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El Sueño Robado y Mi Venganza

Capítulo 4 

Palabras:681    |    Actualizado en: 08/07/2025

ie en una ovación atronadora. Las lágrimas corrieron por mis mejillas mientras hacía la reverencia, pero esta vez eran lágrimas de alegría y gratitud. Los crítico

nes, un hombre se abrió paso entre la multitud. Era elegante,

a parisina. Lo que vi esta noche fue... extraordinario. No solo la ropa, sino la historia, la fu

do a tener. Intercambiamos tarjetas y prometimos reunirnos la semana siguiente. Mi

tes y la promesa de un futuro brillante. La sombra de Ricardo y Valeria se desvaneció h

bocetos en mi oficina, mi asistent

pero no quiso dar su nomb

, pero asentí.

corazón se detuvo por

ojos. El traje caro que llevaba le quedaba grande, como si fuera un dis

, su voz apen

pregunté, mi tono era frío y profesiona

escritorio. "Solo... solo necesitaba verte una ú

e perderlo"

Tuvo un derrame cerebral la semana pasada. Está postrada en cama, no puede hablar. Y Valeria... desapareció. Me sacó todo el din

us ojos llenos de un arrepentimient

hicimos, cada momento que pasamos construyendo esto. Y me doy cuenta de que tiré a

acción, de venganza. Pero no sentí nada de

tu soledad es una consecuencia de tus propias acciones. No puedes venir aquí

terminado. "Espero que encuentres la manera de v

o la vuelta y salió de mi oficina sin decir una palabra más. Lo vi alejarse por el pasillo, una fi

uspiro que no sabía que estaba conteniendo. El úl

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El Sueño Robado y Mi Venganza
El Sueño Robado y Mi Venganza
“"El Sueño" era mi vida. Junto a Ricardo, construimos un imperio de la nada, un futuro que estábamos a punto de sellar en el altar. Mi vestido de novia, mi obra maestra, representaba quince años de amor y dedicación. Pero en un instante, todo se desvaneció. Valeria, su ex, entró a mi taller, seguida por la hostil mirada de la madre de Ricardo. Vi cómo su mano, con una crueldad helada, derramaba vino tinto sobre mi vestido, manchando no solo la seda, sino cada fibra de mi corazón. "Ricardo siempre me amó a mí", espetó Valeria, mientras mi mundo se derrumbaba y él bajaba la cabeza, cobarde. Luego, la madre de Ricardo sentenció: "Valeria es la mujer que te corresponde, no esta arribista". Me acusaron, me despojaron de mi empresa, de mi identidad. Me obligaron a convertirme en la asistente de Valeria, en mi propio reino. "Diseña un nuevo vestido, uno digno de mí", se burló ella. Sola, con el corazón destrozado, me aferré a la única reliquia que me quedaba: el amuleto de mi abuela. Fui al cementerio, buscando consuelo, buscando una señal. Entonces, sus voces, las mismas que me habían humillado, me alcanzaron. Valeria, con una sonrisa cruel, me arrebató el amuleto y lo estampó en el suelo, rompiendo el último lazo con mi legado. Pero justo en ese momento, una silueta elegante emergió de las sombras. "Yo no lo llamaría inútil, querida", resonó la voz potente de mi abuela. Mi abuela, Elena de la Torre, la leyenda, la que creí retirada. Había estado observando, esperando. "Han cometido un grave error", sentenció, y su voz ya no era la de una anciana, sino la de una reina. ¿El imperio que me robaron será recuperado? ¿O el precio será aún mayor de lo que imaginaron?”
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