella noche lluviosa. Estaba reviviendo el accidente, otra vez, el instante exacto antes de que todo se destruyera. Ricardo, mi prometido, aferraba el volante con furia, mientras Sofía, mi mejor amiga y testigo de nuestro amor, gritaba desde el asiento trasero. Pero esta vez, el terror en mi pecho no era por el inminente impacto; era por la traición que acababa de descubrir. Un video anónimo, recibido minutos antes de partir, revelaba que yo era solo un "escalón" para Ricardo, una "sedán familiar" mientras Sofía era su "Ferrari". El golpe llegó, brutal, un estruendo de metal y cristales rotos. Con la cabeza golpeada y la sangre escurriendo por mi sien, vi a Ricardo ignorarme, lanzándose hacia Sofía, jurándole amor y consuelo mientras yo me desangraba a su lado. Incluso los paramédicos y la gente del pueblo, manipulados por su desesperada actuación, me señalaron como la culpable, la "prometida celosa" que había provocado la tragedia. Luego, en la ambulancia, el verdadero horror: un dolor punzante en mi vientre y una humedad cálida entre mis piernas me confesaron la devastadora verdad. No solo perdía a mi prometido y a mi mejor amiga; perdía a mi bebé, la única luz en mi oscuridad. En el hospital, el desprecio de Ricardo fue la estocada final. Cuando le supliqué: "Creo que estoy perdiendo al bebé", él soltó una risa cruel. "¿El bebé? No seas ridícula, Ximena. Siempre tan dramática. Buscando atención a cualquier costo". Su padre me amenazó con demandas, y mi propia madre me dio la espalda, cegada por la influencia de su familia. Me empujó con violencia, dejándome caer y golpear mi cabeza, mientras sus palabras heladas resonaban: "Tú te buscaste esto, Ximena. Tú y tus mentiras". Humillada, herida y abandonada por todos, la Ximena ingenua y enamorada murió. Pero en ese dolor y ese vacío glacial, nació una nueva resolución: si no me daban justicia, la tomaría yo misma. No buscaría piedad; buscaría la verdad que ellos intentaban enterrar.”
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