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El Amuleto Roto del Destino

Capítulo 2 

Palabras:725    |    Actualizado en: 08/07/2025

e suicidio f

iento torpe, la hoja me rasgó el cuello. No fue un corte profundo, no lo suficiente para m

iendo?- gritó el hombre, empu

del corte se mezclaba c

a asustáramos, que la hiciéramos sufrir, ¡n

ria. Me dio una patada en el es

con ella hasta que él diera la orden

de la voz de Alejandro en mi cabeza lo qu

eguntó Alejandro, su voz tan calmada co

tema tembló po

nte débil. Ya sufrió una herida de arma blanca y un fuerte golpe. No pue

zás se detendría. Quizás aún qued

murió tan ráp

o debe ser completo. Cien por ciento. No puedo dejar ni una sola pizca

amente

io de la seguridad de Elen

sentido extraña, un poco mareada, y le había rogado a Alejandro que no fuera a trabajar, que se quedara conmigo

mportante, mi amor. Es po

ro fu

malo pasaría era la mentira más cruel de todas. No fue un accidente. Fue

mis costillas, la conversación en mi cab

brá la verdad. El amuleto es

Alejandro frunciendo el ceño,

que son alucinaciones. Y cuando todo esto termine, la llevaré a casa. La cuidaré, la mimaré. Le da

ensa

mi perdón con lujos después de destrozarme el cuerpo y

ntinuación fue lo que

siempre. Si es necesario, destruiré la reputación de Sofía. Que todos piensen que es una cualquiera. Así, cuando yo la

sonó casi humana

tación? ¡Es una abogada res

ra un susurro mortal-. Lo único que importa es q

no era una persona. Era un objeto, un escudo de carne y hueso, y mi propio esposo estaba a punto

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El Amuleto Roto del Destino
El Amuleto Roto del Destino
“Mi esposo, Alejandro, me construyó un paraíso, cimentado en un amor que creí eterno. Él se jactaba de ser un "conquistador" rebelde, que había desafiado un sistema misterioso y soportado noventa y nueve castigos por un amuleto que cambiaría mi destino terminal. Creí cada palabra, cada susurro prometiendo una vida juntos. Pero todo se desmoronó hoy, en un estacionamiento subterráneo. Dos hombres encapuchados me secuestraron, lanzándome a una camioneta sucia. En una bodega abandonada, golpearon mi pecho y el amuleto se rompió, revelando un grabado minúsculo. No era mi fecha de nacimiento, sino la de Elena, su exnovia. Y entonces, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Sistema: Anfitrión, ¿por qué contratar intencionalmente a esos rufianes para lastimar a Sofía, sabiendo cuánto te ama?" La voz de Alejandro respondió, fría como el hielo: "El destino de Elena está plagado de desgracias. Solo así puede evitar el daño. No tengo otra opción." Mi mundo se hizo pedazos. La "reunión importante" no era por nuestro futuro, sino por la tortura orquestada que me estaba aniquilando. Los secuestradores me desnudaron. "Vamos a tomar unas fotos, abogada. Para tu portafolio", se burlaron. Solo querían destruir mi vida profesional y mi dignidad. Entonces, uno de ellos murmuró: "¿Estás embarazada?" La noticia de nuestro bebé, que pensaba darle esa noche, se convirtió en mi peor pesadilla. "No hay mayor sufrimiento para una madre que esto," dijo, y me pateó brutalmente el abdomen. Un dolor blanco me cegó. Sentí un desgarro, algo cálido derramándose. Mi bebé. Nuestro milagro. Se había ido. Alejandro no solo me había sentenciado, ¡había asesinado a su propio hijo! Más tarde, mientras yacía rota, Elena apareció en el hospital donde me "recuperaba". "Te ves fatal, Sofía," dijo con una sonrisa burlona. Luego, sacó un frasco: "Esto es para tu silencio." Me forzó a tragar un líquido que quemó mi garganta. "No te preocupes, no es letal. Solo destruye las cuerdas vocales." Cuando Alejandro la vio, ella tosió sangre falsa y fingió desmayarse, pidiendo una transfusión, solo de mi tipo de sangre. Él, sin dudarlo, me condenó. Sentí mi vida escaparse por el tubo, mi sangre salvando a la mujer que me había destruido. En mis últimos momentos, solo pensé en mi bebé. Y entendí. El sistema había permitido que escuchara cada palabra desde que el amuleto se rompió. Sabía que él era mi verdugo. Mi amor por él, la cadena que me ató, se convirtió en el arma que usó para destruirme. Pero a pesar de todo, Mónica, mi amiga, le dijo la verdad a su asistente. Ella le mostró mi prueba de embarazo de ocho semanas y la grabación de Elena admitiendo su complicidad. Alejandro, el asesino de mi hijo y el arquitecto de mi infierno, lo sabía ahora. No había redención para él en mí. En la oscuridad del corredor de la muerte, solo encontró el eco de su traición y la certeza de que nunca sería perdonado.”
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