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El Sueño Robado y Mi Venganza

Capítulo 3 

Palabras:676    |    Actualizado en: 08/07/2025

onstruir mi imperio y mi vida. Lo primero fue purgar "El Sueño" de cualquier lealtad residual hacia Valeria y la madre de Ricardo. Algunos empleados, aquellos

guró de que la narrativa correcta fuera la que prevaleciera: la de una joven y brillante diseñadora que había superado valientement

ido de novia manchado se convirtió en la pieza central. En lugar de tratar de ocultar la mancha de vino, la incorporé al diseño, rodeándola c

gnoré todos. Un día, incluso se presentó en la entrada de "El Sueño", con un enorme ramo de peonías, las flores que sabía que

na de la industria, celebrando una nueva asociación para "El Sueño". Me sentía en la

sus ojos. Ninguno de los peces gordos de la industria se le acercaba; se había convertido en una paria. Nuestros ojos se encontraron a tr

rigía al tocador, ella me

despojada de toda su

ero no dije

ras a Ricardo, de que hubieras construido algo real mientras yo solo era una cara bonita en una

da y patética. No me

uina de otros, Valeria", le dije en voz

o. No sentía triunfo, solo una tranquila sen

sa, mi abuela me estaba esper

, su sonrisa era

os?", le pregunté

mores, por todo lo que te espera. Has demostrado que eres más fuerte que cualq

a ciudad, la misma ciudad donde casi lo había perdido todo. Pero ahora, no veía un campo de batalla, veía un horizonte lleno de posibilida

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El Sueño Robado y Mi Venganza
El Sueño Robado y Mi Venganza
“"El Sueño" era mi vida. Junto a Ricardo, construimos un imperio de la nada, un futuro que estábamos a punto de sellar en el altar. Mi vestido de novia, mi obra maestra, representaba quince años de amor y dedicación. Pero en un instante, todo se desvaneció. Valeria, su ex, entró a mi taller, seguida por la hostil mirada de la madre de Ricardo. Vi cómo su mano, con una crueldad helada, derramaba vino tinto sobre mi vestido, manchando no solo la seda, sino cada fibra de mi corazón. "Ricardo siempre me amó a mí", espetó Valeria, mientras mi mundo se derrumbaba y él bajaba la cabeza, cobarde. Luego, la madre de Ricardo sentenció: "Valeria es la mujer que te corresponde, no esta arribista". Me acusaron, me despojaron de mi empresa, de mi identidad. Me obligaron a convertirme en la asistente de Valeria, en mi propio reino. "Diseña un nuevo vestido, uno digno de mí", se burló ella. Sola, con el corazón destrozado, me aferré a la única reliquia que me quedaba: el amuleto de mi abuela. Fui al cementerio, buscando consuelo, buscando una señal. Entonces, sus voces, las mismas que me habían humillado, me alcanzaron. Valeria, con una sonrisa cruel, me arrebató el amuleto y lo estampó en el suelo, rompiendo el último lazo con mi legado. Pero justo en ese momento, una silueta elegante emergió de las sombras. "Yo no lo llamaría inútil, querida", resonó la voz potente de mi abuela. Mi abuela, Elena de la Torre, la leyenda, la que creí retirada. Había estado observando, esperando. "Han cometido un grave error", sentenció, y su voz ya no era la de una anciana, sino la de una reina. ¿El imperio que me robaron será recuperado? ¿O el precio será aún mayor de lo que imaginaron?”
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