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La Furia de una Mujer Engañada

Capítulo 2 

Palabras:635    |    Actualizado en: 08/07/2025

evó a casa al

las escaleras, susurrando pa

i vida. Aquí te cuida

como veneno. Cada to

yo so

nía que fingir, tenía que ser la Sofía ingenua y rota qu

stra cama, rodeán

te muevas. Yo te traeré

su teléfono y comenzó a revisar sus correos, p

en la llamada, para no soltar tu mano" , dij

sonó el

un número desconoci

ueno

respondió, claramente la

el trabajo en los frenos del carro de su esposa quedó 'li

gre se

coche. Un camión que se me cruzó de repente y tuve que fr

on fuerza, su rostro una

a de número" , dijo c

fingiendo

a llama a veces. No te

ar de mi garganta. Mis manos temblaban bajo las

er que no había

d, Ricardo

traeré un vaso de leche ti

r una melodía alegre mientras prepar

n una taza

, mi amor. Bé

ostenían la taza. Olía a leche, pero había a

e estaba

eberla. Si me ne

o bajar por mi garganta. Cada trago era una r

iña buena" , dijo, a

El mundo a mi alrededor se volv

escuché hablar por teléfono de nuevo. Esta

nir. Recuerda el plan: la histerectom

una p

ciático. Quiero que quede paralítica. No quiero que vuelva a caminar, ni a

ó desde el rabillo de mi ojo

nte g

ruo! ¡

mis hijos? ¿No era suficiente con

as. Quería convertirme en una muñ

su risa malvada como úl

s profundo de mi ser, que le b

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La Furia de una Mujer Engañada
La Furia de una Mujer Engañada
“Cuando desperté, el olor a desinfectante me golpeó, y las paredes blancas del hospital reflejaban el vacío de mi vientre. Una vez más, el doctor pronunció esas palabras devastadoras. "Señora Rojas, lo lamento mucho. Hicimos todo lo que pudimos, pero no logramos salvar al bebé" . Era mi séptimo aborto espontáneo, siete pequeñas vidas que se habían ido, y mi corazón ya no podía sentir más dolor. Ricardo, mi esposo, llegó corriendo, su rostro una máscara de angustia, y yo me apoyé en él, buscando consuelo. "Shhh, no digas nada. No es tu culpa, mi amor. Descansa, yo me encargo de todo" , susurró con voz tranquilizadora. Pero entonces, a través de la puerta entreabierta, escuché su voz, no la de mi amoroso esposo, sino una llena de alegría y emoción contenida. "Valeria, mi amor, todo salió perfecto. Se lo creyó todo" . Mi respiración se detuvo, un escalofrío helado me recorrió, Valeria Solís, su asistente. "Sí, el séptimo. Justo como lo planeamos. El doctor Ramírez es un genio, el 'accidente' fue impecable" . Planearon... ¿un accidente? Luego lo escuché, con una frialdad repugnante, llamar a nuestros hijos no nacidos... "engendros" . "Ya hablé con Ramírez. Le dije que necesitamos una solución permanente. Una histerectomía. Dijo que puede hacer que parezca una complicación necesaria por el último aborto" . Ricardo, el hombre al que amaba, el que había compartido mi vida durante diez años, había asesinado a mis siete hijos. Él y su amante, Valeria Solís, me lo habían quitado todo. Pero las lágrimas que ahora brotaban no eran de tristeza, eran de rabia y de una promesa silenciosa: iban a pagar.”
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