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El chef humillado: Venganza en platillos

Capítulo 1 

Palabras:806    |    Actualizado en: 09/07/2025

ro fresco llenaba la

donde cada sonido y cad

un negocio, era mi vida entera, construida co

de semana cuando mi celular vibró s

una etiqueta en una publicación d

ba, pero la foto de po

ica, mi

con una copa de c

u cintura de una forma demasiado f

nico, Mónica Rivas, ¿celebrando un nue

mera línea

ido tomada esa misma tarde en

unos proveedores importantes en las afueras de

e, me hab

té la

la eficiencia de una máquina bien engra

se desviaban rápidamente, fingiendo limp

cido por el restaurante c

ación era

a mi cara, una mezc

a, mi hogar, de repente se

sitaba un respiro, un luga

ular y marqu

ada sonó una, d

nte, co

nte agitada, como si l

? Estoy en medio d

ante?", pregunté, tratand

los del rancho de Veracruz.

n tranquila, que por un segundo

er una foto tuya. Te ves muy relajada para

io al otro lad

ceño fruncido, calculand

esperabas? A veces las juntas se extienden y se celebra el cierre de un trato. Estás exagerand

nipularme, c

culpable por

vez era

z había

nada, Mónica. La fo

hismes que a tu propia esposa? Despué

mente, una actuación pe

scuché una voz masculina en

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voz d

, arr

oni", resonó

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lo

rmación final, e

cuerpo, reemplazada por u

aca

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e todo lo que

el te

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ndo la pantal

e, "Mónica Mi Amor", un apodo que a

né "Bl

WhatsApp.

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talla era un portazo

amente vacío, pe

no, una nueva notificación apar

e un

si ya viste e

talla de las historias

subido

s entrelazadas con las de Mónic

anillo de bodas brillaba

un pequeño texto:

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de mi

bofetada en la cara para que

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claración

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El chef humillado: Venganza en platillos
El chef humillado: Venganza en platillos
“El aroma a ajo y romero fresco lo era todo para Sergio; su restaurante, "Sabor de Origen", era su santuario, su vida entera. Pero un día, mientras revisaba el menú, una notificación en su celular lo golpeó como un rayo: Mónica, su esposa, radiante y sonriente con su asistente, Diego, en una foto que hablaba por sí sola. La humillación pública se extendió por el restaurante como pólvora; sus empleados cuchicheaban, las miradas furtivas lo delataban como el cornudo oficial. Intentó negar lo innegable, escuchándola inventar excusas baratas que se desmoronaron al escuchar la voz de Diego, cariñosamente llamándola "Moni" a sus espaldas. El puñal se hundió más profundo cuando, tras bloquearla de su vida digital, Diego subió una foto de sus manos entrelazadas, con el anillo de bodas de Mónica brillando, y el texto: "Nuevos comienzos". La herida se infectó; la "disculpa" hipócrita de Diego, validada por la cuenta del propio restaurante, lo convirtió en el paranoico, el celoso, el desquiciado. Se sintió un extraño en su propia casa, un cocinero talentoso pero un tonto en los negocios, despojado de su dignidad por la familia de Mónica, quien lo veía como un "sirviente glorificado que olía a grasa". Cuando Mónica, en pánico, le exigió regresar a salvar la gala que Diego había arruinado, él, sintiendo la brisa marina de Oaxaca, respondió: "No. Ya no trabajo para ti". Lejos de implorar ayuda, ella siseó: "¡Te juro que voy a destruirte! ¡Haré que no vuelvas a conseguir trabajo en una cocina en tu vida!", mientras Diego la consolaba. Sergio colgó el teléfono, apagó el dispositivo y se sumergió en el mar, emergiendo libre, dispuesto a quemar los puentes con su pasado. Su carta de renuncia, enviada con fría formalidad, fue aceptada con una rapidez que confirmó su insignificancia para ella; ya no era un socio, sino un ingrediente caducado. Cuando ella arrebató la caja con el recetario de su abuela y lo arrojó a la basura, algo en él se rompió, pero no en el sentido que ella esperaba. Con una calma aterradora, recuperó el recetario, y antes de irse de su "hogar", destrozó a patadas el coche de lujo de Mónica, pintando la palabra "Zorra" en la puerta. El divorcio fue expedito, sellando el fin de una década; al ir por sus últimas pertenencias, escuchó a la familia de Mónica, sin saber que él estaba allí, denigrándolo y alabando a Diego. Mónica y su familia lo trataron con desprecio, acusándolo de celoso y patético. Sergio solo se rió, y sacando el acta de divorcio, les reveló: "Según este documento, ustedes y yo ya no estamos casados. El divorcio es definitivo desde hace tres días. Así que, en realidad, soy yo el que les está pidiendo que desaparezcan de mi vida". Mónica, pálida, intentó excusarse y suplicarle que regresara, revelando que había firmado los papeles de divorcio años atrás, listos para ser presentados. Sergio, con total control, se negó: "Tú no me necesitas a mí. Necesitas mi talento, mi nombre, mi capacidad para arreglar tus desastres. Pero a mí, a Sergio, ya no lo necesitas. Y yo, definitivamente, ya no te necesito a ti". Meses después, Sabor de Origen cerró, la empresa de Mónica quebró, y Diego huyó del país, dejándola sin nada; mientras, Sergio, en su nueva y exitosa cocina llamada "Raíces", sonreía.”
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