icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

La Verdad Quebró un Hogar

Capítulo 3 

Palabras:772    |    Actualizado en: 08/07/2025

n en llegar a los oídos del Juez de Paz, un hombre llamado Don Ramiro, ami

presentó en la casa, su

ntes. Que descuidas a tu suegra, que le niegas la comida, que la has ame

ntada a su lado, comenzó

voluntad de Dios. Perdió a su hijo y ahora quiere que yo pague. Y ahora que Dios me ha bendecido con otro bebé," dij

Sofía finalmente se quebró. Todo el dolor, la humillación,

que se habían congregado en la puerta pa

rosa,"

emp

bia. Doña Elena, esperando el gesto, se dejó caer hacia atrás c

nombre de Sofía, escandalizado. Las

ña Elena cambió de fingido a real. Se agarró el vientr

oz llena de pánico. "¡Ya viene!

mergencia médica. Doña Carmen y otras mujeres corrieron a ayudarla, llevándola a s

rvando la escena con una mezcla de horror y confusi

én nacido llenó la casa. La partera

ro. Doña Elena tiene un

Elena había conseguido su deseo: un nieto varón, o en este caso,

bitación de su madre y salió momentos después con una sonris

z débil pero triunfante, reunió las f

es y luego fijando sus ojos en Sofía, "todos deben saber la verdad. La raz

pausa d

speraba no era d

ón fue total, absoluto. La

s corriendo por sus mejillas. "Me suplicó que guardara su secreto. Por eso estaba

bajo sus pies. Era una mentira tan per

e abrió y un hombre con un impecable uniforme militar entró. Era un General del ejército, u

, a Doña Elena en la cama, a Sofía

co, y una extraña sonrisa de sa

resonando en la habitación. "Ve

espalda a Marco, antes de girarse y m

mujer que te ha estad

Obtenga su bonus en la App

Abrir
La Verdad Quebró un Hogar
La Verdad Quebró un Hogar
“En el sofocante aire de la casa, preparaba mis humildes frijoles, ignorando a Doña Elena, mi suegra, quien me hostigaba desde su mecedora. "¿No piensas servirme, Sofía?" su voz era un lamento calculado que yo ya no soportaba. Mi respuesta, fría y cortante, la detuvo: "No soy tu sirvienta, Doña Elena." Ella y mi esposo, Marco, me acusaban de ingratitud, de ser una "conflictiva" , después de todo lo que "me habían dado" . Pero lo que me quitaron, jamás podrán pagarlo. Entre lágrimas teatrales y gritos de "¡Auxilio! ¡Esta mujer intenta matarme!" , Marco me confrontó. "¡Supera lo que pasó!" dijo él, sellando mi quiebre. Mi voz estalló en un susurro peligroso: "¿Que supere que tu madre me obligó a beber sus porquerías de hierbas, hasta que perdí a mi bebé?" La verdad los petrificó, pero mi dolor era desestimado. Esa noche, Marco lanzó billetes sobre mi cama, su voz vacía: "Es dinero. Suficiente para que te vayas lejos. Ya causaste suficiente dolor con... tu pérdida." Pisoteó los zapatitos de estambre que tejí para nuestro hijo, sentenciando: "Ya supéralo. Podemos tener otros hijos." En ese instante, algo dentro de mí se rompió y se endureció. La calma helada me invadió. "Lárgate," le ordené, señalando la puerta. "¡Y llévate a tu madre contigo! ¡No los quiero volver a ver en mi vida!" La guerra acababa de empezar, y esta vez, yo no sería la víctima. Lucharé por la justicia de mi hijo y por la verdad, cueste lo que cueste.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10