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El chef humillado: Venganza en platillos

Capítulo 2 

Palabras:783    |    Actualizado en: 09/07/2025

ensación momentánea de control, una pequ

solo existía yo

odega y volv

o se detuv

raban, esperando una reac

n, tomé un cuchillo y empecé a picar

terapéutico, un ancla en la torm

el espectáculo

a humillación se vo

na disculpa pública en su perfil de Instagram, qu

on una expresión de

a obra maestra

s es mi jefa y una mujer a la que admiro profundamente, una mentora. Nuestra relación es estrictamente profesional. El Chef Serg

a no-d

pasó nada" mientras se

aurante, manejada por Mónica, compartió la publicación de Di

a vali

a su respaldo, y yo era el paranoico, e

restaurante se vo

s se dividie

una mezcla de pena y lealtad silenc

ca, los que veían en ella el poder y el dinero, e

lir de la cocina porque los me

s por el equipo de Mónica,

extraño en mi

la pequeña oficina del restaurante, me di c

había estructurado todo para que

, el nombre en la puerta, pero e

s inversionistas, ella man

o de mi abuela, para arrancar el negocio, pero

me i

aba e

éramos u

uda realidad: ha

so, sí, pero un ton

ndos a su empresa de productos orgánicos, "Tierra Pura", que casual

quiebra y ni siquier

urante más tem

tar las mirada

itaba

esa, observando a las parejas reír en los

elicidad se sent

el Parque México, solo,

éfono

el grupo de la f

ían sacad

ial que siempre me había mirado por encima del

para mí, pero to

joven con ambición y de buena familia, no como otros que solo saben

saje una y

a gr

me v

a con esmero, después de apoyarlas en todo, después de a

de soledad er

mi esposa y mi negocio,

segurando de que tod

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El chef humillado: Venganza en platillos
El chef humillado: Venganza en platillos
“El aroma a ajo y romero fresco lo era todo para Sergio; su restaurante, "Sabor de Origen", era su santuario, su vida entera. Pero un día, mientras revisaba el menú, una notificación en su celular lo golpeó como un rayo: Mónica, su esposa, radiante y sonriente con su asistente, Diego, en una foto que hablaba por sí sola. La humillación pública se extendió por el restaurante como pólvora; sus empleados cuchicheaban, las miradas furtivas lo delataban como el cornudo oficial. Intentó negar lo innegable, escuchándola inventar excusas baratas que se desmoronaron al escuchar la voz de Diego, cariñosamente llamándola "Moni" a sus espaldas. El puñal se hundió más profundo cuando, tras bloquearla de su vida digital, Diego subió una foto de sus manos entrelazadas, con el anillo de bodas de Mónica brillando, y el texto: "Nuevos comienzos". La herida se infectó; la "disculpa" hipócrita de Diego, validada por la cuenta del propio restaurante, lo convirtió en el paranoico, el celoso, el desquiciado. Se sintió un extraño en su propia casa, un cocinero talentoso pero un tonto en los negocios, despojado de su dignidad por la familia de Mónica, quien lo veía como un "sirviente glorificado que olía a grasa". Cuando Mónica, en pánico, le exigió regresar a salvar la gala que Diego había arruinado, él, sintiendo la brisa marina de Oaxaca, respondió: "No. Ya no trabajo para ti". Lejos de implorar ayuda, ella siseó: "¡Te juro que voy a destruirte! ¡Haré que no vuelvas a conseguir trabajo en una cocina en tu vida!", mientras Diego la consolaba. Sergio colgó el teléfono, apagó el dispositivo y se sumergió en el mar, emergiendo libre, dispuesto a quemar los puentes con su pasado. Su carta de renuncia, enviada con fría formalidad, fue aceptada con una rapidez que confirmó su insignificancia para ella; ya no era un socio, sino un ingrediente caducado. Cuando ella arrebató la caja con el recetario de su abuela y lo arrojó a la basura, algo en él se rompió, pero no en el sentido que ella esperaba. Con una calma aterradora, recuperó el recetario, y antes de irse de su "hogar", destrozó a patadas el coche de lujo de Mónica, pintando la palabra "Zorra" en la puerta. El divorcio fue expedito, sellando el fin de una década; al ir por sus últimas pertenencias, escuchó a la familia de Mónica, sin saber que él estaba allí, denigrándolo y alabando a Diego. Mónica y su familia lo trataron con desprecio, acusándolo de celoso y patético. Sergio solo se rió, y sacando el acta de divorcio, les reveló: "Según este documento, ustedes y yo ya no estamos casados. El divorcio es definitivo desde hace tres días. Así que, en realidad, soy yo el que les está pidiendo que desaparezcan de mi vida". Mónica, pálida, intentó excusarse y suplicarle que regresara, revelando que había firmado los papeles de divorcio años atrás, listos para ser presentados. Sergio, con total control, se negó: "Tú no me necesitas a mí. Necesitas mi talento, mi nombre, mi capacidad para arreglar tus desastres. Pero a mí, a Sergio, ya no lo necesitas. Y yo, definitivamente, ya no te necesito a ti". Meses después, Sabor de Origen cerró, la empresa de Mónica quebró, y Diego huyó del país, dejándola sin nada; mientras, Sergio, en su nueva y exitosa cocina llamada "Raíces", sonreía.”
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