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La Venganza de Sofía Romero

Capítulo 4 

Palabras:635    |    Actualizado en: 08/07/2025

a elegir un vestido para ir de compras, se sentó en el borde de mi cama

osas" , dijo mi abuela, acariciando mi cabell

ansada y llena

por el cuello, apoyando

upes, abuela,

i abrazo, ella siempre había

a intenta manipular a todo el mundo" , dijo con

rfecto para echar

la con mis grandes ojos re

a vocecita temblorosa, "Ayer

centró completamente en mí,

a mujer, mi amor?

os dedos de mis manos como si

de que mi voz sonara como la de una niña confundida y herida, "Y que cuando eso pa

esado, cargado de una furia

e los ojos de mi abuela estaban ro

te?" , preguntó con

, continué, añadiendo más detalles a mi invención, "Y que yo tenía que quererl

r de mis ojos, esta vez eran lá

uela, ¡yo te quiero a ti!" , s

na fuerza protectora, su

do bajo y peligroso, "¡Cómo se atreve a decirle esas cosas

l ver su reacción, mi plan esta

ocencia para acercarse a mi padre, ahora, yo

bruscamente, su rostro

abuela tiene que arreglar

, su elegante vestido de diseñador ondean

se por el pasillo y luego el sonido

nr

r, Elena iba a recibir otra lección

es, una niña en un vestido amarillo con

sirve frío, y yo apenas estaba e

o necesitaba que Elena supiera, en el fondo

do a su

aría del espectácu

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La Venganza de Sofía Romero
La Venganza de Sofía Romero
“El calor del desierto quemaba mi piel, la garganta seca, una agonía eterna. Elena Vargas, mi tutora, la esposa de mi padre y la mujer que me venían a la mente con cada aliento de dolor. Bebí el jugo que me dio, después todo se volvió borroso. Desperté tirada en la arena, el veneno corría por mis venas bajo el sol implacable. La vi sonreír, una sonrisa fría y victoriosa, la de una mujer que acababa de deshacerse del único obstáculo para que su hijo, el que llevaba en su vientre, se convirtiera en el único heredero de la fortuna Romero. Ese fue mi último recuerdo antes de que el odio me consumiera. Pero el destino me dio otra oportunidad. Abrí los ojos, el aire acondicionado de mi habitación enfriaba mi piel, estaba en mi cama, en la mansión Romero, la misma habitación infantil de lujo que siempre había tenido. ¡Estaba viva! El calendario marcó diez años atrás, justo el día en que mi padre trajo a Elena a casa como mi tutora. Mi abuela, Doña Isabel, la matriarca, la abofeteó en el acto. Mi abuela me abrazó: "No te preocupes, mija, la abuela está aquí para protegerte". Los ojos de Elena, sin dulzura, solo un odio profundo. Esto era justo lo que quería, ella me manipuló y me mató. En esta vida, yo le quitaría todo.”
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