icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

El Regreso del Ingenuo Millonario

Capítulo 2 

Palabras:853    |    Actualizado en: 09/07/2025

ando éramos niños, era una mujer quejumbrosa, siempre lamentándose de su mala suerte y de lo difícil que era criar a un hijo sola. Mis padres, casi s

a con timidez. Crecimos juntos, yo lo trataba como a un hermano, compartía mis juguetes, mi ropa, mi vida. Cuando llegó la hora de la universidad, mis pad

sidad, su madre lloró durante días, diciendo que el

niversidad privada," le dije un día, "y para lo que ne

esión que en ese moment

"tú eres de buen corazón, demasiado puro para

s," insistí, "

e mi sentenc

s a comer, a hacer "pequeñas donaciones" a clubes estudiantiles. Se construyó una imagen de joven rico y generoso, el misterioso filántropo del

nía a verme y se burl

ue eres un bicho raro," me decía, "mira, con un

sus ojos veía desprecio, se sentía su

bían regalado un deportivo de lujo por mi cumpleaños, era mi posesión más preciada. Un día, desapareció del ga

bastián ya estaba allí, con Ele

"yo traté de detenerlo, pero Joaquín tiene problemas, le gus

ntió vigo

ue Joaquín es un envidioso y un resentido,

emático. Mis padres, desde el extranjero, estaban decepcionados y confundidos. Sebastián se

u máscara, pero todavía no podía creer que fuera real,

identidad para asegurar un préstamo masivo para una de sus "empresas filantrópica

ijo con una calma aterradora, "sup

n ese callejó

o a un hijo. Sebastián se mudó a mi habitación, usó mi ropa, y empezó a tomar el control de la fortuna familiar, presentándose ante el mundo como Joaquín, el único heredero q

a ese parásito y a su madre usurp

firmar ese papel, sentí una calma helada, la sed de venganza e

r, ahora solo tenía que sentarme y ver cómo el castillo de nai

" susurré para mí mismo, "esta

Obtenga su bonus en la App

Abrir
El Regreso del Ingenuo Millonario
El Regreso del Ingenuo Millonario
“Sentí el frío metal en mi espalda, un dolor agudo que me robó el aliento. Caí sobre el pavimento mojado de un callejón oscuro, la lluvia lavaba la sangre de mi abdomen. Vi la silueta de Sebastián, el chico que consideré mi hermano, sosteniendo el cuchillo que goteaba con mi vida. "¿Por qué?", susurré, la voz rota. Sebastián se rio, una risa cruel: "Porque eres un millonario ingenuo, Joaquín. Me diste todo, pero quería ser tú, no tu sombra." Se agachó, sus ojos brillaban con odio. "Ahora, todo lo tuyo será mío. Tus padres me verán como el hijo que perdieron. Nadie te recordará." El veneno de sus palabras se filtró en mis últimos momentos, más doloroso que las puñaladas físicas. El mundo se oscureció, y su risa victoriosa resonó mientras me hundía en la negrura infinita. Creí que era el final, que mi alma flotaría en la nada, llevada por el eco de esa traición inolvidable. De repente, una luz cegadora me golpeó. Parpadeé. El dolor se había ido. Estaba de pie, mi cuerpo intacto, en el auditorio de mi universidad, un lugar que sentía extrañamente familiar. En el escenario, bajo un cartel de "Donación para el Futuro", vi a la directora sonriendo, y a su lado, con un traje impecable y una sonrisa de santo, estaba Sebastián. El mismo Sebastián que me había asesinado. "Damos la bienvenida al joven Sebastián Rodríguez", decía la directora, "nuestro más generoso benefactor." Los aplausos resonaron. Lo miraban con admiración, como a un héroe. Vi a Elena, la chica más popular, sus ojos brillaban de adoración por Sebastián, la misma Elena que me humilló llamándome ladrón. Sebastián tomó el micrófono, su voz llena de falsa humildad. "Gracias, directora, solo quiero devolver un poco de lo mucho que la vida me ha dado." Una oleada de ira fría y pura me dejó sin aliento. No era un sueño, no era el más allá. Había renacido. Había vuelto al momento exacto en que la farsa de Sebastián alcanzaba su punto más alto, el momento antes de que firmara el acuerdo de donación. ¡Con mi dinero! La ingenuidad había muerto en ese callejón oscuro. Lo que quedaba era un hombre con un propósito. Mientras Sebastián disfrutaba los aplausos, saqué mi celular. Mis manos no temblaban. Marqué el número del banco privado de mi familia. "Buenos días, necesito un favor urgente," dije, mi voz con un filo de acero. "Quiero cancelar inmediatamente la tarjeta adicional con terminación 4822, a nombre de Sebastián Rodríguez." "¿Puedo preguntar el motivo?" "Actividad fraudulenta. Cancélala ahora." "Entendido, señor. Bloqueada y cancelada permanentemente." Colgué justo cuando Sebastián se sentaba en la mesa de firmas, pluma en mano. Una sonrisa fría se dibujó en mis labios. El juego acababa de empezar, y esta vez, yo conocía todas las reglas.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10