icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

El Amuleto Roto del Destino

Capítulo 4 

Palabras:681    |    Actualizado en: 08/07/2025

el suelo, temblando incontrolablemente, con la mirada perdida en el vacío. Los hombres habían termi

Click

afiando mi cuerpo golpeado, semidesnudo, manchado de sangre.

mbre, revisando las imágenes en su pantalla con una sonrisa de satisfacción-

era profundidad del

ido a mucha gente peligrosa en la cárcel. Estas fotos, filtradas en el momento justo, no solo me arruinarían, sino que podrían usarse p

estaba dispuesto a deshacer todo el bien que yo había hecho en

mi mente. Una de las primeras veces

misteriosa-. Tengo misiones que cumplir para poder quedarme en este mundo. Por eso a veces tengo que est

tas veces lo había visto con ella, riendo, habla

ojos llenos de lágrimas, me abraza

tar contigo. Si no cumplo la misión, el sistema me borrará.

ad tan convincente que yo me sentía culpable por dudar

golpeaba con la brut

misiones" para pod

igo para poder hac

mi hijo nonato. Su frase "para poder estar contigo" no era una promesa de amor, era una explicación literal de su estrategia. Necesit

r por él era la cadena que me mantenía atada a

nta. El amor que yo creía que me salvaría era, e

os hombres guardaron sus teléfonos y me mirar

ente por hoy- dijo uno-. El j

e. Ale

ratado. Iba a ver mi cuerpo roto, iba a fingir sorpresa y horror. Iba a llevarme

ndo que cada una de sus caricias

Obtenga su bonus en la App

Abrir
El Amuleto Roto del Destino
El Amuleto Roto del Destino
“Mi esposo, Alejandro, me construyó un paraíso, cimentado en un amor que creí eterno. Él se jactaba de ser un "conquistador" rebelde, que había desafiado un sistema misterioso y soportado noventa y nueve castigos por un amuleto que cambiaría mi destino terminal. Creí cada palabra, cada susurro prometiendo una vida juntos. Pero todo se desmoronó hoy, en un estacionamiento subterráneo. Dos hombres encapuchados me secuestraron, lanzándome a una camioneta sucia. En una bodega abandonada, golpearon mi pecho y el amuleto se rompió, revelando un grabado minúsculo. No era mi fecha de nacimiento, sino la de Elena, su exnovia. Y entonces, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Sistema: Anfitrión, ¿por qué contratar intencionalmente a esos rufianes para lastimar a Sofía, sabiendo cuánto te ama?" La voz de Alejandro respondió, fría como el hielo: "El destino de Elena está plagado de desgracias. Solo así puede evitar el daño. No tengo otra opción." Mi mundo se hizo pedazos. La "reunión importante" no era por nuestro futuro, sino por la tortura orquestada que me estaba aniquilando. Los secuestradores me desnudaron. "Vamos a tomar unas fotos, abogada. Para tu portafolio", se burlaron. Solo querían destruir mi vida profesional y mi dignidad. Entonces, uno de ellos murmuró: "¿Estás embarazada?" La noticia de nuestro bebé, que pensaba darle esa noche, se convirtió en mi peor pesadilla. "No hay mayor sufrimiento para una madre que esto," dijo, y me pateó brutalmente el abdomen. Un dolor blanco me cegó. Sentí un desgarro, algo cálido derramándose. Mi bebé. Nuestro milagro. Se había ido. Alejandro no solo me había sentenciado, ¡había asesinado a su propio hijo! Más tarde, mientras yacía rota, Elena apareció en el hospital donde me "recuperaba". "Te ves fatal, Sofía," dijo con una sonrisa burlona. Luego, sacó un frasco: "Esto es para tu silencio." Me forzó a tragar un líquido que quemó mi garganta. "No te preocupes, no es letal. Solo destruye las cuerdas vocales." Cuando Alejandro la vio, ella tosió sangre falsa y fingió desmayarse, pidiendo una transfusión, solo de mi tipo de sangre. Él, sin dudarlo, me condenó. Sentí mi vida escaparse por el tubo, mi sangre salvando a la mujer que me había destruido. En mis últimos momentos, solo pensé en mi bebé. Y entendí. El sistema había permitido que escuchara cada palabra desde que el amuleto se rompió. Sabía que él era mi verdugo. Mi amor por él, la cadena que me ató, se convirtió en el arma que usó para destruirme. Pero a pesar de todo, Mónica, mi amiga, le dijo la verdad a su asistente. Ella le mostró mi prueba de embarazo de ocho semanas y la grabación de Elena admitiendo su complicidad. Alejandro, el asesino de mi hijo y el arquitecto de mi infierno, lo sabía ahora. No había redención para él en mí. En la oscuridad del corredor de la muerte, solo encontró el eco de su traición y la certeza de que nunca sería perdonado.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10