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La Venganza de Sofía Romero

Capítulo 1 

Palabras:892    |    Actualizado en: 08/07/2025

sentía la garganta tan seca que no podía ni

Vargas, la mujer que había sido mi tutora, la que se ganó mi

" , me había dicho con esa vo

ella, co

so, desperté aquí, tirada en la arena, con el veneno r

a de una mujer que acababa de deshacerse del único obstáculo para que su propio hijo,

i último

completo mientras mi vid

no me dio otr

friaba mi piel, estaba en mi cama, en la mansión Romero, la misma

ba v

rena

e diez años, justo el día en que mi padre, Don Ricardo Romer

oderoso, siempre ocupado, pero me ad

rme todo, pero su ajetreada vida y su debilidad

víbora que estaba met

rta y mi cuerpo se tensó por insti

con su apariencia dulce y su sonrisa gentil, vestida con un se

ó que viniera a ver si necesitabas algo" , dijo co

eliz de tener una figura casi maternal, pero ahora, s

ojos de una niña de ocho años, pero con la fr

oco desconcertada

Sofía? ¿No te

ama, intentando

nte, un movimiento bru

una voz que sonó más firme

geló por un segundo antes de volver a fo

olo quería ver si

voz fuerte y autoritaria

tá pasand

familia, una mujer de la alta sociedad que despreciaba

egancia de una reina, seguida po

go sus ojos se posaron en E

a entrar en el cuarto de mi

ideció al

yo... Don Ricardo

LA

en la silenciosa habitación, m

instante, sus ojos se llenaron de

le empleada" , dijo mi abuela con una voz cortante, "No v

asentir con la cabeza, sin a

er entienda las reglas de la casa, a partir de ahora, su único trabajo es ser

pondió Carlos con s

con fuerza, su perfume caro y familiar me envolvió,

ja, la abuela está aq

contraron con los de Elena, en ellos ya no habí

fec

justo lo

ó, en esta vida, yo le quitaría todo, la humillaría, l

u pesadilla aca

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La Venganza de Sofía Romero
La Venganza de Sofía Romero
“El calor del desierto quemaba mi piel, la garganta seca, una agonía eterna. Elena Vargas, mi tutora, la esposa de mi padre y la mujer que me venían a la mente con cada aliento de dolor. Bebí el jugo que me dio, después todo se volvió borroso. Desperté tirada en la arena, el veneno corría por mis venas bajo el sol implacable. La vi sonreír, una sonrisa fría y victoriosa, la de una mujer que acababa de deshacerse del único obstáculo para que su hijo, el que llevaba en su vientre, se convirtiera en el único heredero de la fortuna Romero. Ese fue mi último recuerdo antes de que el odio me consumiera. Pero el destino me dio otra oportunidad. Abrí los ojos, el aire acondicionado de mi habitación enfriaba mi piel, estaba en mi cama, en la mansión Romero, la misma habitación infantil de lujo que siempre había tenido. ¡Estaba viva! El calendario marcó diez años atrás, justo el día en que mi padre trajo a Elena a casa como mi tutora. Mi abuela, Doña Isabel, la matriarca, la abofeteó en el acto. Mi abuela me abrazó: "No te preocupes, mija, la abuela está aquí para protegerte". Los ojos de Elena, sin dulzura, solo un odio profundo. Esto era justo lo que quería, ella me manipuló y me mató. En esta vida, yo le quitaría todo.”
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