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Mi Vientre, Su Infidelidad

Capítulo 2 

Palabras:740    |    Actualizado en: 08/07/2025

las sillas de plástico, con las manos entrelazadas sobre su vientre plano. Un vientre que había sido un campo de batalla

rostro amable s

a verá en un momento. ¿Nece

cabeza, esbozando u

bien, g

orial. Había estado con ella en cada tratamiento fallido, en cada prueba

rdad," susurró la enfer

orrosa en el ultrasonido de la semana pasada, el pequeño punto de luz que le habían dicho

do esa misma mañana después de destroz

ensaje d

e me porté como un idiota, perdóname. Estoy estresado. Habl

Pensaba que podía arreglar una traición de este calibre con

ensaje sin

notificación. Un mensaje

ol

frunció

eres?"

sta fue i

a. ¿Podem

. "Este mensaje fue eliminado". Típico de

¿Cómo se atrevía? ¿Después de la

ero desconocido. Ximena dudó un instante, per

uieres?

ado era melosa,

e lo de la foto. Fue un malentendido. Mateo y yo solo somos amigos,

r. La desfachat

y vi tu comentario. Sé perfectamente qu

fingido al otro

es ya casi no estaban juntos, que lo suyo era más una costumbre. Me sien

a típica táctica de la otra: hacerse la víctima, l

nte como el vidrio roto. "Y para que te quede claro, no fuiste tú la que

ro.

lo regalo. Pero te doy un consejo: asegúrate de que tenga dinero, porq

ofía ahora sonaba confundida,

iamiento de tu 'hermano mayor' se

intió un poco mareada, pero también extrañamente poderosa. Er

ermera desde la puerta. "El

ultorio con la cabeza en alto. Dejaba atrás un matrimon

sabía, con una certeza dolorosa, que

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Mi Vientre, Su Infidelidad
Mi Vientre, Su Infidelidad
“Creí que mi vida finalmente se completaba cuando el milagro de un embarazo, tan anhelado y costoso, anidó en mi vientre. Pero la alegría se hizo añicos con una notificación de Instagram que reveló a mi esposo, Mateo, el mariachi que yo había impulsado con mi herencia, en los brazos de Sofía, su joven corista. La imagen de ella sentada en su regazo, con un mensaje de "Te amo, mi mariachi", y su descarado comentario burlándose de mí, me heló la sangre. Él llegó a casa, y en lugar de remordimiento, solo hubo excusas patéticas y un desprecio cruel: "Sofía me da vida. ¿Tú qué me das últimamente? Puras quejas." Me culpaba a mí, a mi soledad, a mi deseo de ser madre, por su infidelidad. "Querías inspiración. Aquí la tienes," le dije, marcando el número de mi padre, luego el de la clínica de fertilidad para un nuevo procedimiento. "Sí, una interrupción. Nunca he estado más segura de nada en mi vida."”
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