icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

El Amuleto Roto del Destino

Capítulo 3 

Palabras:761    |    Actualizado en: 08/07/2025

i fue una llamada silenciosa o un mensaje, pero sus actitudes cambiaron. L

a mi lado, su aliento apestaba a alcohol y cigarrillos-. L

pelo y me ob

urarnos de que todo el mundo sepa

lo querían romper mi cuerpo, querían aniquilar mi identidad, todo lo que

, pensando que quizás saldríamos a cenar con Alejandro, fue hecho jirones

ada. Para tu portafolio- se bur

r, en las voces, en cualquier cosa que no fuera la vergüenza que me quemaba la piel. Me convert

Me sentía tan sucia, tan rota, que una parte de mí dese

vo. Estaba a punto de hacerme algo más, pero s

un momento- mur

su co

reguntó el otr

ntre... está un poco

Vi una chispa de sorpresa, quizá

er... ¿Está

me atravesó

ara

ías, en el baño de nuestra casa, con el corazón latiéndome a mil

oré de felicidad. Alejandro y yo lo habíamos intentado durante meses. Mi enfermedad hacía

ena favorita, abrir una botella de vino sin alcohol para mí y darle la noticia. Imaginé su rostro, su sorpresa, su alegría. Nues

lo inmundo, con esa noticia conve

b

eía, surgió de las profundidades de mi desesperación.

avor, a mí háganme lo que quieran... pero a

los. El hombre que había descubierto mi embaraz

pitió, como si fuera un mantra-. Y no hay

onar, me dio una patada bru

e a todos los demás. No era un corte, no era un golpe. Era un desgarro.

ullido de pérdida y agonía q

s oleadas de calambres me sacudían. La sangre empapó los ji

queño milagro.

sentenciado a mí. Había a

eranza extinguida, mi mundo

Obtenga su bonus en la App

Abrir
El Amuleto Roto del Destino
El Amuleto Roto del Destino
“Mi esposo, Alejandro, me construyó un paraíso, cimentado en un amor que creí eterno. Él se jactaba de ser un "conquistador" rebelde, que había desafiado un sistema misterioso y soportado noventa y nueve castigos por un amuleto que cambiaría mi destino terminal. Creí cada palabra, cada susurro prometiendo una vida juntos. Pero todo se desmoronó hoy, en un estacionamiento subterráneo. Dos hombres encapuchados me secuestraron, lanzándome a una camioneta sucia. En una bodega abandonada, golpearon mi pecho y el amuleto se rompió, revelando un grabado minúsculo. No era mi fecha de nacimiento, sino la de Elena, su exnovia. Y entonces, una voz metálica resonó en mi cabeza: "Sistema: Anfitrión, ¿por qué contratar intencionalmente a esos rufianes para lastimar a Sofía, sabiendo cuánto te ama?" La voz de Alejandro respondió, fría como el hielo: "El destino de Elena está plagado de desgracias. Solo así puede evitar el daño. No tengo otra opción." Mi mundo se hizo pedazos. La "reunión importante" no era por nuestro futuro, sino por la tortura orquestada que me estaba aniquilando. Los secuestradores me desnudaron. "Vamos a tomar unas fotos, abogada. Para tu portafolio", se burlaron. Solo querían destruir mi vida profesional y mi dignidad. Entonces, uno de ellos murmuró: "¿Estás embarazada?" La noticia de nuestro bebé, que pensaba darle esa noche, se convirtió en mi peor pesadilla. "No hay mayor sufrimiento para una madre que esto," dijo, y me pateó brutalmente el abdomen. Un dolor blanco me cegó. Sentí un desgarro, algo cálido derramándose. Mi bebé. Nuestro milagro. Se había ido. Alejandro no solo me había sentenciado, ¡había asesinado a su propio hijo! Más tarde, mientras yacía rota, Elena apareció en el hospital donde me "recuperaba". "Te ves fatal, Sofía," dijo con una sonrisa burlona. Luego, sacó un frasco: "Esto es para tu silencio." Me forzó a tragar un líquido que quemó mi garganta. "No te preocupes, no es letal. Solo destruye las cuerdas vocales." Cuando Alejandro la vio, ella tosió sangre falsa y fingió desmayarse, pidiendo una transfusión, solo de mi tipo de sangre. Él, sin dudarlo, me condenó. Sentí mi vida escaparse por el tubo, mi sangre salvando a la mujer que me había destruido. En mis últimos momentos, solo pensé en mi bebé. Y entendí. El sistema había permitido que escuchara cada palabra desde que el amuleto se rompió. Sabía que él era mi verdugo. Mi amor por él, la cadena que me ató, se convirtió en el arma que usó para destruirme. Pero a pesar de todo, Mónica, mi amiga, le dijo la verdad a su asistente. Ella le mostró mi prueba de embarazo de ocho semanas y la grabación de Elena admitiendo su complicidad. Alejandro, el asesino de mi hijo y el arquitecto de mi infierno, lo sabía ahora. No había redención para él en mí. En la oscuridad del corredor de la muerte, solo encontró el eco de su traición y la certeza de que nunca sería perdonado.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10